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Manolo, vio la luz un 20 de enero de 1939, en la calle General Franco, nº 1(hoy Plaza de la Iglesia nº 3). Su padre Pedro Jiménez Alonso y su madre Angelita Márquez Tierno regentaban una carpintería y una carnicería respectivamente. Fue el séptimo de ocho hermanos nacidos, Angelita, Pedro, Juan, Francisco, Pilar, Angelita, Manolo y Pepe. La tragedia de unas fiebres les privó de la hermana mayor, Angelita, 10 años; por un accidente doméstico, del hermano menor, Pepe, 2 años; y por una peritonitis diagnosticada erróneamente a Francisco, 32 años. Se casó con Candy Rivas en abril de 1968 y tuvieron dos hijos Pedro Alejo y Manolo.

Manuel valoró, y se interesó, por las artes desde temprana edad, forjó una personalidad fuerte, con una excepcional capacidad de reponerse ante las adversidades, debido a la confluencia de “El valor que su padre le daba a la educación”; la autoridad natural que emanaba su madre y su profundo espíritu religioso; las características familiares mencionadas al principio; ver desde su más tierna infancia, como su hermana Pilar (Manolo la considera un prodigio), cantaba cuplés con 12 años en el cine de Vallejo; contemplar bajo la enredadera de la casa de los Gómez, a sus hermanos Francisco y a Pilar, que junto a los hermanos Mariquita y Julio Gómez, ensayaban obras de teatro; ver fotografías con sus padres disfrazados de jóvenes para interpretar obras de teatro y, a su hermano Pedro, como Adolfo Adalid en la “Puebla de las Mujeres”etc,etc.

Vivió una infancia intensa, plagada de experiencias y travesuras con sus amigos: Antonio González (el de Narciso) con sus habilidades mecánicas y especialista en tirar una piedra y acertar; el simpático y prudente Isidoro Chincolla, que siempre se excusaba ante retos de atrevimientos infantiles, las temeridades de Juan Márquez (Marquesito), que obligaban al resto a definirse… Sus juegos, a veces inapropiados, favorecían persecuciones de los policías municipales Reinero, Vizcaino, y Carmona, que modelaron en sus caracteres recursos, para llegar a conseguir, que en una emboscada que le hicieron los municipales detrás de la iglesia, defendiéndose, llegaran, entre otras aventuras, a quitarle la porra (vergajo) a uno de ellos, a Reinero. Entre todos, Manuel destacaba desde pequeño por su espléndida voz, su capacidad para memorizar canciones y cantar, por sus acrobacias, habilidades en los juegos…etc.

Recuerda a sus maestros: D. Isaías, del que le encantaba su voz, narra cómo un día le dejó encargado de la clase y jugando con el “listón” (utilizado de puntero y de castigo físico) rompió una bombilla (equivaldría hoy a todas las barras fluorescentes LED de un aula); D. Francisco del Valle; D. Enrique de Vargas Hidalgo y su inolvidable rompecabezas con las provincias de España , y D. Juan Argüelles, que preparó una obra de teatro-musical, “Naval, o el pastor de Belén” en la que Manuel, encarnó a Naval, y Antonio al demonio.

Dos peligros que le marcaron: Primero cuando se introdujo en el puente que desembocaba en la huerta de Gutiérrez, junto a su amigo Pedro Jiménez Silva, Juanito Sosa y otros, y una crecida inesperada estuvo a punto de ahogarlo, lo salvó la hábil ayuda de Pedro. El segundo acaeció un día de lluvia, pues, permaneció colocándose bajo los canales de los tejados “chorreros” toda la tarde en compañía de Antonio, Juanillo Chascarrillas e Isidoro, cuando llegó a casa recibió su merecido, pero, como consecuencia de mojarse, enfermó con fiebre y fuertes dolores de cabeza. Le diagnosticaron meningitis, su familia estaba temiendo el desenlace fatal, pero una mañana amaneció curado, su madre pensó, que la Virgen de las Huertas, había escuchado sus reiteradas plegarias (tres avemarías).

Le impactó, y disfrutó, con las inundaciones producidas por todo el pueblo, a raíz de la inauguración del nuevo depósito de agua; con el maestro ciego Garrido, y su paciencia infinita a quien le solicitaba sus enseñanzas; el cine de verano de los Gómez; la mirada tan humana de su perro Lucero; la “Ventana al Paraíso” de la casa de los Gómez, su jardín, sus caminitos bordados de flores, su pozo, sus cables de la luz descanso de aves; y los paisajes del campo…, sus sonidos…, sus silencios…

El Cine Andalucía lo veía y oía desde su casa, pero con las imágenes a medias. Le cautivaban y admiraba, en el cine, la voz melodiosa y la magnífica entonación de los actores.

