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INDICE:                                                                                                                                       Pág.

  1. I) .- PRESENTACIÓN. 4

II).- FAMILIA.                                                                                                                                4

              III).- PRIMEROS RECUERDOS Y OTRAS VIVENCIAS POSTERIORES RELACIONADAS.       13                                                   

IV).- LAS PLANTAS Y VECINOS.                                                                                                 29

V).- EL FÚTBOL.                                                                                                                           31

 VI).- SU MATRIMONIO,  VIAJES Y OTRAS CANCIONES DE SU ABUELA FLORA.                34

VII).- LA SEMANA SANTA.                                                                                                          40

VIII).- LA FERIA, PLAYA Y CAPACIDADES NEGOCIADORAS Y DE RECORDAR.                    40

               IX).- CONCIENCIA DE LAS LIMITACIONES DE SU EDAD Y VETUSTAS CANCIONES.          43

X).- LA ROMERÍA Y LA ORACIÓN QUE  SALUDA AL NUEVO DÍA DE SU MADRE.              47

XI).- CONOCER MORADORES ACTUALES Y PASADOS DE LAS CASAS.                                48

XII).-DISPONIBILIDAD Y ACTITUD ANTE LOS NUEVOS TIEMPOS.                                        49

A MODO DE EPÍLOGO.                                                                                                                51

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                    I).-PRESENTACIÓN.

Hay historiadores que han marcado época, que han supuesto un antes y un después para la humanidad, considero que “tita María Josefa”  es el equivalente a nuestra familia, pues supone para nosotros la memoria de parte del s. XIX, todo el s. XX, y lo que va del s. XXI. Todos los datos y relatos de este libro han fluido de su proverbial  capacidad de recordar con cariño, todas las vivencias de su vida, narradas por ella y recogidas por mí, a partir de principios del 2019. No dispone de ninguna anotación; su rostro, ojos y ademanes reflejan una ilusión y un entusiasmo propios de una persona joven.

Esta pequeña biografía va dirigida a todos los que tenemos el honor de conocerla, sobre todo a sus familiares, me enorgullezco ser uno de ellos y de haber compartido tantos enriquecedores y agradables ratos con ella.

María Josefa Rodríguez Barco nació el 21/12/34 en el Nº 16 de la Av. Niceto Alcalá Zamora, antigua C/Ancha, después  Av. José Antonio Primo de Rivera y actualmente Av. Andalucía; su padre José María Rodríguez Rodríguez,  nacido un 23/11/1898 y profesión agricultor, ganadero e industrial, y su madre Mercedes Barco Castro, nacida un 21/03/1898, de profesión sus labores, y sus habilidades en fabricar quesos, chacinas… calcetines con cuatro agujas (también les arreglaba taloneras y punteras), coser, bordar, etc. Sus abuelos paternos, Manuel Rodríguez Fernández, de profesión herrero y María Rodríguez Ruíz, de profesión ama de casa; y sus abuelos maternos, Juan Barco García, de profesión agricultor y Flora Castro Toribio, de profesión ama de casa. Fue la tercera de cuatro hermanos: Manuel, Mercedes, María Josefa y Juan.

                                              II).-FAMILIA.

Para que conozcamos las personas que son familiares nuestros, tanto en La Puebla, como fuera de ella, comenzamos un relato de parentescos empecemos por:

Nombrar los familiares de su abuelo Manuel Rodríguez Fernández, un primer hermano fue: Francisco Agredano Fernández, nacido de las primeras nupcias de su abuela, de las segundas nupcias nacieron: María Josefa La Fermina (no tuvo hijos)era la propietaria de los olivos del Romeral; Manuel (su abuelo); Juan de Dios, llevaba a su hijo Juan Antonio cuando se casó con su tía Rosenda, que a su vez llevaba a su hija Enriqueta; Ángeles tuvo a, que 6 hijos: Pedro, Antonio (padre de Angelita y Juan José, que viven en Lora)ambos herreros,  José con 5 hijos,  Juan de profesión zapatero, Dolores,  casada con el también herrero Juan José Silva (hermano de mi bisabuelo, también herrero,  Pedro Silva, padre de mi abuela Isabel Silva Tierno). Concha  y  Rosa.  Juan de Dios se había casado en primeras nupcias con María La Estopera  y , como ya hemos nombrado, tuvieron un hijo que se llamaba Juan Antonio, este en la Guerra Civil se fue a Francia y no volvió más, y era el padre de Miguel el Estopero (el escayolista de los techos rasos). Para darnos una idea de la mortalidad infantil de la época, debemos decir que a su padre se le murieron otros cinco hermanos.

La relación con estos primos hermanos ha sido siempre excelente, prueba de ello es que ha recurrido a su trabajo siempre que lo ha necesitado. Si precisaban albañiles, pintores e incluso en trabajos agrarios, siempre han sido prioritarios, y todos ellos cumplieron sus responsabilidades con creces. Un año le dieron las aceitunas por cuenta a José (hijo de Juan de Dios)  y a otro José (hijo de Ángeles), y sus respectivas hijas. Su hermano Juan - padre del actual alcalde de nuestra localidad José María Rodríguez Fernández- que ya desde muy pequeño trabajaba en el acarreo de aceitunas con el caballo, era el encargado de traerlas al molino de Fernández. El contraste entre los dos era grande.  El día que acabaron lo celebraron llevando su padre un refrigerio,  en el que no faltó el vino, degustado todo  al calor de una fogata. Igualmente me recuerda cómo el padre del actual enterrador era primo segundo de su padre y cómo siempre que se cruzaba con ella por la calle o la  veía, la saludaba amablemente diciéndole: “¡Parienta!”; del mismo modo Barco “El Cartero”, nos toca por los dos lados, por Rodríguez y por Fernández, pues la madre Angelita  era prima segunda de su padre.

Los hijos de su abuelo Manuel Rodríguez Fernández fueron:

1º) Su padre José María Rodríguez Rodríguez falleció el 25 de septiembre del 1958, casado con Mercedes Barco Castro fallecida el 3 de noviembre de 1967, tuvieron a:

1.1) Manuel nacido el 2 de febrero de 1925, e inscrito el día 3, casado con Isabel Sorroche Silva (02/08/28 y fallecida el 17/01/20) un 12 de agosto y fallecido el 5 de marzo de 1987 y se enterró el 6, de los que nacieron: José María (autor de estas memorias) nacido el 14 de junio de 1955, casado con Ana María, cuyos hijos son:  José María (n. 20/03), Ana María (n. 02/08) y Manuel (n. 31/10) y Santiago el 5 de septiembre del 1960, cuyos hijos Manuel (7/11) y Luis (n. 10/1).

 1.2) Mercedes nacida el 1 de marzo y fallecida el 25 de abril, casada con Antonio Sánchez Arribas nacido el 8 de diciembre y fallecido el 29 de mayo. De este matrimonio nació: Angelita nacida el 15 de mayo, cuyo novio es Vidal;  y José María el 1 de agosto, casado con Ely, cuyas hijas son Teresa (n. 28/1) y Mercedes (n. 1/9).

1.3) María Josefa, nacida el 21 de diciembre, que es base de todos los datos, fechas  y es la fuente de este libro basado en su biografía y recuerdos, casada con Antonio León Santana el  14 de octubre de 1979, que  hubiera cumplido 82 años el 28 de febrero pasado.

1.4) Y Juan nacido el 17 de abril de 1940, hubiera cumplido 80 años, casado un 17 de agosto con Adela Fernández Cruz, de cuya unión han nacido: José María (el ya nombrado y renovado alcalde de nuestro pueblo por mayoría absoluta por 8 concejales a 3 de la oposición) nacido el 29 de junio, casado con Rosario, cuyas hijas son Isabel (n. 30/4),  Natalia ( 17/06) y Ana (23/2) y Manoli, el 10 de julio,  casada con el peñaflorense Jesús Palomo,  cuyas hijas nacieron: María el 13/07 y  Eva el 19/07.

2º) Carmen, se casó con Miguel Llamas, que tuvieron a su vez a:

2.1) Manuel, casado con Hipólita, tuvieron a: Juan Miguel, Manolo (se hacía el desmayado y no había forma de despertarlo, ni dolor, cosquillas, etc.), Carmelo, Leonor, Hipólito, Balduino (su padre decía que no se parecía al resto de los hermanos, que se lo habían cambiado en el hospital) y Hermenegildo. Emigraron a Bélgica.     

2.2) Leonor, nacida el 3 de mayo, casada con José “El Corchero”, que han tenido a: Clary, Carmen, José (recientemente fallecido) y Miguel.

2.3) Andrés, casado con Concha (sobrina de Valle), de cuyo matrimonio ha nacido: Miguel, Valle y José Manuel.

2.4) María, casada con Celedonio, que tuvieron a: Fernando (murió siendo niño), Carmen, María Fernanda, Fernando y Ana María.

2.5) Alejandro, casado con Pepa, una señora de fuera, no han tenido hijos. 

3º) De Amador, nos recuerda que heredó la fragua y murió con 42 años y también que al  morir, su  hermano Juan tenía 4 años. Amador era muy elegante, se casó con María, hija de una maestra que vino al pueblo, llamada Dña.: Consuelo. María era  una mujer muy amable y cariñosa, decía que mi padre Manuel, se parecía a su marido y nuestra querida tía María Josefa lo corrobora por una foto que a ella le mostró muchas veces. De ellos nacieron:

3.1) Consuelo, nacida el 8 de septiembre, casada con Antonio Pastas, emigraron a Andorra y engendraron a Mari Carmen, Amador,  Antonio y Manuel.

3.2) Manolo, casado con Conse o Concha, de los que nacieron: Manoli, casada con Vargas el electricista y Amador, que emigró también a Andorra y casó con una andorrana.

3.3) María, fue madre soltera de una niña, luego se casó con un  sevillano llamado Julián, tuvieron cuatro hijos más y, le han fallecido el marido y los cinco hijos. Su primo Manuel (Manolo), el de su tío Antonio, le ha comentado que ha estado aquí en una casa rural, y que desayunaba a diario en el Bonsái. Ahora vive con un nieto y, le ha dicho su prima María, la de su tía Carmen, que vive cerca de García Morato (Hospital Virgen del Rocío), y que dispone de su móvil.  

3.4) Carmen, se casó con Espino (Piquetilla), también tuvo una hija de Coliche, llamada Amadora. Este Espino es un hermano del padre de Antonio Espino Agredano (Piquetilla el fontanero). Del matrimonio tuvieron tres hijas más que emigraron también a Andorra.

Me indica que Amador era un artista forjando, las rejas de la casa de Cabello y de todas las casas de los “Llamas” en la Plaza de la Virgen de las Huertas están realizadas por él. También fue el padrino de casamiento de Andrés Llamas, el padre de Amador que vive en la calle del cementerio, y se llama así por su padrino.

La fragua estaba donde se ubica hoy el Bonsái. En la parte derecha estaba la fragua propiamente dicha. Ella no conoció trabajando a Amador porque enfermó joven.

4º) Juan, que se casó con una Lisbona y no tuvieron hijos.

5º) Antonio, casado con Huertas, tuvieron los siguientes hijos:

5.1) Manuel, hace honor a  la que ha sido su profesión: Guardia Civil, es educado, correcto, leal y amistoso. Está soltero.

5.2) Aurora, casada con un Villanueva, tiene dos hijos, Raúl y María Aurora, y viven fuera del pueblo.

5.3) Miguel (q.e.g.e.) se casó con una de Palma del Río, tienen dos hijos, uno se llama Antonio y el otro Juan Manuel.

De los 5 hermanos fallecidos recuerda especialmente a uno que se llamaba Manuel y era menor que el 5ª hijo Antonio. Murió con poco más de 2 años y ya sabía hablar, era muy gracioso y cuando se fue a la mili su hermano mayor, que era José María (padre de nuestra querida tía y abuelo nuestro) decía a sus padres: “Me metes en un cajón… y me facturas, y me mandas con el “chacho” José María“

Con un hermano de Huertas, Pedro, casado con Encarna Medina Silva, han tenido una estrecha y entrañable amistad, por eso también sabe que su hijo Miguel nació el 27 de julio (hacía una calor infernal), Joaquín, el 8 de enero y Pedro nació a primeros de abril.

 

 

A continuación, comienza a nombrar los hermanos de su abuela María Rodríguez Ruiz, que murió un 14 de mayo con 84 años, me recuerda que justo un mes antes de nacer yo. Los padres de María eran Amador, hermano del padre de Los Ruteños y Juana, que también vino de Rute y aquí no tenía familia.

1º) Juan, casado con Natividad, que tuvieron los siguientes hijos:

1.1) José, el padre de Juanito Rodríguez y María Jesús, viven por bajo de La Caixa, en la esquina contraria a la Policía Local.

1.2) Dolores, que no tuvo hijos.

1.3) Mercedes, madre de Rosario, casada con el navero “El Piconero” y Nati, casada con un hermano de Adela Fernández, su cuñada de Peñaflor.

1.4) Juan, que tampoco tuvo hijos.

1.5) Amador, era atractivo y “flamenco”, se casó con una maestra y se fue a vivir a Madrid, tuvo mellizos y luego otros dos hijos más y no sabemos qué ha sido de ellos.

1.6) Anita, madre de Ani Bravo, mujer de Andrés Nieto, y Emilia que casó en primeras nupcias con un hijo de Tomás.

 2º) Antonio, casado con María Josefa que tuvieron a su vez los siguientes hijos:

2.1) María Josefa, casada con Lisbona, tuvo a su vez a: Antonia Lisbona, casada con Juan Sosa; Rosa, casada con Castaño; María, casada con Pedro Codinas; Amador, casado con Dolores La Valetina; y Antoñito Lisbona, soltero y muerto recientemente.     

2.2) Antonio, que tuvo a su vez a:  Antonio, padre de los hermanos del restaurante “Los Agredanos”;  José, marido de Trini, la hermana de D. José Liñán; Anita La Romera, casada con Ildefonso Palma; Francisco, que se quedó soltero y María Rosa que se casó con uno de fuera.

2.3) José, que se casó con Consuelo la de Anica y tampoco tuvo hijos y

2.4) Amador, casado con La Melliza, y padres de Amador, María Isabel y Amador casado con Margarita y que son muy amigos de Miguel García y por eso han venido mas al pueblo desde su residencia en Barcelona.

) Amador casado con tita Ana María, que tuvieron a su vez a:

3.1) La prima María casada con Jesús, padres de María, casada con D. José Liñán y padres de Eduardo y Jesús.

3.2) Dolores, la del desgraciado accidente en autobús, que le amputó el brazo.

3.3) Amador casado con Rafaela La Castaña y padres de Amadorcín, casado con una loreña y

3.4) Antonio, casado con Julia Sánchez, madre de Antonio y Ana María, y  hermana de nuestro querido tito Antonio, marido de su hermana Mercedes, y padre de sus entrañables sobrinos Angelita y José María. 

) Josefa, que se casó con Justo, tuvieron un hijo que murió recientemente en la residencia.

5º) José que murió con 19 años, más adelante haremos referencia de él, por un  profesor que le contrataron para aprender a tocar la guitarra.

6º) Otra que murió con trece años y que se parecía mucho a su hermana Mercedes.

En este momento debo destacar cómo cuando ha ido a Rute de viaje, siempre se acuerda de los apellidos Rodríguez y Ruiz, cuando ve estos apellidos estampados en bodegas y otros establecimientos, piensa en nuestros ascendentes, pero nunca ha preguntado.

La única referencia que hay sobre los familiares dejados allí, fue cuando tita Ana María, la mujer de tito Amador, el hermano de su abuela María, fueron a unos baños en Granada, y allí contactaron con una familia de Rute que sí eran parientes. 

Vivir en los cortijos toda la familia junto a los trabajadores que realizaban las tareas del campo, daba lugar a tertulias nocturnas y en días de lluvia, las capacidades oratorias y artísticas afloraban.  En los ruteños debemos destacar la facilidad para cantar y tocar la guitarra que algunos mostraron, y la fantasía, inventiva, imaginación y creatividad que exhibían en sus historias, cuentos y relatos. Existen infinidad de ellos relacionados con la finca de la Barrondilla: Historias de duendes y encantadas; historia de un rayo que entró por la chimenea;  historia de la noche que estando todos sentados pasaba una sombra que decía siempre: ¡Juana! (refiriéndose a la abuela de su padre) y al día siguiente una vecina se había muerto y la llamada era el aviso de la difunta; en otra ocasión comenzaron a pasar botijas y mas botijas por lo alto de las cabezas de todos, le daban con palos y no conseguían partirlas, y al día siguiente una vecina tenía un brazo roto; en otra ocasión contaban que cuando iban con bestias cargadas de grano al molino, había una gallina clueca que se colocaba delante y luego desaparecía sin dejar rastro alguno; aquellos duendes que te tiraban de los pies o te llamaban en momentos determinados… ella dice que no quería poner atención, porque le daba mucho miedo.

