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c) Los morteros o pilones, que constan de un cuenco o receptáculo de piedra o madera y un mazo de madera con el que se golpea el grano depositado en el primero.

d) La molineta, molino de mano formado por dos pequeñas piedras circulares u planas, la superior movida a brazo por medio de una manivela colocada perpendicularmente a la superficie exterior de la misma, la cual posee también un agujero central por el que se vierte el grano, que es molido entre las dos piedras, al girar la piedra superior sobre la inferior, saliendo por los bordes ya convertido en harina (aparece en torno al 2.000 a de C. Pausanias). Se generaliza con el helenismo, época en que aparecen los panaderos en las ciudades, entonces se produce un aumento del tamaño de las piedras: la superior adquiere forma troncocónica; la inferior presenta su superficie de trabajo en forma convexa y la superior cóncava con el fin de mejorar la molienda y evacuación de la harina. Se utiliza ya el picado de piedras y el guardapolvos, cajones de madera en los que se encerraban las piedras para recoger la harina, que anteriormente se desparramaba al salir de las piedras. Las piedras cónicas las mueven, bien la tracción animal o esclavos- molinos de sangre-.

Los molinos tienen gran importancia social, estaban dedicados a la diosa Mola y sus hermanos, hijos de Marte, cuya fiesta era el 9 de Junio, junto a la de Vesta, guardiana del fuego- utilizado para secar y tostar los granos-. El arte de la molienda se le atribuía a Ceres.

El los siglos II y IV d.C. los molinos de agua se generalizan debido a que la población urbana es más numerosa, finalizan las conquistas de Roma y a que la difusión del Cristianismo favorece la abolición de la esclavitud y el aumento de libertos. Estos ingenios ya existían desde siglos atrás. Vitrubio (s. I. a C.) describe al molino de rueda vertical y Vespasiano (s. I d. C.) se opuso a ellos por contribuir al desempleo.

Molineras, no toquéis más el molino de mano, porque Remeter ha pedido a las Ninfas que realicen vuestro trabajo. Ellas corren en lo alto de una rueda y hacen girar su eje”. Año 85 a. de C., Antípater de Salónica o Antifilo de Bizancio.

El Código visigótico menciona al molino de agua antes del s. VIII, aunque el primer documento data del S. X, molino situado en el Monasterio de San Millán de la Gogolla.

Los molinos hidráulicos se difunden por la península, probablemente, en la época árabe (S.XIII) asociados a los puentes, por lo que presentarán un importante impedimento para la navegación fluvial. Se utilizarán tanto en la zona cristiana como musulmana para grano (trigo, maiz, avena, cebada, habas…), minerales, papel, aceite.etc. Los había de rueda horizontal o rodezno, con poca complejidad técnica, utilizados en zonas montañosas y los de rueda vertical o aceñas, con más complejidad técnica, en zonas más ricas, donde la fuerza de la rueda se multiplica por la utilización de engranajes. Hay otros dos interesantes tipos de molinos, el que aprovecha la corriente entre dos barcas y el de marea (costa), todos estos molinos se utilizan hasta el siglo XIX y son coetáneos a los molinos de viento, localizados en regiones endorreicas y que, por su espectacularidad y rareza, son conocidos.

En el S. XIX aparecen los sistemas de molienda mediante cilindros y, el motor de vapor será utilizado originalmente en el bombeo de agua, para hacer funcionar las grandes ruedas hidráulicas de las primeras industrias. Estos hacen desaparecer a todos los anteriores, salvo en las zonas marginales, donde se han conservado hasta los años ochenta del siglo pasado (Serranía de Cádiz y Ronda).

En España, hay una general recuperación de la actividad molinera en 1.935, con la imposición del Gobierno de la harina integral. Después de la Guerra Civil, la mayoría de los molinos fueron cerrados y precintados (desde 1.941 a 1.952) con idea de favorecer el racionamiento impuesto (125 ò 150 gr. por persona y día), pero como era insuficiente, se llegó a moler hasta habas, garbanzos… para consumo humano. Se volvió a utilizar en algunos lugares hasta la molineta.

En nuestro pueblo conservamos restos de cuatro molinos, de los cuales, tres funcionaban a mediados del S. XIX (Madoz) y uno, el Molino del Agrimensor, de Sofío o de Vicente, tuvo una última etapa de actividad desde 1.910 hasta 1.965. Los tres restantes son el Molino de “Aurorillo”, el Molino de la “Lisea” y el Molino de “La Mina”. De los cuatro, los dos primeros aprovechaban el caudal del Río Retortillo y los dos últimos el del Arroyo de la Lisea.

Todos los molinos presentan una estructura semejante que responde a las siguientes partes:

1º) Zua, azud o presa, la cimentación es la roca del cauce del arroyo o río, el muro está construido con sillarejo, cal y arena; en la compuerta aparecen sillares. La función es almacenar agua y regular el caudal que precisa el molino.

2º) Cao, cal , acequia o canal, construido con sillares de piedra de diferente tosquedad en el tallado. Debía mantenerse limpio de vegetación y alubión. Tienen una puerta de entrada y dos o más de salida, una de ellas se llama ladrón, que vaciaba el cao para su limpieza y mantenimiento. Conduce el agua hasta el cubo.