Muerto su padre, comenzó su vida laboral con 12 años en el comercio de Obdulio, ahí permaneció hasta los 15 años que se incorporó en Sevilla en la plantilla de Sedylana (Calle Rioja).

Su hermano Pedro le sugirió que estudiara inglés y le colocaría en su empresa, con los norteamericanos. Así lo hizo y, en Sevilla, trabajó varios meses hasta que le obligaron a trasladarse a Torrejón de Ardoz (Madrid). Gracias a sus conocimientos de inglés, en todos los trabajos lo subían de categoría sin tener edad y sin permanecer en su puesto el tiempo estimado como mínimo. Residió en una pensión donde conoció personajes variopintos, como un vendedor de libros que le proporcionó ejemplares de Ortega, de Machado, de Marcel Proust, de Thomas Mann…y en un balcón contiguo empezó la conquista de la que sería su mujer.

En este periodo tuvo la capacidad de aprovechar la impresionante oferta cultural que le ofreció Madrid, dominó su cartelera de teatro, cine, ópera, zarzuela…, y asistió a una Escuela de Canto. Entre sus amigos de la época, resulta relevante su amistad con Félix Casas, el Capitán Tan de Los Chiripitifláuticos, pues con él montó la obra: “Marcelino Pan y Vino” y la representaron en todos los Colegios Mayores Franciscanos de Madrid.

En las visitas a La Puebla, que no eran todas las que Manolo hubiese deseado, sus sobrinos le esperaban expectantes contando los días que faltaban para su llegada, pues, aparte de los detalles que les obsequiaba, les cantaba, jugaba con ellos, les paseaba en la negra y brillante moto NSU, les enseñaba a tocar la guitarra… el tiempo que permanecía con ellos, les cambiaba radicalmente sus vidas.

Con 57 años se produjo una reestructuración en su empresa y, a pesar de proponerle que se quedara por su currículum, él decidió jubilarse, para aprovechar la fuerte indemnización ofertada por su empresa.

Sin dudarlo, regresó para vivir entre La Puebla y Sevilla, canalizando su energía en colaborar en todas las actividades culturales que se organizaran.

 

José María Rodríguez Sorroche-17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un polifacético enamorado de La Puebla: MANUEL JIMÉNEZ MÁRQUEZ

 

Llega a nuestro pueblo jubilado y encauza su ilusión en representar las obras de teatro que más profundamente le habían impactado en su estancia en Madrid. Están en la retina de todos: “Los árboles mueren de pié” de Alejandro Casona; “Mama Cora” adaptación de “Esperando la Carroza” de Jacobo Lagstner y, “Llama un Inspector” de J. B. Priestley.

Sus grupos de teatro han llevado las obras y el nombre de La Puebla de los Infantes, a Sevilla, Lora del Río, Fuentes de Andalucía, Castilblanco, Palma del Río, Peñaflor, El Pedroso, etc. cosechando un éxito rotundo, como quedó reflejado en los medios de comunicación y en los aplausos emotivos de los espectadores.

Enumerar el elenco, su esfuerzo y su categoría implicaría un artículo aparte.

Fue cofundador de la Asociación Cultural “Soñando Caminos”, en colaboración con la Asociación de Mujeres Alerce. El primer Encuentro-Recital se celebró el 2 de junio de 2006. Con ella realizó más de quince encuentros poéticos, donde Manuel, aparte de su participación destacada, se encargó de la ambientación musical, seleccionando la música de fondo. Gracias a ello nos han acompañado entre nuestras declamaciones, aparte del Coro Parroquial dirigido por Francisco Liñán y las guitarras de Pedro Segura y Rogelio Reyes, las voces de Elisa Chamorro, Elisa Gutiérrez, Juana Sosa, Ernesto Rangel, Antonio Medina, y los prodigiosos acordes de piano interpretados por Paloma Gómez Angulo.