Las historias anteriores tenían a veces finalidad educativa, como cuando éramos pequeños y nos decían que no nos pusiéramos al sol, porque la madre del Sol haría que nos “criaran gusanos en la cabeza” y moriríamos, esta historia quería evitarles insolaciones a los pequeños (en aquella época podía ser motivo de muerte); o cuando nos decían que si sacabas los pies de la cama vendría un duende y te los cogería, de este modo trataba de evitar resfriados que podían llevara también a la muerte.

   Su abuelo materno Juan Barco García, cuyos padres fueron Dolores y Antonio, tuvo los siguientes hermanos:

 1º) Dolores, que tuvo una hija. Cuando murió estuvieron debatiendo si su madre se ponía o no luto por su prima.

) El abuelo Juan, que murió un 6 de agosto, igual que Bravo y su mujer, Anita Liñán.

3º) Natividad, tuvo un hijo, Antonio De La Rosa Barco, vivían  en Madrid y se casó con Loreto. Llamaron de Madrid para hacer una visita de una semana, estuvieron 15 días, y salía a la calle y volvía bastante beodo, su aspecto no era tampoco muy aceptable, hasta tal punto que la prima Angelita (con dos o tres años) decía: “Yo no quiero un tío tan viejo”,  “ Yo quiero a tito Juan, a tito Manuel…”, ella captaba el aspecto y las conductas tan poco edificantes que mostraba. Santiago también se quedaba muy serio mirando con cara de extrañeza y asombro.

4º) María, que tuvo dos hijos, uno casado con María Tierno, padres de Gabrielito, y otro que se fue a Peñaflor, y no recuerda su nombre.

5º) Manuel, casado con Eusebia, no tuvo hijos.

6º) Antonio, tuvo a dos hijas:

6,1) Ángeles, casada con Rafael, hermano de la madre de Mercedes la de los “Ariza” suegra de Rosario, Antonio y José (quinto y amigo de su hermano Manuel). Vivían en la casa de La Zújar. Angeles  tuvo dos hijos, Angelita que murió con 12 años y Rafael, que también murió joven y quedó el matrimonio sin hijos, por tanto de ellos no tenemos parientes. Vivieron en Córdoba

6.2) Anita, casada con un Carabinas, vivían en la casa de Los Becerra, estos parientes están en Villaverde.  Tuvieron tres hijos, Carranza de primer apellido: Antonio, Manolito (falleció pronto) y Dolores que tuvo cuatro hijos, entre ellos una maestra de primaria cuyo marido ha pertenecido a tribunales de oposición muchos años, una nuera estaba en el hospital. La familia de Dolores estuvo en la romería de nuestro pueblo y nuestra querida tía María Josefa y su marido Antonio León le devolvieron la visita.  En otra ocasión vinieron y comieron en el Bar de Agredano, la invitaron también a ella, porque también conocen a María Jesús, cuyo marido es también de Villaverde, también en esta ocasión le devolvieron la visita, esta vez acompañados de su hermano Juan y Adela.

Y por último veremos a los parientes descendientes de su abuela materna Flora Castro Toribio, cuya madre se llamaba también Dolores, y no quiso que la llamaran María Dolores por motivos desconocidos por nuestra  querida tía, y le pusieron el santo del día, que era Flora, la mayor entre sus hermanos que fueron seis y podemos mencionar a:

1.1) Flora, que murió el 8 de febrero de 1948, la enterraron el día 9 con 88 años, estuvo casada con Juan Barco García, tuvieron cuatro hijos varones y dos niñas, los varones desgraciadamente murieron.   

El carácter de Flora era alegre y divertido, le gustaba todas las fiestas, carnaval, Semana Santa, candelas, etc., y era parte activa siempre; me expresa cómo su madre  Mercedes, cuando observaba las inquietudes festivas de ella, siempre recordaba que había salido a su madre. Nuestra querida tita se vistió de carnaval…siempre que pudo a lo largo de toda su vida; yo siempre recordaré que Diego Santana (padre de mi difunto amigo Fernando) y ella se presentaron disfrazados en la casa de mi abuela Isabel, siendo yo ya bastante maduro.

Tenía gran sentido religioso, muestra de ello es que había mañanas que acompañada de su nieta (nuestra querida tita) iba a por leche a la casa de Cecilia, y le proponía: ¡Vamos a misa!, su nieta la acompañaba encantada, y la leche llegaba después de la eucaristía.

Por parte de su abuelo y por parte de su abuela Flora (materna) no tiene casi ninguna familia. Sólo María La Chuparras, y Rosario Santana Barco hermana de Antonio, que era prima de su abuelo Juan. Luego somos parientes de “Los Jiguitos o Higuitos”  por el apellido Santana. El abuelo de Lorenzo y su abuelo eran primos hermanos, por tanto su madre era prima segunda de Rosario, abuela de Chari, la amiga de su sobrina Angelita Sánchez Rodríguez.

Incidir que en Peñaflor también teníamos parientes, uno era el barbero Manolito “El Cuco”, que se instaló aquí y crió a Conchita la de Valle, pues esta era de Écija y no tenía otra familia.

En una de las muchas ocasiones que entraron cerdos de Agustín en Los Cerros, Agustín dijo que no eran suyos, que eran de La Adelfa. Cuando su hermano Manuel fue a hablar con el encargado de La Adelfa, se percató de que eran parientes nuestros, de los Toribio.

 Me canta una canción que le enseñó su abuela Flora pues, no debemos olvidar, que cuando llegaban cancioneros y otros escritos al pueblo, Flora, los compraba siempre, ya que le encantaba, no solo para ella, sino para proporcionárselos a su nieto Manuel ( mi padre), que mostraba gran voracidad en su lectura y gran capacidad para memorizarlos.

La letra de uno de ellos, recordada  por tita María Josefa, es la que sigue a continuación: aunque ni ella sabe ubicarla en qué contienda sería, ni yo tampoco, aunque sospecho que es el la época de la independencia de los estados americanos en la segunda y tercera década del siglo XIX.

“Iban cien soldados nuestros con su sargento a Nueva York

y le han salido al encuentro cien insurrectos, ¡Ay qué dolor¡

y el cabecilla le dice así, todos de rodillas vais a morir,

pero un soldado de que lo oyó dijo: ¡Ay mi madre de corazón¡

y el cabecilla insurrecto que oyó el lamento de un militar…

le dice a los suyos presto: ¡Muchachos quietos, no hay que tirar¡

y el cabecilla se dirigió a aquel soldado que suspiró…

le dice : Chico: ¿ De dónde eres tú? Señor, mi pueblo es Calatayud

Pues el nombre de tu padre y de tu madre quiero saber…

Mi madre es Antonia Sánchez, señor mi padre llama José.

Yo era pequeño, de corta edad, por eso ignoro donde estará...

Levanta chico, levanta ya, que soy tu padre y te iba a matar

¡El chico como un cohete se levantó!

abrazándose a su padre que en hora y media no lo soltó!

No permitas, padre mío, que yo a tus filas no puedo ir

Tengo a mi madre en la España y no tiene a nadie, na… más que a mí.

Y si ganáis este país, mas a mi tierra no puedo ir,

Y si perdéis mucho peor, ¡muere mi madre sin verla yo¡

Toma estos 200 pesos y se los entregas a tu mamá

¡Ay que contenta se va a poner cuando le escriba y le haga saber

que en la Manigua está mi papá… y que le manda esta cantidad!

Al despedirse lloran los dos, se dan la mano y el corazón

El padre queda en la insurrección y el hijo en su escuadrón.

Una prima suya, por parte de Castro, era  María, que se fue a Posadas. Bajita y muy cariñosa, siempre que los visitaba, traía algo a su hermano Manuel y Mercedes. Los Toribio venían de Peñaflor, por eso era  primo segundo de su abuela uno llamadol Manolito “El Cuco”  y, los García, cree que venían de Palma del Río.

1.2º) Manuel, casado con Basilia Silva Tierno (Basilia la del horno) era tía de Los Celedonios y fue padrino de todos ellos, al igual que también fue padrino de su tía Dolores, de Isabel, de todos los hermanos, que fue el único heredero de “Birronda”. Me recuerda que las bisabuelas de mi amigo Fernando Santana González (q.e.g.e.) y la mía eran hermanas ( la maestra Dña. Celedonia era la de Fernando y tenía titulación) y nuestras abuelas eran primas hermanas. Me recuerda en este momento cómo había maestras como Robledo o maestros como Durati (le dio clase a mi padre), anteriores a Espantavacas y Anita Bermejo (me dieron clase a mi), que daban clase  sin titulación.

1.3º) Francisco, del que no recuerda su mujer.

1.4º) Antonio, que se fue a la Guerra de Cuba y lo dieron por desaparecido.

1.5) Dolores, que tuvo a su vez a:

1.5.1) Dolores, cuyos siete hijos: Loly, Ángeles, Luisa, Antonio, Concha, Mercedes, Eduardo y otro más pequeño, nacen y residen en Sevilla, su marido trabajó siempre en la empresa de café Saimaza, y el matrimonio tiene la grandeza de que todos han estudiado carreras universitarias o tienen  profesiones cualificadas, médico, abogado, enfermera, etc.

1.5.2) Isabel, la madre de Josefa, Anita, Gregorio… Tierno

1.5.3) Francisco Becerra, la de Ribera, recuerda que cuando empezó la transición política decía: “¡La política es como un nido, y los demás, a empujaros y a empujaros… y cuando llegan al nido, cogen el nido, cogen los huevos, se los chiflan, y los demás, nada¡ y lo que hemos hecho es empujarlos y empujarlos”

Por parte de su abuela, Los  Ruteños, que se quedaron todos allí en Rute, pues su bisabuelo se vino, y solo trajo a un hermano soltero que se casó con una hermana de mi bisabuelo Andrés Sorroche Serna. Nombra a otra hermana,  Dolores, que se casó con Antonio Román, y que como no tuvieron hijos, quedó en el olvido ese parentesco de Sorroche y Román (Juaquinos o Joaquinos), pero una hermana de la madre de mi abuelo era la madre de “Los Ruteños” y el padre de Los Ruteños, era hermano de su bisabuelo Amador.

Antes de que comenzara a enumerarme los familiares por parte de su abuela María, me comentó que un día un amigo de su sobrino José María le dijo que era muy pobre en familia, a lo que ella respondió: “Pues yo soy muy rica”… y comenzó a darle interminables datos familiares. Nuestra querida tía le comentó que la falta de conocimiento de familiares se produce, cuando se tiene mala memoria o cuando se emigra; si permanecemos en nuestros pueblos y entorno, los lazos familiares son más fáciles de recordar porque se convive con ellos; también hay personas que emigran por problemas familiares, disgustos o peleas, y entonces no quieren ni recordarlos.  Al contrario de todo esto comenta que su padre era muy “parentón” y recordaba, apreciaba y visitaba siempre a sus parientes, como a su tía Concha la de Tribucio, o a mi tía La Fermina. Botón de muestra de lo anterior es que en una ocasión se le metieron los cochinos en los olivos de Concha  y lo denunciaron, pagó la denuncia y se llevaron el dinero los de las aceitunas, su tía fue a devolverle el dinero, pero su padre no lo aceptó… etc.

Me ha demostrado cómo conoce las relaciones familiares de todas las personas con las que ha tenido vivencias, aún siendo ajenas a su familia, esto quedó patente cuando hablamos de la familia “Silva”, pero igual le pasa con todas las demás, disfruta una proverbial memoria y retentiva para no olvidarlos. Del mismo modo le ocurre con las profesiones y ubicaciones de casas o negocios; como cuando hace referencia a que la tercera herrería del pueblo, que era la de los ascendientes de Luisito el de Luis y Curro el Herrero, estaba emplazada en la carretera de Las Navas de la Concepción, en la casa de Manolito Leal y Antoñito Carmona.

  III).- PRIMEROS RECUERDOS Y OTRAS VIVENCIAS POSTERIORES RELACIONADAS.

Sus primeros recuerdos son del campo, y de las visitas que hacían a Constantina (Sevilla la chica) para vender la producción agro-ganadera de la finca de “El Esparragal”, consistente en patatas, chivos, queso, etc. Recuerda cómo con tres años asistieron a una representación cinematográfica de cine mudo, tuvieron que sacarla del cine por los gritos que daba al presenciar una escena donde un actor se ahogaba en una alberca. Fueron muchas las veces que los seis visitaron el citado pueblo con fines comerciales, allí pernoctaban y una vez vendidos sus productos, adquirían ropa y otros enseres que precisaban para su vida cotidiana.

Hubo varios años, en la década de los 40, que iban primero del campo  a la Feria de La Puebla el 15 de agosto y, el último día de nuestra feria, tenían que volver rápido al campo para preparar equipaje y los  productos (chivos, mulos, sandía, queso, etc.) para incorporarse  a la Feria de Constantina y allí poder venderlos y disfrutar de la misma. El regreso al Esparragal lo hacían perfectamente pertrechados de cajones de pasas, cerezas, higos y  telas del comercio de Rafael Ortiz - que era el dependiente que se casó con una hija (que era a su vez la madre del veterinario D. Emilio Ruiz Paniagua) del asesinado Paniagua en la Guerra Civil Española (abuelo de mi amigo Francisco Paniagua Hinojosa) – fue uno de los 92 constantinenses que los republicanos del Frente Popular fusilaron cruelmente en el inicio de la citada guerra, y que fue el germen para que con la llegada de las tropas Nacionales,  se produjeran episodios similares, pero esta vez con los del bando del Frente Popular.

Una vez llegados a Constantina,  alquilaban una habitación en la Calle Mesones, con cuadra incluida en la parte trasera. Había una talabartería contigua y  recuerda con mucho cariño y emoción cómo su hermano Juan decía “Magüel” en lugar de Manuel y “jota” en lugar de jáquima, y cómo era frecuente escucharle: ¡Papa papa, coge la jota y vamos al caballo! Allí mirando la jáquima en la talabartería y, repitiendo para lograr decirlo bien: ¡ja… ja… ja… jáquima… jáquima… jáquima! Y también aprendió a decir Manuel.

No solo traían telas para hacer batas y vestidos de Rafael Ortiz para nuestra familia, sino también para María la de Daniel, Mariquita y Anita, y para Huertas. Añadir que cuando se casó Amador, el de Isabelita la melliza, su padre le indicó a Rafael que iba a ir su primo y se trajeron, patén lanilla, mantas, tela para camisas, etc. En el camino de vuelta, su hermano José se quedó con el caballo, allí en el Esparragal, y llegó al día siguiente cargado de telas de Constantina. Ese día estaba ella en La Puebla porque su madre estaba cosiendo con Teresa y su hermano tendría poco más de un año.

Disfrutando de  la Feria de Constantina, los acompañaba también  Márquez, el padre de la Marquesita que tuvo el quiosco, al que se le murió una hija que tendría tres o cuatro años, falleció en la casa de los Corcheros, donde vive Fillita que está casada con el Malajuncia, pues bien, el hermano Marquesito era de la edad de su hermano Juan, y asistiendo a un espectáculo de circo,  pidieron voluntario para cortar una cabeza y salió Márquez; prepararon una palangana y todas las herramientas de corte, ella permanecía asustada y su hermano Juan lloraba desconsolado hasta que después del número, todo quedó en nada ante la incredulidad de los pequeños.

También recuerda al Circo Barriles, cuyo presentador era un enanillo. En una actuación comenzaron a echar polvos y más polvos…y salió una señora muy guapa. A continuación entraron en escena unos  payasos y repitieron el número de los polvos, pero  esta vez no salió la señora guapa sino dos señores dando tiros ante el asombro y la sorpresa de todos, especialmente de los niños.

Conservamos una foto típica de feria donde posan en un avión, su hermano Manuel, detrás María “La Sorrocha”, después su hermana Mercedes y a continuación el hermano de María,  Antonio. También dispone de otra foto con un caballo, donde posa  su hermano Juan delante con dos años, y ella detrás con siete.

 Aprovecha la ocasión para recordar la feliz infancia, adolescencia, etc. que pasó, gracias al carácter y cariño de su padre, lo competente, agradable, inteligente (espabilado) que fue en todos los aspectos. ¿Quién en esa época hacía disfrutar a su familia de una vida tan diversa en ferias, etc. y encima aumentando el patrimonio?, pues no olvidemos que comenzó con los mil olivos que heredó su mujer.

Cuando se casó comenzó a ir a La Campiña a sembrar, y viviendo su abuelo Juan, había juntado ya 19.000 reales para comprar El Esparragal a un Castaño. El abuelo Juan le decía a su madre: “Tu marido te va a llevar a los pericotales de por ahí, porque a él lo que le gusta es la sierra, el ganado…” y arrendó lo de Mercedes Barco, y luego como Castro tenía a los dos hijos en la Guerra Civil, le arrendó también lo suyo, pero fue sólo el tiempo en que estuvieron ellos en el frente. Lo que si tuvo más tiempo arrendado fue lo de Ricardo León,  lo de Adela, y lo de Mercedes junto a lo de su marido José Barco, que eran primos hermanos.

