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Recuerdos inolvidables como cuando estudiábamos 1º y 2º de bachillerato y todas las mañanas, a las 8 menos cuarto, me recogía en la casa de mi abuela e íbamos, en invierno, pisando el hielo de los charcos hasta llegar a la Academia del Pradillo, a recibir educación y “puntero “ de D. Rafael Vázquez y D. Ludgardo.

Veranos en los Agredanos, bañándonos, disfrutando de la cocina de su padre (huevos nevados), aprendiendo de las visitas y curiosidades de su tío Francisco, cazando tagarros o pajarillos con las escopetillas de plomos.

Paseos en su pequeña bicicleta o en su Rieju por rincones y carreteras llenos de grandeza infantil y adolescente.

Tertulias interminables con nuestros entrañables amigos y amigas en la carretera de las Navas y en el Bar de Justo. Recuerdo especialmente sus primeros escarceos con Inmaculada (con su carácter dulce y agradable), la mujer que tan bien supo elegir como compañera y madre de sus hijos.

Guateques navideños con los Iberos, los Beatles ( no los puedo escuchar una vez sin acordarme de él)… en la casa que prestaba a nuestro amigo Sixto, su tío Carlos Martínez.

Días de pesca en el Charco del Infierno, Retortillo o el pantano de El Águila, donde siempre eras de los que más pescaban.

Salidas por las ajetreadas y soleadas tardes sevillanas. La Plaza de Duque era epicentro de nuestras pensiones- Fonda Ramos y Hostal Vadillo- y testigo de nuestras constantes referencias “al pueblo”, del que no faltábamos ni un fin de semana.

Su capacidad para acostarte tardísimo y después de dormir dos o tres horas, ir al campo, volver al mediodía y ducharse; iba a nuestro encuentro con mejor cuerpo y aspecto que nosotros que estábamos recién levantados.
Los comentarios sobre sus hijos, su mujer, su trabajo, los olivos, la Caseta “La Piedra”, la Cooperativa de aceites, el pueblo… siempre el pueblo, cosas del pueblo.

Por todo esto y porque estoy seguro que las personas que se han querido de verdad, siempre ocupan un lugar en nuestro corazón, por todo eso, amigo Fernando, quiero que sepas desde Ahí, que siempre has tenido y tendrás un cálido sitio en el mío, y porque creo que los pueblos tienen “ vida”, estoy seguro, que el “ corazón” de nuestro pueblo, a veces late por ti.