Consiguió inyectar en el grupo su idea: “Erijamos entre todos un vergel florido, fragante y alegre, de amistad y concordia, en torno a la Poesía”

Resaltamos dos momentos estelares de la Asociación:

El primero, el Recital Homenaje a D. Paulino González Jiménez el 23/12/06, el homenajeado asistió personalmente, intervino emocionado y como colofón nos regaló la declamación de algunos de sus sonetos.

El segundo, la concesión del “Giraldillo de Honor de Cultura de los Pueblos 2008”, por parte del “Curso de Temas Sevillanos” dirigido por el periodista Antonio Bustos Rodríguez. La ceremonia de entrega tuvo lugar en el Cuarto del Almirante de los Reales Alcázares de Sevilla, en noviembre de 2008.

En todos los actos nos ha acompañado el calor y entusiasmo del público asistente.

En el aspecto que más prolífico se ha mostrado, ha sido en sus escritos, en ellos intercala conmovedora prosa poética, y siempre están confeccionados con la misma frescura, claridad y fuerza, pero donde más ha demostrado su pasión, porque ahí ha girado su existencia, ha sido en todos lo referentes a La Puebla de los Infantes.

En primer lugar debo hacer mención especial a la correspondencia epistolar con familiares y amigos, su hermana Pilar destaca las cartas enviadas a su hermano Pedro.

Continuaré por las colaboraciones enviadas a diarios, bien como cartas al director o cartas abiertas. De las miles enviadas a periódicos (ABC , Diario de Sevilla, etc) podríamos hacer una clasificación por temas, donde no faltaría ninguno. Enumero algunos: crónicas sobre La Puebla como Retablo de Antonio Huguet Pretil, de educación como “Maleducados lectores”, Andalucía, España, Iglesia y el Papa, el trabajo, Navidad, gays, eutanasia, sindicatos, partidos políticos, juventud, humor inteligente, leyes, fumar, corrupción, etc, etc.

Muchos admiradores de Manuel, se jactan de conocer nuestro pueblo por sus cartas, y han venido a visitarlo para conocer al autor, pues, aunque viviendo en Sevilla, siempre ha firmado sus colaboraciones con su nombre y apellidos, seguido de “La Puebla de los Infantes.”

Finalizamos con las colaboraciones en revistas como: la Revista de Feria, la Revista de la Virgen, Desarrollo Sostenible, etc.

Sus escritos fluyen con un derroche de intimismo, profunda sensibilidad, detalles y frescura. Los podemos clasificar en:

1º) Los que muestran trayectorias públicas, profesionales y sociales, de personas que triunfan o han sido significativas en nuestro pueblo. Ejemplos son las biografías de personas como: Pelegrín el ciclista, Molina el aviador, El “Litri”, “El Calerito”, “D. Miguel Rastrojo”...

2º) Familiares: “La abuela Isabel”, “Mi hermano Pepín”, “Las tres Avemarías”…

3º) Históricos: “Historia real de amor y de guerra”, “La Santa Misión, 1952”…

4º) Intimidades, amores infantiles y misteriosos: “Paisajes perdidos”, “Meditación con paisaje de fondo”, “Ventana al paraíso”, “Sarita”, “La catequesis y el diablo”...

5º) Experiencias infantiles: “Quitarsus barbarus”, “El destripador”,”Armanucos”…

6º) Sensibilidad social: “Esperando el milagro definitivo”…

7º) Costumbristas: “Los chulillos”, Feria y toros”, “Gira a la Huerta de la Virgen”…etc.

Hace casi dos años me propuse entrevistar a Manuel para escribir su biografía, este, con una humildad sin precedentes, me dijo que él no se la merecía, que existían otros que merecían esa atención, que él no. Después de más de un año solicitándosela, por fin, no muy convencido, me la concedió el 22/05/17 y quedé estupefacto al comprobar que:

- Le noté inundado de:”Añoranzas, nostalgias y recuerdos que el tiempo va macerando en el alma, de los que ya estamos en esa madurez que precede a la edad provecta, tercera, definitiva…”

- Piensa que cualquier persona puede entender manifestaciones artísticas como la poesía, la música clásica, la ópera, etc, sólo requiere de ellas una mínima atención para que: “Su flujo sutil llegue al corazón y transmita esa especie de emoción estética que produce en el alma la belleza artística”

- Recuerda con la gratitud del primer día, a personas como D. Paulino, que le infundió el “deseo de saber, de aprender, de tener inquietudes y desarrollar el sentido de la superación cultural”, aparte le hacía surcar por otros “mundos maravillosos, cuyas puertas deslumbrantes conducían a un horizonte interior de sabiduría y conocimientos”. Recuerda sus paseos culturales por Sevilla y las audiciones comentadas de la “Obertura 1812” de Tchaikovsky, “La Quinta Sinfonía de Beethoven” o “La Cuaresma de Mozart”.