Con José Barco estaba la suegra de Curreli, Isabel y Cucurucho, tenían tres hijos José, Francisco y Amadora, por las tardes iban a la casa del Esparragal y allí jugaban todos los chiquillos juntos. Con Amadora  ha tenido siempre, y sigue teniendo, muy buena relación con nuestra querida tía. Posteriormente, viviendo ya en el Tambor, tuvo, cree ella que hasta ocho hijos, cada vez que nacía uno, su madre iba a verlo.

Hubo otro señor: Lorenzo “El Santero” que cuando su padre tenía arrendado todo aquel campo, se lo subarrendó un año para las vacas, ese está relacionado con El Portalo, de Lora del Río.

 “El año que toreó el inolvidable Manolete en Constantina “-me dice en el año 44, lo busco en google y efectivamente fue ese año, con eso demuestra su proverbial memoria corroborada por muchas otras consultas que he realizado- ella padecía una leve fiebre, consecuencia de un pequeño brote de paludismo. Su padre adquirió las entradas para la corrida, su hermano Juan tendría unos dos o tres años, y cuando dijeron a ir, su madre no quería dejarla sola con la fiebre. La dueña de la pensión insistió en que acompañara a su familia a la corrida, argumentando que ella se quedaría con la niña, así lo hizo, ella se quedó en la fonda y toda la familia fue a ver el espectáculo taurino. Recuerda cómo iba a los toros de pequeña, pero confiesa que le daba miedo.  

Periódicamente venía su madre “al pueblo” para tareas como coser y bordar, era el tiempo que aprovechaba para asistir a la escuela de Dña.: María, en la que aprendió con gran rapidez los conocimientos impartidos en la época. Narra cómo le gustaba jugar haciendo operaciones con los escalones de la casa y cómo al ir a la tienda de ultramarinos, comercio de ropas, etc. le gustaba tener calculado el total, antes de que le hubiesen hecho el cálculo, nos indica que a su padre le sucedía igual. A raíz de esto, quiso llevarla a un colegio de Constantina para que estudiara, pero las circunstancias lo impidieron.

Su padre, asiduo lector del diario ABC,  leyó el decreto con las instrucciones para solicitar la Cartilla Maquilera. Inmediatamente se puso en contacto con dos fabricantes, se personó en Lora del Río, y le concedieron el primer “cupo” que se concedió en La Puebla. Angulo quiso que le repasara parte del mismo, pero él no accedió. El encargado de la oficina  manifestó sobre el encuentro con mi abuelo: “Ha estado aquí un hombre con una “chaponcilla” y… “ ¡Anda que no se explica bien!“. Todo esto consecuencia de que su padre, mi abuelo, solía informarse muy bien de todo y pensaba: “Con educación y vergüenza se puede ir a todos sitios.”  Con la retorta de los sacos de harina del cupo, su madre hacía sábanas, y el cupo facilitó que la cámara de la casa estuviera llena de harina, y como sobraba, se podía vender a un precio muy ventajoso.

Lamenta cómo está la Fábrica de Harina de Peñaflor, un edificio de esa categoría que lo han dejado caer, se sospecha que para evitar que se recuerde el papel que desempeñó esa época. Lo mismo pasa con los pantanos proyectados y realizados en la época de Franco, le decían “Paco Rana” o “Paco Pantano”, le añado que a muchos, si pudieran, tumbarían todos los pantanos para no recordarlo. Concluye diciendo que lo peor que hizo Franco fue abandonar a Andalucía y beneficiar a los catalanes y vascos, pensando que ya iban a cambiar, y mira cómo lo han agradecido, y a nosotros arruinarnos, a pesar de eso, con él estuvimos muy tranquilos, y ahora…” Esto lleva muy mal camino”, “Yo no quiero conocer más”, “Lo que estamos viviendo ahora, lo vivieron mis padres, y lo contaban”, “Hoy no le gusta trabajar a nadie…nada más, dinero, dinero, dinero… y un empleo de estar en una mesa con las manos limpitas”, “El campo que más  trabajo ha dado, se ha mecanizado… y para todo el mundo no puede haber una oficina… ¿no?

Tita María Josefa muestra un indescriptible respeto, admiración y cariño por su padre, serán múltiples las veces que a lo largo de esta biografía lo nombrará. Ahora para comentar el alto sentido de la amistad y la facilidad que tenía para hacer amigos, destaca la entrañable amistad con: Antoñito Delgado, D. Manuel Liñán, Manolito Santana, etc. etc. A raíz de un desarfortunado bellotazo recibido en el ojo, se vio obligado a permanecer en Sevilla tres meses, le atendió el médico militar D. Vicente Díaz Pichardo. Después de esto, se hizo amigo suyo e incluso vino a visitarle, aquí en La Puebla, en el campo del Esparragal. 

Me confiesa emocionada que siempre le pide a Dios que algún nieto, bisnieto, o de la generación que sea, (dicen que hasta la 5ª o la 6ª generación pueden salir) que salga a mi padre, porque el desparpajo que tenía para todo era proverbial, le preguntaban de todo, para particiones y herencias, cálculos, proyectos, etc. y el sentido común y la inteligencia natural que siempre mostraba era indescriptible. Finaliza añadiendo que de lo que ella habla o hace, no se arrepiente nunca.

Mi encuentro con tita el 21 de febrero de 2019, fue en la gestoría  Contaestrella, de nuestro pariente Llamas Castellanos, me recibe en plena negociación sobre el precio del seguro de riesgos laborales (de 272 a 149 euros), su constancia y capacidad de convencimiento, consiguen que le rebaje el importe en un 40% de media global,  pues ha sido capaz de unir la negociación al importe del seguro del coche, que le cumple en abril. Es relevante cómo le recuerda, entre otras muchas razones, que se pasó a su gestoría aludiendo a que tenía que ayudar a criar a los hijos de su sobrino, porque ya los de Francisco Jiménez Silva estaban criados (esto aducido a su hermana Eusebia); el motivo fundamental estribó en que tuvo que pagar 95 euros de un problema que tuvo por una salida de agua. También dejó de confeccionarle la declaración de la renta Llamas Castellanos porque un año le cobró una cantidad desmesurada, por ello no hago más que afianzar la capacidad negociadora que muestra en todas las facetas de su vida económica. Ha tenido el ingenio de proponer al mismo asesor fiscal la confección de un contrato privado, con fecha de hace tres años, para poder cumplir uno de los requisitos que ahora piden para la subvención de la tierra de labor, ella recibirá por el arrendamiento de las tierras, 1000 euros y la subvención neta, el resto para el arrendatario.  

Lo anterior lleva al tema de cómo en su niñez el dinero no se llevaba a bancos, sino que se guardaba en las casas, pues, la ausencia de delincuencia y robos era casi absoluta, gracias a la autoridad y pericia que ejercía la Guardia Civil en el rápido esclarecimiento de los poquísimos casos que se producían. Dos ejemplos que corroboran lo anterior son que, cuando, por la mediación del corredor Antonio Delgado, -adquirió los olivos de la carretera de Las Navas de la Concepción, donde los días 16 y 17 de febrero se ha celebrado el XXVI Campeonato de Andalucía de Perdiz con Reclamo (coincidiendo con la Iª Feria de Caza, Gastronomía y Naturaleza de nuestro pueblo), en la finca de olivos cedidos por los herederos de su hermano Juan, entre los que tenemos que destacar a José María Rodríguez Fernández, actual alcalde de La Puebla,- su padre llevaba 40.000 pesetas de los años cuarenta, en una bolsa hecha por su propia mujer, atada con una cinta y colgada en el pecho. Esos olivos los vendió la familia de Manolo Muñoz (que fue posteriormente director de la Caja Provincial de Ahorros de Sevilla) para pagar sus estudios en Sevilla. Otro ejemplo fue de cómo estuvo a punto de comprar por 80.000 pesetas, los Olivos de Bonet, lo impidió que D. Diego Hinojosa se le había adelantado; así, con el mismo sistema, había trasladado a Lora del Río la mencionada cantidad de dinero, que como el anterior, guardaba en casa, como ya hemos mencionado anteriormente.

Me habla del pavimento de la Calle Mesones, cómo fue el alcalde Antonio Jiménez  quien le puso la solería que la ha caracterizado hasta el arreglo del presente S. XXI.

En plena Guerra Civil y en la posguerra, conoció bien el Comedor Social de la Falange, gracias a que la encargada Huertas García - que  la quería mucho- la llevaba allí y la sentaba en el mostrador, desde ahí podía presenciar toda la dinámica de la asistencia dada. Han quedado en su retina las personas que atendían el comedor, vestidas con la indumentaria y escudo adecuadas a la ocasión y ubicación: la cocinera, María Josefa ”La Gorda”; las que servían las mesas: Francisca “La Faustina”, Isabel Santana y Rosarito Molina; el presidente Manuel Román y su segundo de a bordo, Agustín Martínez.

Recuerda en ese momento atrocidades de la Guerra Civil acaecidas en Palma del Río, como los asesinatos del bando republicano en la persona de la hermana de Magdalena, la de Los Torneros, propietaria con Blas de Écija del Retamar, a la que le cortaron los pechos… luego le siguió el bando nacional pero, aunque lo hizo igual, no mostró tanta saña, quizá por el sentido religioso que les acompañaba.

Triste recuerdo el disgusto, por culpa de la herencia, de su padre con sus hermanos, y me los recuerda con cariño: Juan, casado con Antonia Lisbona, que no tuvieron hijos; y Antonio, casado con Huertas García en el 1945, que tuvieron tres, Manolo nacido en el 1947, Huertas y Miguel.

Me comenta ahora el viaje a Posadas con el taxi de Juan Antonio, un “Pontiac” conducido por su hermano Rafael, el padre de Antoñito. Le dejó un grato recuerdo, pues fue con su padre y su hermana Mercedes, para solucionar un negocio de pesa de cochinos, del que había sido corredor Ruedas. Este escenario le permite contarme cómo el taxi de Miguel “El Pescaero”, cuya mujer era hermana de Pepa “La Pescaera”, venía e iba a diario a Las Navas de la Concepción, para traer viajeros al autobús, propiedad de Paco Díaz, que los llevaba después a Sevilla, o a la estación de Peñaflor. Este autobús se lo compró luego por poco dinero Juan Antonio Sánchez, y fue el origen de la empresa de autobuses “Sánchez”, que todos hemos conocido hasta que la absorbió “Milo”, hoy “Valenzuela”.

En un momento de la historia de nuestro pueblo hubo tres taxis: el de Cirilo,”el pollo en cuestión”;  el de Paco, “el gato en la talega” y el de Juan Antonio, “aguanta lo que puedas”, porque dejaba a la gente en la carretera. El primer taxi del pueblo lo tuvo “Piqueta”, que murió joven, siendo viudo ya que su mujer, que había muerto a su vez por una enfermedad, era el padre de dos hijos, uno murió antes aún de fallecer ella, y el otro,  Manuel Carrasco Torres, quedó huérfano y lo crió su tía Gracia, que le facilitó estudios de mecánica en Málaga, y que es el padre de mi amigo Jesús Manuel Carrasco Algarrada. Me cuenta que todo el pueblo se acercaba a verlo y cobraba una perra chica sólo por el hecho de tocarlo (esto se lo he oído a Jesús en innumerables ocasiones) y posteriormente, el taxi de Antonio “el de Cívico” y Rafael Sánchez (hermano de Juan Antonio).

Con  el taxi de Paco vivió otra aventura inolvidable relacionada con el traslado a Palma del Río, a propósito de otro negocio de arrendamiento de pastos para el engorde de cerdos. El taxi no arrancaba, y después de muchas peripecias, arrancó dándole, al menos, dos vueltas al Kiosco de La Paloma (hoy Bar “El Rocío”) y,  por fin subieron: delante chófer, su padre y D. Manuel Liñán; y detrás, Adoración, su hermana Mercedes, su madre Mercedes y ella, todos cabían perfectamente. Mientras realizaban sus negocios, ellas se quedaron en Palma y dieron un paseo recordado por una foto realizada sin que posara ella.

Le comento que a Paco Díaz  lo veo algunas veces en Matalascañas, este año lo encontré  varias veces desayunando en el bar “La Bota” con Andrés Nieto Castro, y me dice que la próxima vez que lo vea le recuerde otro viaje a Palma (lo intento en el en el verano del 2020, por la pandemia-virus chino o Covid-19, no lo he visto, por tanto me ha sido imposible recordárselo) . La madre de Paco, viendo que iban bien pertrechados de viandas (chorizo, morcilla, etc) le sugirió que les acompañara para así pasar un buen día. Aparte iban su madre Mercedes, su hermana Mercedes, Felisa la de Afrosa (era prima hermana de las de Carmelita Rey y de Lorenzo Santana el de correos y funcionario del ayuntamiento) su marido y ella. Felisa se compró dos trajes de soldado caqui para así poder quedarse en Palma y trabajar de porquera junto a su marido, con los cerdos de mi abuelo.

Lorenzo Santana tenía dos hermanas llamadas María Josefa y Carmen, luego estaba el padre de José Santana y de Lola, que era Ana “La Jiguita“, Isabel, Trini y José. Como hemos comentado son todos parientes nuestros por ser primas de su madre por parte de su abuelo Juan, pero esos parentescos ya no los domina. También me indica que la abuela Rosario de nuestro tío Antonio Sánchez, también era prima de su abuelo. Este desconocimiento se debe a que de estos familiares no le hablaron nunca, como sí había hecho su padre con los suyos, ya  que como hemos apuntado anteriormente, su padre era muy “parentón”.

Cuando el autobús de Juan Antonio Sánchez tuvo el accidente en la carretera de Peñaflor y a su prima Dolores le amputó el brazo, tuvo que ir a declarar en varias ocasiones el padre de Paco, por asuntos relacionados con la transferencia del autobús de Paco (padre) a Juan Antonio. Su padre, mi abuelo José María, acompañó en todo a su primo Amador, y le asesoró e indagó para que le quedara una paga en lugar de indemnización, pero Dolores optó por la indemnización de 45.000 pts.  En este momento vuelve a valorar la figura de su padre, lo considera previsor, de ver los problemas antes de que lleguen, finura en todo lo que realizaba, tacto para tratar a todos dándole a cada uno lo que precisaba, sin chocar con nadie, inteligencia para todo lo que emprendía de trabajo y conflictos, en conclusión, a su padre lo considera un portento, y a su abuelo Juan, también lo valora muchísimo, pues, componía canciones y poesías, dice que le pesará toda su vida que el epitafio que escribió para que se lo gravaran en su tumba, desapareciera con los arreglos posteriores y ella no tenerlo memorizado, solo recuerda que hacía referencia a los olivos que había sembrado en la carretera de las Navas, eso sí, recuerda que comenzaba : En ti puse mi esperanza, en ti puse mi ilusión… lo demás no lo recuerda, en su momento no le dio el valor como para memorizarlo, y solo cuando desapareció comprendió la equivocación que había cometido.

  1. Manuel Liñán era el propietario de la casa donde ella vive, y dice con mucho cariño, que desde donde esté, verá con mucha alegría que vive en su casa la hija del que era amigo íntimo suyo, su padre José María. No debemos olvidar que las extraordinarias dotes de negociador de mi abuelo, le granjeaban amistades y socios, pues sabían que trataba siempre los pastos, compras de animales, etc. muy ventajosamente.

Con sumo entusiasmo me dice que le encanta que la gente del pueblo, estén donde estén le vaya muy bien, y de cómo forman negocios importantes, personas que comienzan sin nada.  Nombra a Garrido “el del polvero”, cómo comenzó con el estraperlo llevando en bici, aceite, pan, etc. a Peñaflor, y el patrimonio que dejó al jubilarse. Le acompañaron en esas travesías por Almenara, Rosalía “la cuencas, y María Josefa ”la del hospital” que nos traía los trajes de Peñaflor,  que posteriormente les confeccionaba  la costurera Dolores Fernández.

La obra realizada para el hotel “La Posada del Infante” le ha producido muchas molestias y consecuencias en la estructura de su casa, sobre todo la instalación del ascensor (ya que se ha metido en la medianera) que desmintió techos y paredes, y ha producido que tenga que hacer y pagar innumerables obras en su domicilio de su propio bolsillo. La última, el alicatado de la cocina. Buscando los materiales… quería azulejos blancos y con brillo, visitó los polveros del pueblo, y quedó admirada de cómo “Los Chatos” han llegado a tener un negocio con tan numerosísimas existencias y artículos, aparte de camiones, cubas, etc. surgiendo también de la “nada”.