3º) Cubo, es un pozo de sección circular y caída vertical o algo inclinada (chanfao), construido por la superposición de varios atanores (anillos tubulares labrados en piedra y de una sola pieza), unidos con cal y arena y enlucidos con mezcla fina. Con el fin de aumentar la presión del agua, su diámetro interior disminuye desde la boca del cubo a la inferior, donde existe un orificio cuadrangular, que conecta el saetillo, conducto que forma y dirige un ya potente chorro de agua, que hace girar al rodezno. Salvo el Molino de Vicente, que tiene tres cubos, los demás tienen uno. La profundidad oscila desde los 5 ó 6 metros a los 10. En el cao o en la entrada del cubo se colocaba una rejilla, para evitar la entrada de cuerpos extraños.

4º) Bóveda o cárcaro, se trata de una cavidad o cueva en la que se monta el rodezno y va a desaguar el cubo a través del saetillo. Las paredes y techo son una pequeña galería dolménica y el suelo empedrado. Dos pequeños y potentes arcos de medio punto dan solidez a la ubicación del rodezno y soporta el peso de las piedras; un tercero abre la boca del cárcaro. Los tres arcos son de ladrillo bien elaborado. Periódicamente había que picar el tobo, que era un sarro calizo que se creaba en la bóveda y el saetillo.

5º) Rodezno, es el conjunto de elementos mecánicos que, aprovechando la fuerza de la caída del agua, utilizaba esta energía para mover el molino. Esta especie de rueda estaba formada por una especie de cucharas, sujetas por los camones, unida a la maza del eje o árbol que gira en posición horizontal, eran de madera (con refuerzos y remaches). El saetillo concentra y dirige el chorro de agua desde la sala del molino. La vara de alivio regula la separación entre las dos piedras. La llave regula la apertura de la boca del saetillo. La paraera posibilita o no, que el chorro de agua incida en las cucharas del rodezno (frena el molino sin necesidad de cerrar la llave). Un rodezno bien construido dura 20 años o más. Ver gráfico.

 

6º) En la Sala del Molino se produce la molturación del grano, su estructura es homogénea o unitaria, pues todas las dependencias están dentro de un mismo bloque. Están construidas sus paredes de sillarejo, salvo parte de las ventanas y de las puertas, cuyas jambas y dinteles son de sillares. La solería es de ladrillo y a veces las ventanas presentan forma asaeteada. Ver gráfico.

El rodezno mueve al polahierro que gracias a la lavija, hace girar las dos piedras o muelas. La piedra de abajo es la fija, se llama la solera, es algo convexa; y la piedra de arriba es la móvil, se llama la corredera, es algo cóncava. Esta última lleva la señal de la lavija y está ya incorporada de fábrica (piedras francesas). Se vertía plomo fundido en el lavijero antes de colocar la lavija. Ambas piedras descansan sobre un alfanje o pedestal, que puede ser de obra o de madera. Las muelas presentan estrías o surcos, que constituyen la picadura, esta había que picarla con cierta periodicidad, dependiendo del tipo de piedra que hubiese. Las piedras blancas o de pedernal pesan de 800 a 1.000 k. y duraban de dos a tres años, precisando picadura cada 200 ó 300 kg. de molienda . Las piedras francesas o de sílex, pesan de 905 a 1.550 kg., duran 25 ó 30 años y precisaban ser picadas cada 3.000 kg. de molturación, estas son las que encontramos en el Molino de Vicente. Desde principios del S. XX, se elevan por las cabrias o tornillo, que es una grúa de un solo brazo, antes se utilizaba la vara de alivio.

Para el picado se utilizaba la maceta para las estrías, y los picos planos y de punta para el marcado y picado de los rayones. También se instalaban máquinas para limpiar el grano, aprovechando la fuerza del salto del agua.

Otras piezas anejas que contienen y conducen el trigo y la harina eran el guardapolvos que cubre las muelas y las protege; la tolva con sonaja, contiene el grano que se va a moler; el banco, sostiene a la tolva; y el harinal, recipiente que contiene la harina que cae de las muelas.

7º) La misma sala del molino se utilizaba de troje, almacén o habitación, en la que se guarda el trigo que entra al molino. El trigo se cernía con un harnero y se lavaba en el cao dentro de una espuerta (girándola), se ponía el trigo a “orear” al sol, sobre un reor, en el tendedero, espacio abierto embaldosado con piedras.

Los clientes del molino llevaban el grano y lo retiraban molido pagando el servicio en dinero o en especie (maquila). La maquila consistía en que una parte del grano se quedaba en poder del molinero como pago.

A pesar de los enemigos de los molinos, la humedad, la vegetación y el expolio, aún hoy podemos disfrutar de estos cuatro fósiles. Uno de ellos conserva las partes fundamentales que permitirían su reconstrucción, y creo que nuestro pueblo, con nuestro Ayuntamiento al frente, está en condiciones de dar vida a este fósil y recuperar así una tecnología que pertenece ya al pasado de nuestra cultura, y sobre todo podría recuperarse porque, nuestro último molinero, Vicente Casado García, estaría dispuesto a colaborar en la restauración y puesta en funcionamiento del molino más emblemático de nuestra localidad, el Molino de Sofío.

José María Rodríguez Sorroche. 2007.