- Del mismo modo se desborda en reconocimiento a los Gómez, por favorecerle y despertarle el amor por la música y el teatro con, su piano, su casa…

- Goza de un profundo sentido familiar. Manolo se jacta de tener relación directa con todos los sobrinos de las dos líneas paterna y materna. La calidad de la relación es óptima como lo demuestra la fiesta sorpresa que le hicieron a los 75 años, posando en una foto en la misma posición que años atrás lo habían hecho con la abuela, Manolo ocupó el lugar de la abuela. Pili Angulo Jiménez asevera que, al igual que el resto de sus primos, asocia su infancia con él, le daba seguridad, calidez, felicidad…

- Adora a La Puebla y a sus gentes, más aún de lo que yo pensaba, los cientos de recortes que conserva, fotos, detalles y recuerdos, en su inmensa mayoría están relacionados con el pueblo y responden a una visión de observador imparcial.

En conclusión, como toda su vida y su pasión han gravitado siempre alrededor de nuestro pueblo, su historia, sus gentes, sus costumbres y sus paisajes; y cómo ha dinamizado su nombre como nadie, deseo homenajearle con esta breve biografía y, aunque sé que es radicalmente contrario a mi siguiente propuesta, propongo a nuestro Ayuntamiento, que rinda también homenaje a nuestro incansable Manuel, ahora en vida, rotulando una calle, plaza o cualquier vía urbana con su nombre, para orgullo propio y recuerdo de sus familiares, amigos y admiradores.

Sería un aldabonazo positivo y alentador, en la conciencia de los que trabajan, altruista y desinteresadamente, por la grandeza y prestigio de nuestro pueblo, un pueblo agradecido que, cuando llega el momento, los perpetúa.

 

 

José María Rodríguez Sorroche-17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una vida feraz en experiencias: MANUEL JIMÉNEZ MÁRQUEZ.

 

Una de las cosas más hermosas que me han sucedido en mi vida, ha sido nacer en La Puebla de los Infantes en el seno de una familia alegre, activa y amorosa”, y yo le añadiría: “Educada, inteligente y con un alto sentido familiar”

Manolo, vio la luz un 20 de enero de 1939, en la calle General Franco, nº 1(hoy Plaza de la Iglesia nº 3). Su padre Pedro Jiménez Alonso y su madre Angelita Márquez Tierno regentaban una carpintería y una carnicería respectivamente. Fue el séptimo de ocho hermanos nacidos, Angelita, Pedro, Juan, Francisco, Pilar, Angelita, Manolo y Pepe. La tragedia de unas fiebres les privó de la hermana mayor, Angelita, 10 años; por un accidente doméstico, del hermano menor, Pepe, 2 años; y por una peritonitis diagnosticada erróneamente a Francisco, 32 años. Se casó con Candy Rivas en abril de 1968 y tuvieron dos hijos Pedro Alejo y Manolo.

Manuel valoró, y se interesó, por las artes desde temprana edad, forjó una personalidad fuerte, con una excepcional capacidad de reponerse ante las adversidades, debido a la confluencia de “El valor que su padre le daba a la educación”; la autoridad natural que emanaba su madre y su profundo espíritu religioso; las características familiares mencionadas al principio; ver desde su más tierna infancia, como su hermana Pilar (Manolo la considera un prodigio), cantaba cuplés con 12 años en el cine de Vallejo; contemplar bajo la enredadera de la casa de los Gómez, a sus hermanos Francisco y a Pilar, que junto a los hermanos Mariquita y Julio Gómez, ensayaban obras de teatro; ver fotografías con sus padres disfrazados de jóvenes para interpretar obras de teatro y, a su hermano Pedro, como Adolfo Adalid en la “Puebla de las Mujeres”etc,etc.