La búsqueda de azulejos la llevó al polvero de Peñaflor, en el polígono industrial que está en la carretera de Lora del Río. Le produjo una profunda satisfacción que una hija de Ángeles, la hermana de Rosa “la del huevo”, fuese la propietaria, allí venden artículos de construcción, y de lo más diverso: aceite de Fuente Palmera, garbanzos, etc. etc. Me comentó como ella no había sido nunca envidiosa y que conoció la envidia, sólo cuando veía a alguna de sus amigas con su padre…y ella no lo tenía, por haber muerto tan joven, 60 años.  Al decirme eso, le indiqué cómo yo también conocí la envidia, al poco tiempo de morir mi padre, su hermano Manuel… observando a Francisco Rastrojo hablando con el suyo, luego me pasó también con Carlos Domínguez Perejón, Francisco Paniagua y Jesús Manuel. Con el tiempo, cambié ese hiriente sentimiento por una agradable sensación de respeto y consideración a los padres, que me llevó a tener algún problema con algún amigo, pues, ante la discrepancia de opiniones, apoyaba la de sus padres.

El cariño que le tiene a la Cooperativa de Aceites Nuestra Señora de las Huertas, hace que cuando habla de ella lo haga con gran pasión. No olvidemos que vivió de primera mano su fundación, estaba perfectamente enterada de su funcionamiento por su hermano Manuel –mi padre- que estuvo siempre de vocal. Su opinión siempre estuvo en contra de la fusión de las dos cooperativas (realizada por una diferencia de 4 votos), vaticinando su fracaso y que acabara siendo gestionada por socios de la otra… popularmente conocida como la “Salvaora” o “Cooperativa de Los Joaquinos”. Hablando con el presidente Antonio Palma, le habló de su extrañeza de que ella sólo tuviera unos 12.000 euros de capital social y él 20.000 euros, a pesar de la diferencia de entrega de aceituna que ha habido entre los dos socios y la diferencia de olivos y entrega de producción realizada a lo largo de la historia de la cooperativa.

Tiene claro que la gestión de La Junta Directiva de la cooperativa es nefasta, y desea que las denuncias que hay para esclarecer posibles corruptelas, lleguen a buen término. Piensa que los que lo votan (ganaron la votación de su continuidad en el otoño del año 2018, por 18 votos) en la mayoría de los casos, es porque se aprovechan, y refiere la frase del actual presidente Palma: “A mí no me echan de aquí, ni con aceite hirviendo”. Debo referir la falta de respeto que le tuvo en una cita para  plantearle los problemas de rendimiento de la aceituna. Al no poder convencerla con argumentos, le dijo que iban a poner una foto suya en la cooperativa, junto a los presidentes. La gasolinera, el supermercado, abonos, fitosanitarios, los seguros, etc.  que han montado en las instalaciones de la misma, considera que no benefician a los socios, sino a ellos, porque lo que rentan no se ve por ningún sitio. Lo que si se ve es que las comisiones se las llevan entre los que están allí, como lo demuestra el nivel de vida y aumento de patrimonio de los “que todos sabemos”. Se pregunta… ¿dónde está el dinero de los préstamos que se han pedido, y el de los terrenos de la “Salvaora” vendidos al Ayuntamiento? ¿Y el misterio de los casi 200.000 kilos de aceite aparecidos en la bodega al final de la campaña 17/18?... y que, por ejemplo, en  una fábrica de esta categoría, tiene de beneficios sólo 760 euros de la liquidación de 2016.

A pesar de lo pequeña que era durante la Guerra Civil Española, recuerda a Manolo “el de Visita” como alcalde temporal  contemporáneo a Antonio Jiménez.

Juan José Toribio(el de la Jeringa) dio una conferencia en La Asociación de Mujeres sobre la historia local. Me explica su extrañeza de cómo olvidó hablar de: la Virgen de las Huertas que vino en el arzón del caballo en la reconquista; la mina del Galayo; el molino hidráulico de Cagancho; La Fundición, hoy tapada por las aguas de la Presa de José Torán; la fuente de la Eliseda, en el arroyo del mismo nombre, ubicada en los terrenos de la finca El Esparragal de la que era propietaria nuestra familia, y que cedió desinteresadamente, para que perforaran y sea hoy el manantial que abastece de agua potable al pueblo; los minachos que hay en los barrancos de la citada fuente, y cómo hay uno que tiene anillas para atar caballerías, pues, iban personas de fuera para extraer  excrementos de murciélagos, la “murcielagina”, que luego utilizarían de abono.

La Guerra de Cuba dejó una profunda huella en España, Me nombra a dos de ellos, Antonio Castro Toribio (hermano de su abuela, que no volvió) y al Sargento Eulogio, que tenía tres hijas-Elisa, Rosa y Dominga, y tres hijos, dos militares que estaban por ahí, uno en Mallorca. El sargento era hermano de una muy buena persona, Juanito el de Eulogio. Dominga está viviendo con Alonso Ariza, el hermano de Juan Ariza el de la Caja Provincial de Ahorros, el del Sindicato; y Rosa se casó con Vitoriano, el hermano de María  la mujer de Andrés el de Tornillo.

Sus hermanos Manuel y Juan eran muy distintos. Manuel era muy folklorista, venía los domingos al pueblo y no se perdía una fiesta con su guitarra, eso sí eran fiestas sanas. Lo acompañaban Andresito Zújar, Morenillo, Los Segurillas,  Manuel el Vizco (abuelo de los Peraltas, de los Santos, de los de Moreno) y tuvo los siguientes hijos: Francisco, Antonio, Manuel, José, Juan y María Josefa ( recuerda con quien se casó cada uno de ellos…) en este momento me repite algo que constantemente apostilla: ¡ Cómo me acuerdo de tantas cosas de personas que no significan nada en mi vida, que no me importan nada… y a pesar de eso me acuerdo de toda su vida!... entre todos tenían un repertorio de muchas canciones, “La Jeringosa”, etc. sirva de botón de muestra la siguiente: “Sombrero de jipi japa…”

Por allá viene el alcalde, con su varita y bastón,

sombrero de jipi japa…  dirigiendo la función,

Jesús qué frío hace! Para ir a la plazoleta,

más vale quedarse en casa haciendo los mil pu…

cheros de barro frío, que son mas finos que ollas

que sirven para guisar las cabezas de…

por allí viene tu madre harta de perder trabajo,

y luego viene tu padre agarrándose ca…

ramba con las muchachas, que se miran al espejo,

se dicen unas a otras que largo tengo el…

por ahí viene el alcalde, dirigiendo la función,

sombrero de jipi japa dirigiendo la función.

Tenía su hermano Manuel muchas pretendientas, como Clara Delgado que se “bebía los vientos por él” etc. Le gustaba ir elegante y con 17 ó 18 años  compró una mascota, los chiquillos empezaron a decirle” mascotilla”, entre ellos Gracia, Rafael y Antonio, hijos de Pedro Jiménez que vivía donde está el actual Club de Ancianos; comenzó a perseguirlos y entraron en la casa de La Justa que, como era habitual entonces, tenía su casa siempre abierta, con una silla entre ambas puertas, que evitaba portazos. Uno de los chiquillos se metió debajo de la cama de la señora, que estaba plácidamente descansando con su hija, en plena noche. Llegó Manuel y comenzó a tirarle de un pié hasta que logró sacarlo, con el consiguiente alboroto, allí lo “calentó” como escarmiento en medio de la impresión, protestas y riñas de la buena señora, que no paraba de decir: ¡Ay, por Dios! ¡Pero qué pasa en mi casa! ¡Qué le pasa a mis hijos! (creía que era alguno de sus hijos al que le estaba pegando)

Manuel tenía costumbre de venir al pueblo en una bestia y tocaba la guitarra. En una ocasión se le asombró el caballo, lo tumbó, se le lastimó el pié y rompió la guitarra. Tuvieron que arreglarla, porque en el campo era una pieza fundamental, ya que la tocaba también su padre, José María. Cuando ella era joven, su padre tocaba y bailaban sevillanas Dolores la de Manolillo Mantero, la de Alejandro, etc.

Su padre José María, vivió con la abuela a partir de los 2 años, porque eran muchos hermanos, y aprendió a tocar la guitarra gracias a José, un hermano de su abuela, que murió con 19 años, en La Barrondilla. A José le había puesto su bisabuelo un maestro para que le enseñara a tocar la guitarra. Como su padre estaba allí de pequeño, de vez en cuando, lo dejaban coger la guitarra, y fue así como también aprendió. Tengamos en consideración que José María tenía a su hermano Amador, que era 6 años mayor que él, y a  Dolores que era 4 años también mayor y que falleció con 13 años.

En el sorteo para el servicio militar, le tocó a su padre un buen número, porque era huérfano de padre. El cacique D. Antonio León, le cambió el número y puso a su hijo Gregorio en su lugar. Cuando el bisabuelo se enteró, pagó la cuota y lo libró de la mili, pero como se produjo la Guerra de Marruecos, tuvieron al final que ir todos.  Él estuvo sólo 6 meses y la hizo en Granada, de asistente de un comandante que vivía en Carmen del Gallo nº 25 de Granada, con su mujer, gato y el perro llamado Toy. Como no tenían hijos, al perro y al gato los tenían mimadísimos, nadie le podía tocar y, a él le ordenaban que lo sacaran a pasear, a orinar, etc. portándose fatal, pues estaba en el piso de arriba y había que ir a recogerlo. Para colmo, la cocinera llamada Carmen, le ponía de comer, se acercaba el perro y el gato y no lo dejaban comer tranquilo, pues al decirle: ¡Zape¡ o ¡Fuera¡, ninguno de los dos obedecía. Hasta que un día que fueron el matrimonio a misa y los dejaron solos, cogió la correa y  ordenó al gato: ¡Zape¡, y al no obedecerle le empezó a darle correazos, del mismo modo actuó con el perro cuando le ordenó: ¡Fuera¡, y le dio otra serie de golpes de correa. A partir de ese momento, perro y gato se convirtieron en dos obedientes mascotas, siendo admirado por todos los de la casa, por la obediencia ciega que le profesaban al soldado asistente José María. La señora exclamaba: ¡Cómo te obedecen¡ ¿Qué le has hecho que te obedecen así?, ¡Pues están arriba y los llamas y vienen, y al revés, si los mandas para arriba, van corriendo!, y el asistente respondía: ¡Pues yo no he hecho nada¡

Un viejecillo llamado Eduardo estaba de casero en el campo, su cometido era: hacer la comida, llevar agua, leña, taramas, atizar el fuego, etc. Una Semana Santa, su hermano Manuel, Antonio Castaño “Lagarto”, Josefina la Villareal, etc. cogieron a Eduardo, lo pintaron y vistieron como un Cristo, lo subieron en una estructura parecida a un paso, y lo pasearon por allí. También otro día lo metieron en un bidón y lo echaron a rodar por la cuesta contigua a la casa… lo paró una encina, y a pesar de ello, no le pasó nada. Finaliza diciendo: Le hacían “perrerías” al pobre Eduardo.  

Recuerda que el almuerzo era chorizo, morcilla, queso y gazpacho. Cuando había muchos para comer y quería Manuel y sus colegas más ración de la que le correspondía, se las ingeniaban de esa forma o de otras: cazar moscas de burro y echarlas también en el sufrido gazpacho, había quien se retiraba con arcadas, pues, a Manuel no le importaba comérselas, para así producir aún más repugnancia de los comensales. Cuando se iba a comer alguna, y se veía en la cuchara, pronunciaba una frase recordada por todos: ¡Arrejunta las patitas que nos vamos de viaje¡ y procedía a su deglución ante la mirada incrédula de todos, y la reprimenda justificada de su madre. En otra ocasión, los mismos personajes introdujeron un cerdo pequeño (güarrillo) en el dornillo del gazpacho; todos los comensales se retiraron y dejaron de comer, salvo Manuel, “Lagarto”y algún otro que no le daba nausea, el haber visto la escena del, tan poco aseado animal, nadando en el gazpacho. En esta ocasión la paciencia de su madre, mi abuela Mercedes estalló y,  profiriendo una fuerte riña, prohibió en adelante este tipo de actos.

Le dejó un recuerdo imborrable que un hombre muy mayor del pueblo - que no le dio tiempo a enterarse de quién era- llegó al Esparragal propuesto a su padre por un hijo suyo. Le dijo: “Haz el favor de llevarte allí a mi padre, sólo para que coma”. Efectivamente lo admitió, y cuando llevaba diez o doce días, murió, debido a que su organismo debilitado, no aguantó la comida. Es muy triste, porque no había, ni dinero, ni nada que comer en esos años.

A propósito de esto recuerda que había que levantarse a las 3 de la mañana para ir a escondidas al Molino de Sofío, y así poder moler el trigo necesario para la harina que permitía disponer de pan, fabricado en los distintos hogares, previo amasado en la artesa y horneado en hornos artesanos. No olvidemos que la producción se la llevaba íntegra el gobierno, solo dejaban el trigo de semilla y muy poco más para consumo. Dice satisfecha que su padre “brujuleaba” a la perfección, y gracias a eso nunca le faltó de nada.

Recuerda la fiesta que suponía el recibimiento de tito Amador con sus hijas Rosa, María, Antonia… cuando iban periódicamente a cocer el pan al horno del Esparragal, eran preciosos ratos de juego los que pasaban con los primos.

La mayoría de la gente vivía en esa época en chozos, y en el pueblo había casas de vecinos que, como en el caso de la antigua Casa Cuartel de la Guardia Civil de la Calle Llana, había cocinas en habitaciones que eran a su vez comedor y dormitorio. Los anafes estaban empotrados en un rincón, y el lebrillo para lavar los platos, allí también al lado... Confiesa en ese punto:!Aquello no era vida¡

En una ocasión fueron, a lomos de caballo a La Barrondilla, su padre, su hermano Juan y ella,  para tener una jornada de pesca en El Charco Frío. Se reunieron con ellos, tito Antonio, hermano de tito Amador (eran como hermanos de su padre José María porque se habían criado juntos, y era el abuelo de los Lisbona y abuelo del padre de los Agredano, de José el marido de Trini y de Anita la Romera), Francisco Sosa y Segovia. La pesca consistía en hacer explotar carburo dentro del agua y así los peces quedaban muertos flotando en la superficie. Tito Antonio se puso con un canasto en el “chorrero” esperando caer los peces, pero el experimento del carburo no funcionó…y tuvieron que volver sin la pesca realizada.

En plena Guerra Civil, su padre escondió en el pajal tres sacos de garbanzos, el resto se lo trajeron al economato para repartirlo ateniéndose a las cartillas de racionamiento. El día de las bombas, víspera de la toma del pueblo por los Nacionales, su madre estaba en casa con sus hijos y cada vez que pasaba el avión, soltaba alguna bomba. Murieron tres mujeres, Argimira (madre de Pedro el de Argimita), un hombre vecino de tito Francisco, Durencia (sus hijos eran “los carasucias” unas viven en Madrid, otro trabajó con Antonio Román y otro con camiones) y otra en la calle del Pozo, las tres cometieron el mismo error: asomarse a la puerta para ver lo que sucedía. Ese día, su abuela tenía a nuestra tía en su casa y un trozo de metralla rompió una parte de la tarima de la mesa, imaginemos lo cerca que estuvieron de sufrir alguna lesión o la muerte. Cuando mi padre, su hermano Manuel, escuchaba que pasaba un avión, oídas las primeras bombas, decía a mi tía Mercedes: ¡Niña! ¡Niña! ¡Este va a soltar castaña! En un gallinero explotó una bomba y las gallinas las introdujo en el cráter que formó, el barro salpicado llegó hasta la cuadra de la casa, y la yegua blanca que había rompió el cabestro por el tirón que dio asustada por  la detonación.  En ese momento su madre estaba en el economato a por cosas, en la casa de Las Vinagrillas había mucha gente que buscaba el amparo y protección de los arcos que disponía (Se comentaba que los arcos protegían de las bombas convencionales) allí se protegieron su padre y su hermano Manuel. Su abuela corrió para la casa de su hija diciendo: ¡Ay San Antonio bendito, que no le pase nada a mi niña! y ella repetía con su año y medio las frases que había dicho su abuela, no olvidemos que habían visto cómo la mesa camilla de su tío Francisco le había quitado un trozo de madera una de las bombas citadas.