Vivió una infancia intensa, plagada de experiencias y travesuras con sus amigos: Antonio González (el de Narciso) con sus habilidades mecánicas y especialista en tirar una piedra y acertar; el simpático y prudente Isidoro Chincolla, que siempre se excusaba ante retos de atrevimientos infantiles, las temeridades de Juan Márquez (Marquesito), que obligaban al resto a definirse… Sus juegos, a veces inapropiados, favorecían persecuciones de los policías municipales Reinero, Vizcaino, y Carmona, que modelaron en sus caracteres recursos, para llegar a conseguir, que en una emboscada que le hicieron los municipales detrás de la iglesia, defendiéndose, llegaran, entre otras aventuras, a quitarle la porra (vergajo) a uno de ellos, a Reinero. Entre todos, Manuel destacaba desde pequeño por su espléndida voz, su capacidad para memorizar canciones y cantar, por sus acrobacias, habilidades en los juegos…etc.

Recuerda a sus maestros: D. Isaías, del que le encantaba su voz, narra cómo un día le dejó encargado de la clase y jugando con el “listón” (utilizado de puntero y de castigo físico) rompió una bombilla (equivaldría hoy a todas las barras fluorescentes LED de un aula); D. Francisco del Valle; D. Enrique de Vargas Hidalgo y su inolvidable rompecabezas con las provincias de España , y D. Juan Argüelles, que preparó una obra de teatro-musical, “Naval, o el pastor de Belén” en la que Manuel, encarnó a Naval, y Antonio al demonio.

Dos peligros que le marcaron: Primero cuando se introdujo en el puente que desembocaba en la huerta de Gutiérrez, junto a su amigo Pedro Jiménez Silva, Juanito Sosa y otros, y una crecida inesperada estuvo a punto de ahogarlo, lo salvó la hábil ayuda de Pedro. El segundo acaeció un día de lluvia, pues, permaneció colocándose bajo los canales de los tejados “chorreros” toda la tarde en compañía de Antonio, Juanillo Chascarrillas e Isidoro, cuando llegó a casa recibió su merecido, pero, como consecuencia de mojarse, enfermó con fiebre y fuertes dolores de cabeza. Le diagnosticaron meningitis, su familia estaba temiendo el desenlace fatal, pero una mañana amaneció curado, su madre pensó, que la Virgen de las Huertas, había escuchado sus reiteradas plegarias (tres avemarías).

Le impactó, y disfrutó, con las inundaciones producidas por todo el pueblo, a raíz de la inauguración del nuevo depósito de agua; con el maestro ciego Garrido, y su paciencia infinita a quien le solicitaba sus enseñanzas; el cine de verano de los Gómez; la mirada tan humana de su perro Lucero; la “Ventana al Paraíso” de la casa de los Gómez, su jardín, sus caminitos bordados de flores, su pozo, sus cables de la luz descanso de aves; y los paisajes del campo…, sus sonidos…, sus silencios…

El Cine Andalucía lo veía y oía desde su casa, pero con las imágenes a medias. Le cautivaban y admiraba, en el cine, la voz melodiosa y la magnífica entonación de los actores.

Muerto su padre, comenzó su vida laboral con 12 años en el comercio de Obdulio, ahí permaneció hasta los 15 años que se incorporó en Sevilla en la plantilla de Sedylana (Calle Rioja).

Su hermano Pedro le sugirió que estudiara inglés y le colocaría en su empresa, con los norteamericanos. Así lo hizo y, en Sevilla, trabajó varios meses hasta que le obligaron a trasladarse a Torrejón de Ardoz (Madrid). Gracias a sus conocimientos de inglés, en todos los trabajos lo subían de categoría sin tener edad y sin permanecer en su puesto el tiempo estimado como mínimo. Residió en una pensión donde conoció personajes variopintos, como un vendedor de libros que le proporcionó ejemplares de Ortega, de Machado, de Marcel Proust, de Thomas Mann…y en un balcón contiguo empezó la conquista de la que sería su mujer.

En este periodo tuvo la capacidad de aprovechar la impresionante oferta cultural que le ofreció Madrid, dominó su cartelera de teatro, cine, ópera, zarzuela…, y asistió a una Escuela de Canto. Entre sus amigos de la época, resulta relevante su amistad con Félix Casas, el Capitán Tan de Los Chiripitifláuticos, pues con él montó la obra: “Marcelino Pan y Vino” y la representaron en todos los Colegios Mayores Franciscanos de Madrid.

En las visitas a La Puebla, que no eran todas las que Manolo hubiese deseado, sus sobrinos le esperaban expectantes contando los días que faltaban para su llegada, pues, aparte de los detalles que les obsequiaba, les cantaba, jugaba con ellos, les paseaba en la negra y brillante moto NSU, les enseñaba a tocar la guitarra… el tiempo que permanecía con ellos, les cambiaba radicalmente sus vidas.