El economato lo atendían entre otros: Juan Antonio el de María la Estopera, hermano de José, primo de su padre; Ariza, casado con Concha La Primaca, hermano del padre de Juan Ariza (el del sindicato y la Caja Provincial), padre de Antonio Ariza el que vivía en Lora y abuelo de Amador Ariza, el guardia civil de las anécdotas

 Volvemos al  día que  tiraron las bombas, víspera de la toma del pueblo por los Nacionales, nuestra querida tía me relata que su madre comentó que, con las prisas en huir, algunos de los encargados del economato, saltaron hasta el mostrador. Según dijeron, todos huyeron a Francia. La mujer de Ariza, quedó aquí con los hijos y posteriormente consiguió irse también a Francia. María la Estopera, también se quedó aquí con sus hijos Juan, María Rosa y Miguel, posteriormente este último se fue también a Francia, no hizo la mili y volvió a España con la amnistía.  Se le vienen a la memoria, como un torrente que este era hijo de otra mujer, no de Rosenda, que cuando se unió a él llevaba una hija y Juan Antonio llevaba un hijo, Juan de Dios, y nombres como Carmen “La de Coplas”, “La Pura”  que se casó con Castaño, que tenía siete hijas y tres hijos, son personas que tenían casi la edad de su madre.    

El día que los del Bando Republicano encerraron a todos “los colonos” (que eran aquellos  que tenían dinero o que parecía que lo tenían) en la cárcel, venía del campo su padre con su hijo Manuel (mi padre), y lo pararon antes de llegar al pueblo y le dijeron: José María, ¡Por Dios! ¡Cómo vienes para el pueblo que están metiendo a todos los colonos en la cárcel¡ y volvieron para atrás y durmieron aquella noche en lo alto de un cerro padre e hijo, su padre y el mío (con 10 años).  Habían encerrado a Tito Amador, José Becerril, lo leones, los sixtos, etc. y exclama: ¡Uy, qué miedo de guerras!  Las escopetas y todo tipo de armas las confiscaban los republicanos, a su padre le quitaron la escopeta y a mi abuelo materno un revolver que tenía escondido en el pajar. Cuando llegaron los Nacionales, realizaron la misma operación confiscatoria, y a un jabonero lo asesinaron por tener las armas en un colchón y no querer entregarlas, dejó tres hijos huérfanos. Debido a que en el pueblo no mataron los republicanos y sí los nacionales, es por lo que está, en ese sentido,  la izquierda más crecida.       

Uno de los asesinados por los nacionales fue el padre de Carmelita la de Brígida, el abuelo de Cayetano, lo enterraron en la carretera de Peñaflor, la de Almenara, y cuando hace varios años lo exhumaron, encontraron entre sus restos óseos y ropas, su reloj y monedas, las cuales están en el despacho del alcalde de nuestro ayuntamiento. Recuerdo cuando niño, que iba a jugar con mis amigos por la carretera de arriba y en varias ocasiones me dijeron: ¡Mira, allí se ven los restos de los que mataron en la guerra! Y recuerdo que en la orilla de la carretera, yendo para Peñaflor, en la parte izquierda y cerca del pueblo, después de unos arbustos y zarzas, se veía un pequeño promontorio donde aparecían unos trozos de ropas muy deterioradas entre la tierra. Resulta curioso que nadie en tantos años osara profanar la tumba. Para esos fusilamientos iban voluntarios o sorteaban a los ejecutores. A uno de La Fillita le tocó ir a fusilar, y dijo que él no iba a matar a su tío, que en esa ocasión, era uno de los condenados, por ello se fue del pueblo y no volvió más.

En esa fecha todas las imágenes de la Iglesia las sacaron y tiraron haciendo un montón en el rincón de la parte norte donde estuvo ubicada la Cruz de los Caídos con una lápida con los nombres de los caídos del Bando Nacional (hoy desaparecida). En ese trabajo estuvo obligado, entre otros, Antonio Delgado y después de obedecer estas órdenes, los obligaban a ir a trabajar… y me expresa: ¡Qué miedo¡ ¡Qué miedo¡ Las imágenes no las quemaron, no se por qué, solo quedaron deterioradas por algunos golpes. La Iglesia fue acondicionada de hospital. Cecilia, suegra de Antonio Román Sánchez y abuela de Cristóbal Román Martínez  y Jesús, guardó en casa todo lo del Santísimo (Custodia, etc.) Y la Virgen de las Huertas del arzón del caballo de Fernando III El Santo,  la recogió una niña que pasaba por allí con un canasto de carbón, y allí, en el canasto, la escondió en un descuido de los vigilantes. 

Miguel Agredano era director de un banco en Málaga, hermano de su tía María, siempre que venía a La Puebla, se iba unos días al Esparragal, le acompañaba, Chelo (de su edad), Fernando,  María Victoria y Miguel(como tito Juan) y otro chico que ella no conoció. Todos iban acompañados siempre  de su prima Consuelo, que a veces llevaba piojos y se los pegaba a su hermana Mercedes y a ella. Cuando ellos se iban tenía su madre que proceder al tratamiento de toda la familia. La última vez que tuvo piojos, me dice que fue con 18 años, yendo a clase de costura, donde había una familia muy pinturera (no quiere nombrarla) que estaba siempre infectada: “Tenían más piojos que pavas”.

Su hermano Manuel también los cogió en Ceuta, y utilizaban el pediculicida Cupex, hoy sigue comercializado como Cupex ZZ, y actualmente es el producto más barato del mercado, lo trajo y, desde entonces, si alguien cogía piojos, algo tan frecuente en la época, su madre iba a  la farmacia y lo compraba, y con él comenzaba el tratamiento. Recuerda cómo morían rápidamente y se veían muertos “tiesos” con las patas para arriba. También tuvo que desparasitar a su Juan, ya que se lo pegaron en la escuela.

 En una ocasión tita Mercedes se los detectó en vísperas de feria, le dijo a su hermana que le hiciera el tratamiento, ella, tita María Josefa dijo que tenía con urgencia que ir a la costurera porque la fecha apremiaba. Pero cuando se acercó, vio que ella también tenía. Tuvieron ambas que proceder al tratamiento de Cupex, y al día siguiente se personó en la costurera con el pelo muy suave. Le preguntaron que por qué no vino el día anterior, se excusó de por qué no pudo ir y,  al preguntarle que producto se había echado en la cabeza para que estuviera tan suave, dijo que aceite (no quiso hablar del tratamiento). Cuando la sobrina de la costurera se lavó el pelo y se echó aceite (la que está en Lora), se le puso con un aspecto aceitoso fatal, y tuvo que lavárselo otra vez.

El servicio militar obligatorio en los destinos de África de los años 40 del s. XX, entrañaba un peligro por las enfermedades endémicas que allí existían. En la misma Ceuta enfermaban o morían soldados que se incorporaban sanos a sus destinos. Son ejemplos  un hermano de Manolo Mantero, que  murió allí y Pedro Molina, que  vino enfermo. En ese contexto le tocó ir a Ceuta a su hermano Manuel, su despedida estuvo acompañada del  miedo a que no volviera.

Su madre y su padre decidieron ir a visitar a Manuel a Ceuta (19 años), este, para cualquier emergencia recurría a Anita Navas, novia de un Molina Barco (posteriormente falleció también allí) que era hijo de una prima hermana del padre de Carmela, la que vivía frente al que hoy es Bar El Rocío. Este era el domicilio donde recurría Manuel para cualquier emergencia en su estancia en Ceuta. Cuando se disponían a ir, un inconveniente hizo que su madre, Mercedes, no pudiera. Su padre insistió, para estar en su destino  la semana prevista, ya que habían acordado eso con su hijo y no podían defraudarlo. Quien no quería renunciar al viaje era su hermano Juan a sus 5 años, pero decidieron que no podía ir siendo tan pequeño, así que su padre  preparó todo para ir sólo al viaje, pero, cuando se disponía a colocarse los zapatos nuevos, no encontraba más que a uno; por mucho que buscaron no apareció y tuvo que llevarse los zapatos viejos para no perder el viaje. Al cabo del tiempo, cuando fueron a cargar el trigo, apareció el zapato sumergido en el mismo, su hermano Juan se descubrió como el autor de la ocultación. A todos llamó la atención, la idea que tuvo para retener a su padre para que no pudiera hacer el viaje previsto, y también cómo habría alcanzado la caja de los zapatos nuevos, que estaba puesta en un altillo, Juan nunca lo desveló.

Su hermano Juan siempre quería acompañar a su padre en todo. Un día en la Plaza de la Virgen de las Huertas, en la fuente redonda, preparada de abrevadero de bestias, estaba su padre dando de beber a las mismas y una le dio con el hocico a Juan y lo tiró al pilar.

El 12 de marzo del 2019, pasadas las dos de la tarde, después de una entrevista con Tita María Josefa, encontramos a D. Miguel Rastrojo Romero, el cariño, afecto, dulzura y entusiasmo que irradia, nos lo muestra también en este encuentro hablando de los Dominicos y de La Colonización de América.  Tita María Josefa le recuerda cómo su padre (abuelo José María) y Evaristo Rastrojo (el padre de D. Miguel y del ex -alcalde Francisco Rastrojo Romero) fueron a comprar cerdos a Hornachuelos. Llevaron a sus hijos Mercedes y Miguel respectivamente. Cuando los mayores estaban haciendo el trato, le dijo Miguel a Mercedes: Mira, a nosotros nos dicen “cucharros” y a estos le dicen “melojos”. En ese momento empezó a decir en voz alta Mercedes: ¡melojos! ¡melojos! ¡melojos!, y D. Miguel muy prudente le decía: ¡Calla, calla  que nos van a pegar!

Era costumbre purgarse o tomar purga periódicamente, el motivo era la gran cantidad de bacterias y virus que había en la dieta de la época. No olvidemos que se comía tocino, morcilla, chorizo, etc. todos derivados del cerdo y con posibles infecciones debido al poco control de la época. Con el tiempo, esta alimentación, producía cortes de digestión, colitis, jaquecas, etc. por eso una o dos veces al año, era aconsejable tomar Agua Carabaña o aceite de ricino, más tarde aparecieron las sales de fruta Eno. Los sabores de los dos primeros eran… horrorosos, sobre todo para los niños. En una ocasión, llegó la hora de la purga, 6 de la mañana, su madre se la quiso dar a la más reacia a tomar medicinas, su hermana Mercedes, como se negaba, llegó su hermano Manuel y se la tomó dándole ejemplo de cómo se hacía ( Se fue al campo y él sabría las veces que tuvo que parar para excretar), luego ella, que también la tomó, Mercedes seguía resistiéndose, le llegó el turno a su hermano Juan, que con sus cuatro años, no quería, y su madre indignada le vertió su dosis por la cabeza. Su padre José María acudió llamado por Juan y escuchó las explicaciones de su mujer, con lo que lograron convencer a Mercedes para que por fin la tomara.

La distribución de los hermanos durmiendo en casa era: las dos hermanas abajo, en la cama de dos cuerpos, y en la contigua, Juan. Arriba en un rincón estaba Manuel, rodeado de trigo. Cuando se casó, Juan subió a la cama de Manuel, y quedaron las dos hermanas abajo.

A ella le dieron fiebres, una cuando fueron a ver a Manolete- ya narrado- pero se le quitó con unas pastillas, y otra con la epidemia de paludismo que afectó con gran virulencia a nuestro pueblo. En esta última, su hermano Manuel y su hermana Mercedes también estuvieron afectados y, esta última, no se tomaba las pastillas. Carmen Sorroche Llamas, que estaba en Gibla, pasaba por la vereda de carne a menudo, y le habló a su madre de unas inyecciones. Le regaló las inyecciones, pero Mercedes tampoco quería tomarlas. Lo que sí hizo fue darle una a un gato muy manso que allí tenían. El gato se puso como loco y su madre pensaba: ¡Este gato está rabioso¡ y lo encerró en unas escaleras que tenían preparadas para los chivos. Cuando llegó su padre, su madre le enseñó el gato y entonces su hermana Mercedes se delató: ¡Que no! ¡Que la inyección que me iba a tomar se la he dado al gato¡

 Un día que pasaba por allí la pareja de la Guardia Civil y que entró en casa para tomar algún aperitivo, su madre siempre le preparaba café o lo que procediera por la hora de la visita, se presentó el gato por la ventana con un conejo en la boca. Y un guardia dijo: ¡A los perros hay que ponerle “tanganillo”, pero aquí hay que ponérselo hasta a los gatos!  En ese momento expresa cómo ella,  sus sueños y sus recuerdos más inolvidables los tiene de esa casa, la del Esparragal.

En 1950 fueron a Sevilla su hermano Manuel, su hermana Mercedes, Adoración, Juana, Eusebio Mantero, Rosa, Domingo el zapatero y su madre Huertas (antes vivieron en la casa de Antonio el herrero), para visitar una Exposición de Buques, en el muelle de Triana (compruebo el dato en el Google y efectivamente se celebró ese año). La visitaron aquella tarde y les encantó la iluminación y variedad de barcos que se exponían. Se personaron en la fonda Doña María y estaba completa, mi padre Manuel y Eusebio Mantero durmieron en el comedor; Adoración (su hermana Sacramentos no vino porque estaba con sus tíos Morgado y Concepción), Mercedes y a ella, le acondicionaron un trastero que había en la azotea al lado del gallinero. Las gallinas y el gallo cacareaban por la mañana y se les oía desde el trastero muy bien; Juana, Rosa, Domingo y su madre se hospedaron en la Fonda de Fabri, donde estaba trabajando una hermana de Huertas, tuvieron que dormir los cuatro en una cama y, a medianoche, se rompió del peso y cayó la cama. Por la mañana estuvieron esperando al novio de Juana, Luisito Angulo, en el Bar Flor, y no apareció. Visitaron de nuevo  la Exposición, aquella segunda tarde y la mañana del día siguiente, en el tercer día aprovecharon la tarde para ir a los toros. A la comitiva se había añadido su futuro cuñado Antonio (que se puso una chaqueta blanca de Manolito Enrique, que residía en la fonda,  y mi tío Andrés Sorroche, ambos estaban haciendo la mili en Sevilla. Me recuerda que ellos dos y mi padre eran de la quinta del 46. Rosita La Guillerma, llevaba una cesta de mimbre con comida, y se la quiso dar a ella, pero ella se negó por el peso y tuvo que compartirla con Domingo, que sí se ofreció. De los toros tuvieron que salir antes, para no perder el tren, y Huertas perdió el billete, que apareció de casualidad. En la Exposición vieron a Paniagua y Anita Hinojosa, a Carmen “La Quica”, etc., pues asistió mucha gente del pueblo. Como resultó el evento tan interesante - había barcos y buques de muy diversas naciones-, nuestra querida tía pensó que iban a repetirlo en el año 2000, pero no se ha producido.

Antonio Sánchez y Andrés Sorroche estuvieron tres años haciendo la mili, porque eran voluntarios, mi padre, su hermano Manuel,  estuvo con ellos los seis meses de campamento, y completó los dieciocho meses restantes en Ceuta, porque había ido por su quinta, fue recomendado por Pepe Martínez, al que regalaron dos cerdos. Cuando le sortearon y vieron el destino de Ceuta, fue su padre a la Caja de Reclutas de Osuna con Antonio Delgado, en el taxi de “El gato en la talega” de Paco, con intención de que le cambiaran el destino, pero no pudieron hacer nada, los destinos estaban inamovibles.

Para aliviar el destino de Ceuta, se pusieron en contacto con el capitán José María Rey Rodríguez (era primo hermano de su abuelo Manuel y vivió después de su jubilación en la casa de los corcheros), que había sido padrino de boda de sus padres, y padrino de bautizo de los cuatro hermanos; a pesar de la edad, todavía conocía a militares en Ceuta. También se apoyaron e intervino  Pepe Martínez.

En aquella época los bautizos se hacían a los pocos días del nacimiento, las madres no salían de casa hasta que no bautizaban a los niños, y a partir de los tres días se pagaban indulgencias. Recuerda que si los niños se bautizaban a los tres días ganaban las citadas indulgencias. A ella la iban a bautizar y el capitán de infantería Rey tenía el banquete preparado con mucha gente invitada: Agustín, Cristóbal, Sixto Martínez, etc., pero una sobrina, hija de una hermana suya, se puso enferma , y esperando que sanara, la bautizaron a ella con seis meses, después de morir  la niña.  De pequeña recuerda haber visitado con su padre y su madre la casa del Capitán. Cuando nació su hermano Juan, su madre dijo que ella no se iba al campo sin haber bautizado a su nuevo hijo; así que el padrino, capitán Rey, accedió a venir enseguida y la madrina, que estaba enferma, fue sustituida por la mujer de Bautista el practicante, Carmela.   

A su hermana Mercedes le mordió con cinco años un perro y su padre la llevó a Sevilla, se hicieron una foto inolvidable, donde ella está muy linda, y el padre está muy delgado y viejo, con un sombrero y con un traje de chaqueta.

Una mañana, estaba nuestra protagonista jugando en el cerro que hay frente a la casa de campo de El Esparragal, observó que venía su padre en el caballo por el campo de Merceditas Castro y traía detrás una persona. Se fijó mejor y comprobó que era un cura por su sotana y sombrero negros. Corrió a la casa y le dijo a su madre: ¡Mamá, mamá, mamá, que viene papá con un cura! Interrogó su madre extrañada: ¿Con un cura…? Y respondió ella: ¡Sí, porque trae enaguas y un sombrerillo!  La madre se acercó y comprobó la certeza de lo que decía nuestra querida tía. Rápidamente cambió de ropa a sus hijos y ella se adecentó para recibir a tan ilustre personaje. Cuando llegó resultó ser un cura zahorí, su padre lo había llevado para localizar el sitio óptimo para perforar un pozo. Realizó su trabajo ayudado por unas varillas y, señaló una ubicación que es donde con posterioridad, los actuales propietarios de la finca, han hecho un pozo. Mi abuelo no llegó a ejecutarlo, y después de pasar el día con ellos, por la tarde regresaron al pueblo con el objetivo cumplido. Después de esto  cuando la gente le decían a su padre que porqué había llevado al campo a un cura, él le respondía que para confesar a los viejos que había allí en el campo, pues así, si morían los enterrarían cristianamente y no los tendrían que echar en el osario. Con el párroco D. Antonio María Pérez Nieto se utilizó mucho el osario para personas no confesadas antes de morir o sin la unción de enfermos; luego llegó otro cura, D. Antonio Labrador, que  suavizó mucho el sacramento. Los niños de la época,  interrumpíamos nuestros juegos en la calle y nos acercábamos a los curas para besarle la mano.

El año que falleció su hermano Juan, tuvo una hemorragia interna. Ella notaba que se ahogaba bien cuando iba a ver a su hermano, cuando  iba al Consultorio, o volvía de visitar la obra que se estaba haciendo en casa de su hermana Mercedes, también excretaba oscuro. Pensaba que todo era producto de las muchas preocupaciones y responsabilidades que la afectaban. Pero como todo se agravaba, decidió ir al médico y este le dijo que debía ir a Sevilla. Comenzó un rosario de llamadas y ninguno por diversos motivos le contestábamos. Llamaba a su sobrino José María Sánchez, a Ely y a mí, y no contestábamos. José María y Ely trabajando, yo estaba de viaje, tito Juan estaba muy grave (murió el día 1 de septiembre y esto ocurrió el 14 de julio. Ella se negaba a ir a Sevilla, pero le sentenció el enfermero  D. Pablo: “Tú te tienes que ir a Sevilla, porque te tienen que poner sangre”. Esto la concienció.  Por fin José María descolgó el teléfono y de inmediato la llevó a Sevilla. En el hospital le hicieron todo tipo de pruebas y decidieron ponerle tres bolsas de sangre. Estuvo allí desde las 4 ó las 5 de la tarde,  hasta el mediodía siguiente, que le dieron el alta. Y cuando le dieron el alta, nada más que hacía dormir y dormir… y pensaba: ¡Mira que si me han puesto la sangre de alguien que sea muy perro, muy perro y yo, de ahora en adelante no tenga nunca más gana de hacer nada y sólo tenga  gana de dormir! Cuando volvió al pueblo, visitó a su hermano Juan que estaba muy afectado al conocer su ingreso, al llegar mostró gran alegría y le dijo lo bien que le habían sentado las bolsas de sangre que le habían administrado. Cuando después le dijeron (pocos días antes de morir) que le pondrían a él sangre, su hermana tuvo una buena base para animarle, argumentándole a su hermano, lo bien que a ella le habían sentado.

 

                                IV).- LAS PLANTAS Y VECINOS.

El amor que le tiene tita María Josefa a las plantas, hace que tenga un jardín que transmite belleza y frescura, con un diseño sencillo y equilibrado, fruto de una vida donde el cariño a las plantas ha sido una constante.

El colorido y belleza cromática de su patio son el primer impacto positivo y relajante al entrar en su diáfana y limpia casa. Sorprende la solera y el brillo del mármol blanco y negro de la solería, y la limpieza y fragancia que emana el mobiliario con esa ventilación tan especial. La amabilidad de la anfitriona y su sentido común, información e inteligencia natural aseguran una estancia agradable y placentera donde el tiempo corre a una rapidez sorprendente.

Plantas conservadas desde muy antiguo,  gracias a que las renueva con la plantación de sus esquejes, trasplantes y semillas.  Realiza también el mantenimiento de las plantas que hay en su almacén-cochera de la Avenida de Constantina-, los patios de la casa familiar de la Avenida de Andalucía, y de su cuñada -mi también entrañable tía-  María Sorroche Silva, arreglándole con gran pericia y rapidez macetas de su patio, corroboran lo dicho con creces. Del mismo modo si consideramos que, las plantas de vivero, regaladas en bodas y otros eventos, como la que se dio en la boda del hijo de María y Miguel García Medina en Cádiz, la conserva después de pasados varios años del matrimonio, y le ha proporcionado  una planta a María, admirada al presenciar lo narrado;  como un rosal de hace más de 40 años- cuyos pétalos se le ponen rojos por las puntas cuando envejece y por la noche las rosas se cierran-; o las de Navidad, que a ella le perduran vivas año tras año; las dadas por su vecina Rosa (casada con el policía jubilado Francisco Gutiérrez) ; la traída por Isabelita de Mahón; la que “renace” de mi tía Adoración (primera mujer de mi tío Andrés); el paragüita que trajo de la oficina de empleo de Lora; los clavelitos, obsequio del Día de la Mujer de hace tres años (hoy preciosa maceta en flor que parece seleccionada del mejor vivero), una esparraguera procedente de semillas que trajo de Estepona… y así conoce y nos puede relatar  la procedencia de todas sus plantas. Creo que lo anterior nos da idea de lo difícil que es expresar, la grandeza de lo que aquí deseo transmitir,  pues nos relata, con pasión, de cada planta esa especie de  “pedigrí”, y así consigue captar nuestra atención y generar amor a las plantas. 

Nuestro encuentro el día 1 de mayo del 19, se produjo en un radiante día. La calle Mesones y la Plaza del Ayuntamiento se muestran engalanadas con los colores de sus plantas, y por la luminosidad y frescura de la primavera. El remanso de paz que supone este entorno, se ve desbordado al entrar en la casa de nuestra querida tía María Josefa, y a la alegría de su recibimiento, se le añade esa casa inmaculada, alegre, iluminada y ventilada, y ese patio teñido de color, con una policromía que hoy, más que nunca, es un placer para los sentidos, superando la atmósfera que se respira y late en los patios de Córdoba. El silencio acaricia nuestro espíritu y sólo le acompaña la orquesta del trino de algunos pajarillos, únicos enemigos de sus plantas, pues pican y rompen sus brotes tiernos.

Me muestra entusiasmada cómo cuida sus flores, sus plantas, etc. tiene un balcón por encima de su patio lleno de gitanillas (de las antiguas, no de vivero) en flor, conserva plantas raras que recuerdo en el patio de nuestra abuela Mercedes desde que yo era pequeño: esparragueras, clavelinas, doradillas… Dice que la afición le viene de toda la vida, al igual que su madre. Me comenta que si a mí me gustan las plantas, tengo a quien salir, a ellas dos, a mi padre y a mi abuela Isabel Silva Tierno, todos grandes amantes de los jardines y de las flores. Me pormenoriza la mañana ajetreada que ha tenido, cuidando las macetas y arriates de su cochera y de la “casa de abuela” en la Avenida de Andalucía, pues, al día siguiente iba a una excursión a Bolonia y Vejer de la Frontera, organizada por la Asociación de Mujeres “El Alerce”, y como pasado mañana era sábado, no se sabía cómo se iba a presentar, al igual que el domingo. 

La buena armonía que disfruta con los vecinos, amigos y conocidos de toda la vida, se la demuestra la mañana del 3 de abril Inés Sosa, la mujer de Antonio González (el de Narciso), pues llega con una prenda interior, resto del antiguo comercio de telas que regentaban, ya que estima que es de la talla de Tita María Josefa, y se la regala. Tita se muestra muy contenta y cuando se va Inés, me dice que cree que no le estará bien, pero que con la ilusión que ha llegado para regalársela, ¡no le va a decir que no le gusta o que le está mal ¡, otro día que me diga algo le diré: ¡Me ha estado muy bien, muy bien¡ De este modo nos muestra su amabilidad, talante  y deseo que quien la rodea sea feliz.

                                    V).- EL FÚTBOL.

Una de las pasiones que ha tenido a lo largo de su vida ha sido y es el fútbol. Su equipo favorito es el Sevilla C.F. también le gusta en muchísima menor medida el Real Madrid. En general es amante de todos los deportes, pues, antes de ver una película de penas, guarrerías, asesinatos, desnudos, etc. prefiere ver un partido, aunque sea de baloncesto; lo que lamenta manifestar, es que no le gusta nada el fútbol femenino.  Me comenta que su afición comienza escuchando la radio en casa de su vecino Pedro García (casado con Encarnación Medina Silva), por ello no es capaz de precisar la edad en que comienza su pasión por el Sevilla; del mismo modo le sucedió a su hermano Juan, también sevillista desde siempre.

Me recuerda que Jeromo Serrano, casado  con Josefa “La Vila”, fue el aguador y masajista que está en la foto del equipo que formaron Los Gordos para competir con Los Flacos en un inolvidable verano. En el equipo de Los Gordos compitieron su marido Antonio León, su primo Andrés Llamas, etc. de los que ya sólo quedan tres vivos: Piqueta (Manuel Carrasco Torres), Manolo Morales y El marido de mi tía Marisabel Jiménez Silva (de Palma del Río).

Narra cómo a las 6 de la mañana estaban en casa de Pedro:  Antonio, Francisco Jiménez (el de Anita Bermejo), su hermano Pedro, Rafael Pardo y Antoñín, y se iban en autobús a Sevilla para ver el partido. Tenían que salir del estadio unos minutos antes de su finalización, para no perder el tren 

La primera vez que fue a presenciar un partido en directo, fue con Juan Sosa y su mujer Antonia, era un partido que no era de socios, en aquella ocasión jugaba con el Atlético de Madrid. El motivo de llevarla era que Juan Sosa veía  su apasionada afición al Sevilla y por ello llevaba tiempo diciéndole que la iba a llevar a ver un partido. La segunda vez que fue al campo del Sevilla, iban también, el matrimonio Sosa, el que luego ha sido su marido, Antonio León Santana y Manolo López. En esta ocasión si era un partido de socios y ella ocupó el lugar que Eugenio Jiménez le cedió, yéndose él a otro sitio, después del partido se reencontraron.

Al preguntarle que cuál fue el partido con el que más ha disfrutado en su vida, me confiesa rotunda que ha disfrutado en muchos, en muchas finales de la copa de UEFA, Trofeo de Carranza, Trofeo Colombino. También confiesa que ha sufrido mucho, como cuando estando de portero Monchi, en un partido con la Real Sociedad, le metieron al Sevilla dos goles en tres minutos , cuando sólo faltaban siete u ocho minutos para terminar… eso : Nos echó a Segunda División”  Otro año fueron a ver el partido de Oviedo-Sevilla y se jugaba el Sevilla el pase a Segunda División, dependiendo del resultado de Betis con el Sportin de Gijón. Ante nuestra sorpresa, el Betis se dejó meter varios goles para que el Sevilla pasara a Segunda, termina exclamando: ¡Qué malos son los béticos! La recompensa la tuvimos al año siguiente, que el Sevilla subió a Primera División y el Betis bajó a Segunda.

En la etapa vivida con su marido, 20 años, siempre que han podido, han visto todos los partidos del Sevilla jugados en casa y, aunque eran socios de la Peña Sevillista Relente (que está en Nervión, junto al Hospital de San Juan de Dios) los partidos de las salidas del Sevilla C.F. las han disfrutado gracias a ir con la Peña Sevillista de Macarena, salían del Bar de la Esperanza, que ahora está en ruinas y me recuerda que en frente, en la cafetería El Diamante le quitaron e ella el bolso. Los viajes en autobús con la citada Peña, le ha permitido visitar reiteradamente todos los rincones de la España peninsular y cultivar la amistad de innumerables personas. Hace mención de que el acoso más horroroso que han vivido y sufrido, ha sido en Barcelona cuando iban a ver los partidos, dice que gente alta y fuerte les insultaban y les decían que Sevilla no tiene agua, etc… en una ocasión una se atrevió a decir: “Allí tenemos al río Guadalquivir, con el que hay agua para ahogar a todos los catalanes”. Recuerda que la dueña del kiosco de prensa que hay al final de la calle Sierpes junto al Ayuntamiento, siempre iba adornada con pendientes y todos los colgantes habidos y por haber del Sevilla, y que a ella le daba miedo de cómo se enfrentaba a otros hinchas, la consideraba una temeraria y nuestra tita no quería ir a su lado, pues temía por su seguridad física. Concluye, que si eso era entonces… ahora ¡Vaya cómo será!

Ha conocido y tenido amistad con los jugadores y luego entrenadores Caparros (actualmente tiene leucemia y comentó que: “Mientras pueda la va a vencer para luchar por el Sevilla”), Monchi y Cardo; también con Eduardo Arenas Montenegro, con el que se llevaba muy bien su marido q.e.g.e. Antonio, el hermano de Javier Arenas, candidato del P.P. , que tiene un bufete de abogados muy famoso y al que se le murió un hermano con 20 años; con Araujo de Alcalá de Guadaira; con Pavlov; con Escota, que le metió 4 goles al Barcelona, cada vez que juega cualquier equipo con el Barcelona, piensa: “Ese equipo necesita un Escota”; con Maradona, que se llevó en un año mucha “pasta” y se lo llevó el Barcelona; con Paco Buyo;  con el alcoleano  Maldonado, el de los partes meteorológicos; con Eduardo Romero; con Del Nido, con el que han tenido una relación larga y distendida en el tiempo, nunca pudieron imaginar que tuviera tantos problemas con la justicia, Antonio lo ponía “como un trapo” por haber arruinado al Sevilla, etc.

Cuando se desplazaba el Sevilla a jugar fuera, el hotel donde se quedaban sus jugadores, allí residían ellos también, si no era posible, iban a visitarlos, así que en los comedores, salones, etc, del hotel, eran frecuentes y muy amenas las conversaciones con todos ellos. Así que han tratado con Sartas, Maradona, Simeone, Francisco, Rafa Paz, Montero, etc. A Montero lo lesionó Pereira en el Trofeo de Carranza, que vino a jugar con un equipo extranjero, después de que lo fichara el Atlético de Madrid, y estuvo lesionado varios meses.

La formidable afición por el Sevilla queda demostrada en un viaje a Barcelona que organizó el párroco D. Rafael, iban el cabo Caballero, Vizcaino y su mujer, Juan Santana, Angelita Santana, José Agredano con su madre, etc. Allí vieron a Mercedes, hermana del cura y se llevó a José a una discoteca y volvieron a las 5 de la mañana ante las protestas de su madre. Su marido Antonio le dijo en Calafell al cura-párroco: “Si el autobús no llega con tiempo para ver esta tarde el partido con el Valencia, nos quedamos aquí y nos vamos en tren”. D. Rafael le aseguró que se llegaba a tiempo, y el autobús los dejó en la misma puerta del estadio Ramón Sánchez Pizjuán.

El Barcelona siempre se ha llevado a los mejores del Sevilla, recordemos a Rubio, etc. y últimamente a Rakitic, hay excepciones como Sergio Ramos que con sus treinta y tres años sigue jugando bien en el R. Madrid. Menos mal que ha vuelto Monchi, para los nuevos fichajes.

Coincide que nos vemos con posterioridad al derbi del 13 de abril, ganó el Sevilla en un ajustado 3 goles a 2. Me confiesa lo que ha disfrutado y sufrido, pues, al final del encuentro, el árbitro no pitaba ninguna falta al Betis, a pesar de lo sucio que jugó, sobre todo, el último cuarto de hora, y también la presión que ejerció en esos últimos minutos. Finaliza reconociendo que si continúa el partido otro cuarto de hora más, le hubieran marcado.