Con 57 años se produjo una reestructuración en su empresa y, a pesar de proponerle que se quedara por su currículum, él decidió jubilarse, para aprovechar la fuerte indemnización ofertada por su empresa.

Sin dudarlo, regresó para vivir entre La Puebla y Sevilla, canalizando su energía en colaborar en todas las actividades culturales que se organizaran.

 

 

José María Rodríguez Sorroche-17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un polifacético enamorado de La Puebla: MANUEL JIMÉNEZ MÁRQUEZ

 

Llega a nuestro pueblo jubilado y encauza su ilusión en representar las obras de teatro que más profundamente le habían impactado en su estancia en Madrid. Están en la retina de todos: “Los árboles mueren de pié” de Alejandro Casona; “Mama Cora” adaptación de “Esperando la Carroza” de Jacobo Lagstner y, “Llama un Inspector” de J. B. Priestley.

Sus grupos de teatro han llevado las obras y el nombre de La Puebla de los Infantes, a Sevilla, Lora del Río, Fuentes de Andalucía, Castilblanco, Palma del Río, Peñaflor, El Pedroso, etc. cosechando un éxito rotundo, como quedó reflejado en los medios de comunicación y en los aplausos emotivos de los espectadores.

Enumerar el elenco, su esfuerzo y su categoría implicaría un artículo aparte.

Fue cofundador de la Asociación Cultural “Soñando Caminos”, en colaboración con la Asociación de Mujeres Alerce. El primer Encuentro-Recital se celebró el 2 de junio de 2006. Con ella realizó más de quince encuentros poéticos, donde Manuel, aparte de su participación destacada, se encargó de la ambientación musical, seleccionando la música de fondo. Gracias a ello nos han acompañado entre nuestras declamaciones, aparte del Coro Parroquial dirigido por Francisco Liñán y las guitarras de Pedro Segura y Rogelio Reyes, las voces de Elisa Chamorro, Elisa Gutiérrez, Juana Sosa, Ernesto Rangel, Antonio Medina, y los prodigiosos acordes de piano interpretados por Paloma Gómez Angulo.

Consiguió inyectar en el grupo su idea: “Erijamos entre todos un vergel florido, fragante y alegre, de amistad y concordia, en torno a la Poesía”

Resaltamos dos momentos estelares de la Asociación:

El primero, el Recital Homenaje a D. Paulino González Jiménez el 23/12/06, el homenajeado asistió personalmente, intervino emocionado y como colofón nos regaló la declamación de algunos de sus sonetos.

El segundo, la concesión del “Giraldillo de Honor de Cultura de los Pueblos 2008”, por parte del “Curso de Temas Sevillanos” dirigido por el periodista Antonio Bustos Rodríguez. La ceremonia de entrega tuvo lugar en el Cuarto del Almirante de los Reales Alcázares de Sevilla, en noviembre de 2008.

En todos los actos nos ha acompañado el calor y entusiasmo del público asistente.

En el aspecto que más prolífico se ha mostrado, ha sido en sus escritos, en ellos intercala conmovedora prosa poética, y siempre están confeccionados con la misma frescura, claridad y fuerza, pero donde más ha demostrado su pasión, porque ahí ha girado su existencia, ha sido en todos lo referentes a La Puebla de los Infantes.

En primer lugar debo hacer mención especial a la correspondencia epistolar con familiares y amigos, su hermana Pilar destaca las cartas enviadas a su hermano Pedro.

Continuaré por las colaboraciones enviadas a diarios, bien como cartas al director o cartas abiertas. De las miles enviadas a periódicos (ABC , Diario de Sevilla, etc) podríamos hacer una clasificación por temas, donde no faltaría ninguno. Enumero algunos: crónicas sobre La Puebla como Retablo de Antonio Huguet Pretil, de educación como “Maleducados lectores”, Andalucía, España, Iglesia y el Papa, el trabajo, Navidad, gays, eutanasia, sindicatos, partidos políticos, juventud, humor inteligente, leyes, fumar, corrupción, etc, etc.

Muchos admiradores de Manuel, se jactan de conocer nuestro pueblo por sus cartas, y han venido a visitarlo para conocer al autor, pues, aunque viviendo en Sevilla, siempre ha firmado sus colaboraciones con su nombre y apellidos, seguido de “La Puebla de los Infantes.”

Finalizamos con las colaboraciones en revistas como: la Revista de Feria, la Revista de la Virgen, Desarrollo Sostenible, etc.

Sus escritos fluyen con un derroche de intimismo, profunda sensibilidad, detalles y frescura. Los podemos clasificar en:

1º) Los que muestran trayectorias públicas, profesionales y sociales, de personas que triunfan o han sido significativas en nuestro pueblo. Ejemplos son las biografías de personas como: Pelegrín el ciclista, Molina el aviador, El “Litri”, “El Calerito”, “D. Miguel Rastrojo”...

2º) Familiares: “La abuela Isabel”, “Mi hermano Pepín”, “Las tres Avemarías”…

3º) Históricos: “Historia real de amor y de guerra”, “La Santa Misión, 1952”…

4º) Intimidades, amores infantiles y misteriosos: “Paisajes perdidos”, “Meditación con paisaje de fondo”, “Ventana al paraíso”, “Sarita”, “La catequesis y el diablo”...

5º) Experiencias infantiles: “Quitarsus barbarus”, “El destripador”,”Armanucos”…

6º) Sensibilidad social: “Esperando el milagro definitivo”…

7º) Costumbristas: “Los chulillos”, Feria y toros”, “Gira a la Huerta de la Virgen”…etc.

Hace casi dos años me propuse entrevistar a Manuel para escribir su biografía, este, con una humildad sin precedentes, me dijo que él no se la merecía, que existían otros que merecían esa atención, que él no. Después de más de un año solicitándosela, por fin, no muy convencido, me la concedió el 22/05/17 y quedé estupefacto al comprobar que:

- Le noté inundado de:”Añoranzas, nostalgias y recuerdos que el tiempo va macerando en el alma, de los que ya estamos en esa madurez que precede a la edad provecta, tercera, definitiva…”

- Piensa que cualquier persona puede entender manifestaciones artísticas como la poesía, la música clásica, la ópera, etc, sólo requiere de ellas una mínima atención para que: “Su flujo sutil llegue al corazón y transmita esa especie de emoción estética que produce en el alma la belleza artística”

- Recuerda con la gratitud del primer día, a personas como D. Paulino, que le infundió el “deseo de saber, de aprender, de tener inquietudes y desarrollar el sentido de la superación cultural”, aparte le hacía surcar por otros “mundos maravillosos, cuyas puertas deslumbrantes conducían a un horizonte interior de sabiduría y conocimientos”. Recuerda sus paseos culturales por Sevilla y las audiciones comentadas de la “Obertura 1812” de Tchaikovsky, “La Quinta Sinfonía de Beethoven” o “La Cuaresma de Mozart”.

- Del mismo modo se desborda en reconocimiento a los Gómez, por favorecerle y despertarle el amor por la música y el teatro con, su piano, su casa…

- Goza de un profundo sentido familiar. Manolo se jacta de tener relación directa con todos los sobrinos de las dos líneas paterna y materna. La calidad de la relación es óptima como lo demuestra la fiesta sorpresa que le hicieron a los 75 años, posando en una foto en la misma posición que años atrás lo habían hecho con la abuela, Manolo ocupó el lugar de la abuela. Pili Angulo Jiménez asevera que, al igual que el resto de sus primos, asocia su infancia con él, le daba seguridad, calidez, felicidad…

- Adora a La Puebla y a sus gentes, más aún de lo que yo pensaba, los cientos de recortes que conserva, fotos, detalles y recuerdos, en su inmensa mayoría están relacionados con el pueblo y responden a una visión de observador imparcial.

En conclusión, como toda su vida y su pasión han gravitado siempre alrededor de nuestro pueblo, su historia, sus gentes, sus costumbres y sus paisajes; y cómo ha dinamizado su nombre como nadie, deseo homenajearle con esta breve biografía y, aunque sé que es radicalmente contrario a mi siguiente propuesta, propongo a nuestro Ayuntamiento, que rinda también homenaje a nuestro incansable Manuel, ahora en vida, rotulando una calle, plaza o cualquier vía urbana con su nombre, para orgullo propio y recuerdo de sus familiares, amigos y admiradores.

Sería un aldabonazo positivo y alentador, en la conciencia de los que trabajan, altruista y desinteresadamente, por la grandeza y prestigio de nuestro pueblo, un pueblo agradecido que, cuando llega el momento, los perpetúa.

 

 

José María Rodríguez Sorroche-17