A finales del mes de marzo, le llama desde la Alcaldía su sobrino José María Rodríguez Fernández, diciéndole: “A ver si puedes venir un momento, quiero que veas algo que hay aquí”  Ella le responde: ¡Como sea para cosas de solares y contribuciones…!, le insiste su sobrino, que no le dice nada, pero que venga, y ella me confiesa que emprendió camino del ayuntamiento, pero “renegada”. Cuando llegó, la recibe, y le dice: ¿Conoces a ese señor que hay ahí sentado?, ella le responde que le suena la cara de haberle visto muchas veces, pero que, en ese momento no caía; a lo que le dijo José María: ¡Ese es Diego! Le reconoció enseguida y la alegría de tita fue mayúscula. Entablaron conversación y comenzó diciéndole que ella había sido socia del Sevilla 21 años, y 36 su marido Antonio. Le dijo que lo tenía en una foto en casa y ante la sorpresa de Diego, le dijo que fue el año que se vistió de Rey Mago para entregar los juguetes de Reyes a los niños ingresados en el Hospital San Juan de Dios, era muy bonito verlos allí sentados esperando los regalos; ella estaba allí porque los acompañaron varios años en la entrega de regalos y ese año los entregó Diego Simeone, él y un tercero que no recuerda. Le dio detalles de su época de jugador que sorprendieron a Diego por su precisión. Le habló de Diego Maradona  y nuestra protagonista le apostilló que Maradona jugó con ellos al año siguiente. Le dijo que lo vio hace unos dos meses en el resumen de la televisión a propósito del homenaje a Pablo Blanco realizado en el Salón de Actos del Sevilla C. F., pues, lo que transmiten el TV, del Sevilla, no se pierde nada. Le sugirió la conveniencia de que a él le debían hacer otro homenaje como el de Blanco, y que le encantó ver a Lora, a Curro San José, a Cardo, etc.; le recordó la lesión de Montero por Pereira con todos los detalles; su experiencia en Barcelona, etc, etc. Diego reconoció que tenía olvidadas muchas de las anécdotas y vivencias recordadas, lo que le provocó gran admiración y profundo respeto por nuestra querida tía. 

Este invierno murió un Peralta, que junto a su hermano Lorenzo, han trabajado mucho por el equipo de fútbol de La Puebla, y por el fomento del deporte en nuestra localidad. Por ello le han hecho un homenaje en el que  el ayuntamiento ha sido protagonista y, como era muy sevillista, pensaron avisar al Sevilla C. F. para que colaborase. Diego ha sido el emisario que ha traído el regalo para los familiares del homenajeado, una camiseta del Sevilla con la firma de todos sus jugadores. A su hijo y a otros muchos jóvenes de la localidad, los conoce bien nuestra querida tía, debido a que los trató en la autoescuela, cuando estaba dando clases para sacar el carnet de conducir, permiso de circulación que consiguió a los 68 años(también un caso excepcional). Aquella noche fue al Casino (Círculo Recreativo “ Pedro Medina Silva) a tomar un aperitivo y saludó al hijo de Peralta, que está allí de camarero, la felicitación fue muy emotiva y las lágrimas afloraron en el hijo del homenajeado, al escuchar la sugerencia de nuestra tía sobre que el homenaje se lo tenían que haber hecho en vida.

Le resulta muy grato recordar la categoría que muestra  su equipo cuando se ve su vitrina, con 11 copas frente a 3 del Betis. Compruebo el palmarés de ambos equipos y efectivamente el Sevilla ha ganado 5 Copas de la UEFA, 5 Copas de España y 1 Liga de Primera División, aparte 1 Supercopa de Europa y 1 Supercopa de España. El Real Betis Balompié ha ganado 1 Liga y 2 Copas del Rey. De nuevo admiro su memoria recordando datos y detalles que los tiene sólo en su memoria, sin nada escrito en ningún lugar, como lo ha demostrado en la conversación con Diego, antes aludida. Recuerda cómo celebran los béticos los pocos trofeos que ganan, como aquella Copa del Rey, que la celebraron en el Kiosco de la Paloma (hoy Bar El Rocío) preparando un picadillo en un lebrillo, estaba entre otros Lorenzo Santana, el funcionario municipal que regentaba la oficina de correos.

Está muy orgullosa de que su equipo: “Pues pasea por todo el mundo el nombre de la ciudad más bonita de Andalucía,  como es el Sevilla, frente a un equipo que pasea el nombre de un detergente, como es el Betis… y que no digan que es el nombre de un río, que el río es el Guadalquivir, el que nace en la Sierra de Cazorla”.  Aparte me recuerda que en 1905 fundaron al Sevilla y cómo un grupo de betuneros fundó al Betis en 1907, eso no se lo quiere decir a nadie, porque hoy hay ya en el equipo gente de categoría, pero el inicio fue ese. Reconoce cómo en los programas de “Andaluces por el mundo”, etc, por cada peña sevillista que se ve, hay varias peñas del Betis, eso hay que reconocerlo.

Me recuerda el día que invitó a mi tía María Sorroche para ir a ver al párroco D. Carlos, y cuando llegaron a verlo era para regalarle un encendedor del Sevilla. Al presenciar la escena  exclamó la invitada: ¡Qué me has traído para recochineo! Y le respondió ella que no, que era para no ir sola, que no esperaba que se molestara por eso. Al percatarse de la escena, D. Carlos le comentó en otra ocasión que ya no iban a hablar más del Sevilla con ella presente, porque no se podía imaginar que ella se molestara tanto. Concluyo con ella que lo que hace que sufra tanto es que sus nietos  son béticos y sufren mucho cuando pierde el Betis, sobre todo el pequeño, que llora desconsolado. Le recuerdo cómo estaría de lloroso y triste cuando después de un partido Real Madrid – Betis, tuvo que consolarlo un madridista diciéndole a la salida del campo: “ No te preocupes, el fútbol es así, otra vez será!

         VI).- SU MATRIMONIO,  VIAJES Y OTRAS CANCIONES DE SU ABUELA FLORA.

Recuerda la frase de su marido: “Yo lo que más quiero del mundo es a la Virgen de las Huertas, a mi María Josefa y al Sevilla” y también: “Yo lo mejor que he hecho en mi vida ha sido casarme con María Josefa”.

Ella también reconoce lo feliz que ha sido en esa etapa, pues, a ambos le encantaba viajar y visitar sitios, y a Antonio no le pesaban los kilómetros. Después de feria se iban de vacaciones a Torremolinos, con Inés, etc. Mica, le arrendó residencia 15 ó 16 años, unas veces en el Bajoncillo, y otras en Los Jazmines, y en El Nido (que era donde más les gustaba estar) cerca del hotel El Pozo. Antes de morir la invitó a que fuera unos días allí con ella. Antonio hubiera comprado allí un piso, se lo impidió su muerte temprana. El restaurante donde más les gustaba comer era el Restaurante del cordobés Sebastián, también en Los Bandoleros, etc. Quien compró residencia fue Antonio Carmona, el que trabajaba en Galerías San Sebastián, pues  compró uno en Benalmádena y otro muy pequeño en la primera línea de playa de Torremolinos.

De la roca que separa El Bajondillo de La Carihuela, hoy ya comunicadas, recuerda los mejillones que se adherían a la roca, y cómo un hombre comenzó a coger mejillones y se los introducía en el bañador, que utilizaba como bolso, cuando de pronto comenzó a tirar mejillones y a saltar desesperado porque los mejillones se habían abierto y se habían adherido a sus “partes sensibles”. Todo el mundo miraba expectante el espectáculo hasta que acabó “zambulléndose” en el agua.

Torremolinos ha cambiado de las huertas que conoció su padre cuando estuvo allí –hoy se puede ver un caserío grande en todo lo alto, resto de aquel urbanismo que desapareció- a lo que hay hoy, un hervidero de gente de lo más variopinta. Con sólo sentarse en un banco de la C/ San Miguel, ya está uno entretenido por su colorido y diversidad. Se alegra muchísimo de que su hermana Mercedes junto a su hermano Juan, ya en el año 44 ó 45, conocieran la playa. Aquí apostilla: “Mi padre, no era de aquella época, pues, quién proponía entonces a su familia: ir a la Feria de Constantina, a la Feria de Sevilla, a la playa…” Recuerda especialmente una de sus visitas a la Feria de Sevilla, a la que fueron su padre, su madre, su hermana y ella, donde pernoctaron varios días. Sus  hermanos Juan y Manuel se quedaron en la casa del pueblo; su hermano Manuel iba al campo de día y por la noche cenaban los dos hermanos chocolate. Durante el día, su hermano Juan iba a la escuela, almorzando y merendando  en  la casa de Vale la Soriana con su amigo Antoñín.

Su hermano Manuel, mi padre, la primera vez que vio la playa fue la de Chipiona, a la que fue antes de ir a la mili, con unos 19 años, en compañía de Lagarto, pues, la madre del Chipi, era hermana de la mujer de Antonio Lagarto y hermana de Juan El Navero, padre de la que está casada con David el carpintero metálico. Aquel año les acompañó su hermano durante 5 ó 6 días a Chipiona.  Se lo pasó perfectamente como lo demuestra que, en términos de tita: “Cantó y se floreó todo lo que quiso” y cuando se iba a venir le decían todos: ¡A ver si traes más por aquí al sevillano¡

Los Sorianos originarios de Matasejún - uno de esos pueblos de la España desierta de hoy, donde predomina la sobria arquitectura de piedra y dinteles de madera y piedra- se habían asentado en Alcalá de Guadaira y un soriano llamado Antonio arrendó Almenara y El Collado y no le fue bien; lo acompañaba un sobrino suyo conocido por D. Alejandro que estaba casado con Vale, y se instalaron en La Puebla. Se instalaron en la casa donde nació D. Paulino González Jiménez,  regentando el comercio de ultramarinos que todos hemos conocido, durante toda la segunda mitad del S. XX.  La familia de Vale estaba compuesta por Pepe, Domingo, Bernardo, Valeriana (ella), Francisca, Trini y Eufenia. Allí sólo quedó Valeriana con su madre, el resto emigró. Vale se asentó en La Puebla; Domingo venía haciendo trashumancia y se instalaba en El Esparragal, recuerda cómo en las majadas de las ovejas crecían unos magníficos hongos, las setas o gallipiernas por todos conocidas; el resto se asentó en los más diversos lugares. Con Los Sorianos han tenido mucho más que amistad, eran como familia.  Antoñín, de pequeñito, estuvo varios días en El Esparragal, cosa que recuerda siempre con mucho cariño. Con Domingo tuvieron un último encuentro su marido y ella en San Fernando (Cádiz) en una ocasión que fueron a presenciar el Trofeo de Ramón de Carranza; como sabían por sus familiares que regentaba por allí un supermercado, lo lograron encontrar trabajando con su mujer, sus dos hijos y otro chaval. El encuentro con tita fue indescriptible de la emoción, alegría y afecto que demostró. Le invitaron a una segunda residencia que tenían en la playa, pero dedicar las tardes a los partidos, impidió el encuentro, eso sí, quedaron para un encuentro posterior, encuentro que ya no se produjo.  

Recuerda que a Eufenia le “tiró los tejos” su hermano Manuel, y haciendo gala de compositor de coplillas y poesías (“cutufletas”) herencia de su abuelo Juan) le dedicó:

Sería una noche a la una cuando el pájaro moreno,

vio una pajarita rubia que vino de otro terreno,

como de noche que era, no se pudo fijar bien,

si  su cara era bonita y su cuerpo era también…

Resulta sorprendente cómo cuando nuestra querida tía María Josefa comienza a hablar de un tema, comienza a desarrollarlo uniendo datos que sorprenden por su precisión, profundidad y amplitud. Siempre acaba diciéndome: “Eso no lo pongas, que no tiene nada que ver con nosotros…”. Indicación que he cumplido en innumerables ocasiones a lo largo de los encuentros que hemos tenido. Un botón de muestra es que cuando en el punto anterior me habla de la casa de Los Sorianos, me dice que esa casa era anteriormente de Carrisosa, que por eso allí nació D. Paulino, que antes era de la hermana de su abuelo, María, la abuela de Gabrielito que se casó con María Tierno, el primo segundo ya aludido anteriormente. En la otra casa vivía la familia del ascendiente de los parientes de Villaverde, que se llamaba Antonio, que fue el que propuso a su abuelo Juan que comprara la vivienda familiar que hemos tenido en la misma calle, hoy Av. Andalucía, con intención de ir reuniendo de vecinos a toda la familia. Luego ya vivían contiguos, María, Antonio y Juan, y, la casa de La Espartera era también de otro hermano de su abuelo Manuel, que no tuvo hijos y se la dejó a la sobrina de Eusebia, su mujer, que a su vez se la dejó a La Espartera… Así puede seguir hablando de quiénes han vivido y por las manos que han pasado, no estas casas, sino todas las casas del pueblo, eso sí, quitando las casas  de las actuales construcciones del Pradillo, ya que por allí no pasea ni frecuenta la zona, porque si no… también las conocería de modo semejante a las nombradas.    

Los estornudos y mucosidad que últimamente tiene en su casa y que le desaparecen cuando reside en otro sitio, ella cree que son de la humedad que alberga, ya que está excavada en guijas (pizarra) y es una roca muy húmeda. Le he aconsejado que se administre por la noche la pomada Rinobanedif, ha seguido las pautas por mí sugeridas y le está dando muy buen resultado, aunque no se le quita totalmente, pues le produce un picor en la garganta, que también le resulta molesto. También influye el audífono que tiene, pues se nota que cuando no se lo coloca, tiene mejor la mucosidad. La semana posterior me manifiesta que le ha venido muy bien la pomada, la mucosidad ha desaparecido casi totalmente, sólo le han quedado estornudos matinales, y tiene claro que volverá a administrársela cuando la mucosidad le vuelva.

Tiene asumido desde siempre, siguiendo a  su padre, que con educación se puede hablar con todo el mundo. Me hace este inciso porque un día llegaron al Restaurante Río Grande, de la Calle Betis de Sevilla, y le dijo Antonio que conocía a uno de varios señores que estaban hablando animosamente allí, ella miró y le respondió: ¡Claro que lo conocemos, si está todos los días con nosotros en casa¡  ¡Ves que es Máximo Valverde, y lo vemos a diario en las novelas¡ A lo que me respondió Antonio: Pero, no le vayas a hablar, ¡eh! Sabía que si no se lo dice, se hubiera dirigido a él en un paréntesis de su conversación con los amigos y hubiera entablado conversación amena y distendida, y como la conocía por casos similares, se lo advirtió.  

De la familia de Antonio, al que más ha apreciado y querido ha sido a Diego Santana (padre de mi amigo Fernando q. e. g e. y Pilar), con él veía muchas novelas y compartían animados ratos de conversación y de cocina.  En una ocasión fueron a Sevilla y estuvieron almorzando en el Restaurante de El Rinconcillo, y pidieron Diego y ella lentejas,  ante la extrañeza de Antonio reprochándole que fueran a Sevilla a comer lentejas. Diego le respondió: “Cada uno debe comer lo que le apetece, mira como hemos coincidido María Josefa y yo en comer  lo mismo”.  En otra ocasión fueron a Granada cinco días y visitaron el cuartel donde había hecho la mili Diego, y donde tendría que haber hecho la mili Antonio, pues no hizo la mili porque estaba allí el hermano de su tía Luisa y sólo le pidió que estuviera en el cuartel unos días y luego lo liberó de toda asistencia y servicio. Una foto recordando ese viaje se conserva en el cuadro que le regalaron mis primos Angelita y José María el día de su 75 cumpleaños. También con Diego y María estuvieron en la Gruta de las Maravillas y en Sierra Nevada, donde María se puso muy enferma debido a los cambios de presión originados por la altitud, etc. Finaliza diciendo que a ella con la altura no le pasa nada, que mientras más alto…mejor.

En Sierra Nevada también ha estado con Antonia Lisbona, sufragada por sus hijas, en el Hotel D. Juan, y presenciaron la Cabalgata de los Reyes Magos. En otra ocasión y con la misma financiación de Antonia, fueron a Cádiz, una vez que entraron en el recinto amurallado, le preguntaron por la Plaza de las Flores a dos mujeres que iban por allí caminando, cuando le dieron las indicaciones muy amablemente, se preguntaron nuestras dos viajeras ¿A esa la conoces de algo tú?, Su cara me suena de algo ¿Dónde hemos visto a esa mujer? Por fin concluyeron, ¡Claro, esa es Teófila Martínez! ¡La alcaldesa de Cádiz!  Pues bien, cuando llegaron a la Plaza de las Flores se las volvieron a encontrar y nuestra querida tita, se dirigió a ella y le dijo: “Señora, mire, que estoy harta de verla a usted en TV, y hoy por fin la estoy viendo en persona. Me alegro de conocerla”. Y la alcaldesa le dio las gracias por su atención y estrecharon amena y cordial conversación. Esto ocurrió porque Antonia no conocía bien el talante de nuestra tía, que es capaz de entablar conversación con cualquiera que se le presente o que ella se proponga.

Con Paulino González Jiménez también estuvo en infinidad de ocasiones, pero era un peligro a la  hora de comer, pues, pedía una ración comunitaria y cuando se daban cuenta el resto de los comensales, ya se la había comido él solo. Cuando murió en Villamanrique de la Condesa, el tamborilero en que se basó la sevillana: “El día que murió, el tío del tambor”, allí estaba D. Paulino, - que había ido porque presentaban unas sevillanas suyas Los Romeros de la Puebla- Juan Sosa, Antonia, su marido Antonio y ella. Ella presenció cómo en plena actuación, le dio un ictus al tamborilero y falleció en el acto, el hecho hizo que se suspendiera la presentación hasta que se levantó el cadáver, luego siguió la fiesta, aunque acabó mucho más tarde. A D. Paulino lo dejaron en Sevilla y ellos continuaron hasta La Puebla. Con él estuvieron en dos ocasiones en  la Romería de El Rocío permaneciendo acompañados de Juan Sosa, su mujer  y por La Anselma que tenía un tablao en Triana, por la calle Betis. En una ocasión, en la que también los acompañaba el médico Cantarero, recuerda el número que le montó su mujer por bailar con una bailarina que actuaba allí. En esas estancias en El Rocío estuvieron aseándose en la casa de Flora, la tía de Paniagua; los coches los dejaron detrás en un lugar que le reservaronLos Romeros cerca de su casa. También ha visto salir la Virgen del Rocío dos veces desde la casa de los suegros de Paco Díaz (Paquito), hijo del taxista “El gato en la talega” y hermano de María Isabel, Agustina y Carlota, dueño del estanco de Matalascañas.

En uno de sus viajes con Antonio a Matalascañas, con intención de ver a María Jesús, la de Villaverde, que también tenía un restaurante en Matalascañas (todo lo perdió por las deudas del hermano), también fueron a visitar a Paco, con el que recordaron las múltiples vivencias que habían tenido en común, como cuando iba con el búcaro (botijo) a por agua fresca de la bomba del pozo (también iba Francisca, Juan Sosa, etc.) y hablaban distendidamente sentados en los escalones. También recuerda cómo había servido su padre José María al padre de Paco, de forma desinteresada en varias ocasiones. Paco es muy agradecido y lo recuerda siempre. El día que se fueron, le dio su madre Mercedes: patatas, garbanzos, tocino, etc. diciéndole que para que cuando llegaran tuvieran comida para hacer. Me dice que Paco fue a Almonte a trabajar con su tío Zapata en un banco y allí conoció a su mujer, Ana. Posteriormente se fueron ambos  a Alemania y allí conocieron a su primo Alejandro Llamas. Al volver de Alemania es cuando se fueron las hermanas de Paco y su padre, a vivir también a Almonte.  María Isabel fue la que se quedó en Barcelona, porque estaba ya casada, y cuando se puso enfermo su padre se lo llevó con ella.

A Portugal, ha ido varias veces; cuando se casó Marilina estuvieron en Fátima y Oporto; hace tres años estuvo en un pueblo cerca de Lisboa, visitaron el Palacio y ella convenció a una guía para que les enseñara también la zona no visitable; con anterioridad visitó Lisboa, Coimbra (me recuerda el puente, río, etc)y Montegordo, todo ello con Antonio.

En uno de los viajes organizados por el  cura D. Rafael, preguntaron por Fanecas en su pueblo natal y vieron una original corrida de toros acompañada de canciones españolas, a ello se unía no matar en público a los toros, sino luego en el matadero.

Ha realizado bastantes viajes con su sobrino José María Sánchez y familia.  Desde que murió su hermana Mercedes, va a un viaje anual de una semana con él, ya que antes, como su hermana estaba enferma, temían que empeorara y tuvieran que venirse de lejos, como en una ocasión le ocurrió.

Me comenta que sus sobrinas  Mercedes y Teresa siguen opositando, la primera para Técnico de Trabajo, y la segunda para  un puesto en la administración,  que no está relacionado con la educación (estudió maestra), pero ha renunciado a la enseñanza, porque no la ve ya una profesión que le ilusione, debido a las presiones externas que soporta. Yo le comento lo que era la educación cuando yo comencé: el maestro era la autoridad  y lo respetaban los padres y toda la comunidad educativa; aprobabas o suspendías y nadie te lo cuestionaba; los inspectores ni los conocíamos, yo estuve veinte años sin conocer ni ver al inspector y estuve un día hablando con él sin saber que lo era, me refiero a D. Antonio Cepas; papeleo, el mínimo, pongamos que una media de diez minutos al día, etc. etc. Ahora, el maestro es el último y encima es el responsable de todo lo malo que le sucede al alumno y al Centro, no lo respetan  ni alumnos, ni padres, ni administración, ni nadie; te dan un máximo de suspensos, si los rebasas viene el inspector de turno y te complica la vida con medidas que no has aplicado y tu falta de profesionalidad por no motivar con amenaza de expediente sin perseveras; el inspector y las inspecciones planificadas y periódicas revisando papeles y documentos, y lo único que buscan es que no haya problemas con ningún padre; papeleo para todo, lo que no anotas no existe, hay profesorado que está hasta altas horas de la noche rellenando papeles, y aún así, siempre algo le falta, está todo hecho para cogerte en caso de necesidad y la administración quedar exenta de responsabilidad, etc. etc.  

    Sin estar ya su marido ha seguido viajando muchísimo, cada vez que se le ha presentado la ocasión. Recuerda con especial cariño, el viaje a Disneiland en París, como regalo de comunión a sus sobrinas, las hijas de su sobrino José María y Eli. Visitaron donde hacen las películas, el precioso castillo, el hotel con los personajes de Disney, la Torre Eiffel, los Campos Eliseos, Notre Dame, paseo por el río Sena viendo los palacetes, etc. Todo ello lo recuerda con todo lujo de detalles, por ejemplo de la Torre recuerda los autobuses que pasan por debajo, los sistemas de los ascensores a las distintas plantas, etc.  

Me recuerda una canción de su abuela Flora:

Y un hombre que salió al campo, una niña se ha encontrado,

y este vio a la tierna niña, que mucho estaba llorando,

se la ha llevado a su casa y le dice a su mujer

mira que niña te traigo, que en el campo la encontré

la mujer le dice al hombre, daremos parte de ella

para que sepan que la niña, en la casa se encuentra

la mujer cambió de ropa, de la que llevaba puesta,

y metida entre la faja, llevaba tres mil pesetas

y una medallita blanca con la Virgen del Pilar

con un letrero que dice: esta niña han de encontrar

la niña llegó a tener catorce años cumplidos

y el hombre que la ha criado, el pobre ha fallecido,

la niña dice a su madre, yo con ama me pondré

y lo que gane sirviendo, todo se lo mandaré,

la niña llegó a una casa, a una señora a servir,

y la señora le dice, anda y de ropa te cambias,

cuando la señora vio la medalla que llevaba,

el letrero lo leyó, quedó muy emocionada,

quién te ha puesto esta medalla con la  Virgen del Pilar,

desde que yo vine al mundo, en mi cuello siempre estaba,

tú eres mi hija querida, tu madre propia soy yo,

no será cuanto me dices, cuando a mí me abandonó,

no fui yo muy mala madre, aunque yo te abandoné,

para que a ti te criaran, mucho dinero dejé

la mujer que te ha criado, yo la quiero conocer,

y por el bien que te ha hecho, yo las gracias le daré,

la mujer que me ha criado, aquí a la casa vendrá,

si usted quiere que yo esté, en esta casa mamá. 

Con esto me recuerda cómo su abuela Flora, la sentaba a su lado y le decía: ¡Niña, vamos a cantar¡  La conocía todo el pueblo, todos decían las hijas de Flora, las nietas de Flora, etc., todos sabían que se refería a ella, porque la otra Flora que había era La Primaca, y era una desconocida en el pueblo, por eso tenían que especificar Flora La Primaca, pero si decían Flora a secas, se referían a ella. Pasó mucho con su tía Dolores y con Becerra, pero tenía un principio que su nieta, nuestra querida tía María Josefa lo cumple también: “Lo que yo tengo, cuando salgo a la calle, lo dejo en la casa, porque nadie tiene que ver lo que yo tenga por dentro”

                                      VII).- LA SEMANA SANTA.

Su percepción es que la Semana Santa en el pueblo no ha variado sustancialmente.

Lo que sí ha variado es la madrugada del Jueves al Viernes Santo, pues a las 4 de la madrugada se celebraba el Sermón de la Madrugada y a las 5 horas salía Nuestro Padre Jesús Nazareno acompañado de Las Tres Marías y La Verónica.

Esta procesión gozaba de un recorrido en el que se producían las Tres Caídas. Salía de la Parroquia de Nuestra Señora de las Huertas, subía por la calle del Pozo y en el recodo donde comienza la subida hasta el Castillo, se producía la Primera Caída. La Segunda Caída se la daban en la esquina de la calle Amargura y la Tercera Caída a la altura del Kiosco de El Guinda.

Sermón y Procesión se realizaban la mitad de las veces en unas condiciones inimaginables hoy, sin luz eléctrica. Pensemos que la energía eléctrica la producía el generador de Los Gómez (funcionaba con picón “reatizado”  por el padre de Los Chascarrillas). Con frecuencia dejaba de funcionar y se quedaba el pueblo entero sin luz, lo que obligaba a que se desarrollaran todos los actos religiosos a la luz de las velas.

Los Gómez tenían también molino de aceite y horno. En su panadería vendía el pan la tía Aurora. En este momento nos recuerda que las familias de Los Gómez, Los Martínez y Los López eran propietarios de casi todo el término municipal del pueblo y también de sus principales industrias y fábricas.

Lo anterior dio lugar a anécdotas incontables, por ejemplo que, como se vestían las personas sin luz y se colocaban ropas y calzados nuevos, en una procesión, su hermana Mercedes, se quejaba durante todo  un itinerario de que le dolían mucho los pies. Fue Juana la mujer de Luisito Angulo, quien se percató de que los tenía colocados al revés.  

La Semana Santa la ha vivido muy intensamente desde pequeña, ha vivido cómo su abuela Flora cocinaba para toda la Semana y  le escuchaba cómo velaba al Santo Sepulcro cuando estaba en la Iglesia de Santiago.

La Hermandad de la Veracruz, había dejado de procesionar por la destrucción que le habían ocasionado los republicanos en la Guerra Civil, fue el practicante D. Antonio Tallón (padre del Dr. D. Rodrigo Tallón Moreno) quien  la organizó para que procesionara de nuevo.   

VIII).- LA FERIA, PLAYA Y CAPACIDADES NEGOCIADORAS Y DE RECORDAR.

Escuchó y en parte vivió de pequeña,  la feria ubicada en tres emplazamientos: La Plaza de la Constitución (Plaza del Ayuntamiento), la Plaza de la Virgen de las Huertas (El Llanillo) y la Plaza de la Iglesia. Los paseos eran las calles que unían las tres ubicaciones, la primera y la segunda por la calle Antonio Machado y la primera y la tercera por la calle Raimundo Martínez (calle Mesones)

  1. En la plaza del Ayuntamiento, el público era atendido por los bares del Recobero (Casa Alberto), de Agredano (Restaurante Agredano) , de Juanito Canto y las casetas que instalaban en la mencionada plaza.
  2. En El Llanillo, junto a tienda de electricidad de Antonio Torres (la casa de tito Amador) se instalaba otra caseta y en la plaza se colocaba el Güitoma (círculo giratorio del que penden unos asientos sujetos por cadenas), Güitoma infantil, las Cunitas en la parte lateral del Bar de las Niñas (antigua casa de Pedro Nieto)  y los Columpios que variaban la ubicación según los años.
  3. No lo conoció, pero lo sabe de haberlo oído, que en La Plaza de la Iglesia se instalaba la Plaza de Toros, que estaba formada por una empalizada que, junto con los carros que la rodeaban, hacían de gradas para los asistentes.

El cambio de la feria al emplazamiento actual se realizó en los años 1946 ó 1947, pues su abuela Flora murió en 1948 y vivía cuando se produjo. 

 Desde que se casó en 1979, la Feria de La Puebla de los Infantes ha tenido para ella siempre como referente la Caseta de “Los Tres Amigos”. Vivió los primeros momentos de su fundación en las reuniones de amigos desarrolladas en la terraza de Julián Sosa, en la Plaza de La Virgen de las Huertas, cuando ella sólo estaba  comprometida con su marido. Se fundó la caseta dos o tres  años antes de su boda; el socio número uno fue Juan Sosa, el dos, su marido Antonio y el tercero fue Manolo López, a continuación se apuntaron Antonio Romero, Eugenio Jiménez, Francisco Enríquez, Obdulio Jiménez, Manolo González, Miguel Sáez, Narciso González, Paulino González, etc. Por eso cambió el nombre y comenzó a llamarse: Los Tres Amigos (y algunos más, muy pocos). Todos ponían mucha ilusión en el montaje de la caseta, y cada uno los medios que disponía, por ello el decorador fue, muchos años D. Paulino González Jiménez, por ello todos tenemos en nuestras retinas la exquisitez de la entrada y el conjunto de la misma, con espejos, encajes, etc. “Allí hemos vivido muy buenas ferias, con muy buena gente y momentos inolvidables”. 

La Discoteca de Dimas fue testigo de un encuentro entre Manolo González, Eugenio, Antonia, su marido y ella, se le unieron Alonso Zújar, Rosa, Juan (el que trabajaba con Antonio) y Lucas. Aquel día había sido una fiesta y por eso había  en la discoteca tanta gente, animaron a nuestra  tía y me expresa: “Yo me harté de cantar” “¡Qué vergüenza!”… como me aplaudían, me animaba y más cantaba, por eso disfrutó mucho.

Estando comprometida con su marido, El Chipi organizó un viaje a Chipiona, con gente toda para “morirse de risa”, iban su novia Inés Sosa, Rosario la de enfrente de su casa, Dolores la de Eugenio, Juan, Alonso Zújar, su mujer Rosa, Lucas, Dolores la de Andares, etc. Estas tres últimas se sentaron en la orilla de la playa y una ola las tiró al agua dándoles un soberbio revolcón, y Lucas y Alonso en lugar de socorrerlas reían y decían: “¡Ahí están las tres hipopótamos!  ¡Se las tenía que haber llevado la ola al fondo del mar¡ En este momento hace hincapié en las quemaduras solares que la gente se producía en la playa, debido a que no existía la cultura de la protección solar, por ello acababan algunos con quemaduras que los llevaban al médico, como fue el caso de Carmen Torres, que estuvo varios días durmiendo boca abajo.

Miguel y Aurora, (padres de Pedro García, padre a su vez de Miguel, Joaquín y Pedro García Medina), eran como abuelos para nuestra querida tía, y la primera vez que vio la playa, con 8 años, fue en compañía de Miguel para visitar a su hijo Pedro que estaba en Málaga trabajando como Guardia Civil (después puso la barbería, a continuación trabajó en Elcano, y por último finalizó jubilándose en la barbería). Recuerda cómo Coplas la llevó al tren subida en una burra, Miguel y Coplas iban andando. Al llegar a Córdoba tenían que hacer trasbordo, y allí encontraron a Conchita Medina y a su prima Antonia la Tribucia, pues, iban al lugar donde estaba destinado su padre, el Comandante Tribucio. En el viaje le admiraban los muchos túneles que había que atravesar. Cuando llegaron al cuartel donde estaba Pedro, este estaba de servicio, y al primero que vieron fue a Antonio Sosa, un hermano de la madre de Anita La Romera, y hermano de Juan ,el abuelo de Juan Sosa,  que estaba también de Guardia Civil allí. Se hospedaron con Pedro en una fonda que regentaba Inés, acompañada de una criada llamada Trini. A Pedro le dieron permiso por estar allí su padre de visita y así pudo acompañarles a visitar la playa de El Palo, la Puerta Oscura con sus jardines, donde destacaba un gran escudo de la Falange en rojo, etc. Pedro era quien le peinaba el moño que lucía en su cabeza. Finaliza exclamando: “Las cosas… qué bonitas!  

Recuerda con mucho cariño el día que Aurora la llevó a la Huerta Mariana porque lloraba, debido a que la echaron de la habitación Huertas y su hermana Mercedes porque  cosían y estaban acompañadas de  Pedro y de Eduardo Rodríguez, hermano de las Adelinas, que era muy amigo de Pedro. Allí gestaron, en esta u otra ocasión similar, la idea de ir a trabajar a la Guardia Civil; Eduardo se fue a Barcelona y se jubiló en la Benemérita, de Pedro ya sabemos su currículum laboral.   

Su capacidad para recordar anécdotas e historias la ha evidenciado, entre las muchas miles de veces que lo ha hecho en su vida, a un camarero que trabajaba recientemente  en el Hotel Sanguino. Un día que fue allí a comer, le preguntó que si era de Lora del Río, el joven le dijo que no, que su padre era Máximo, de La Puebla; a lo que ella le respondió comentándole que su padre había estado tiempo trabajando en El Esparragal, le dio todos los detalles, explicándole que Máximo, y sus hermanos Federico, Pastor, Pepe y Manolo, estuvieron trabajando con nuestra familia de pastores, hasta que se fueron a trabajar fuera, a la panadería de Angulo y a una parcela del Priorato. El muchacho le dijo entonces que él le había oído hablar a su padre del Esparragal, y lo recordaba como algo muy positivo en su vida. 

En un momento dado me habla de las costumbres que se adquieren en las casas desde pequeños, y me dice cómo salir a la calle con albornoz, es algo que no lo hemos hecho nunca en nuestra familia, pone de ejemplo a su hermana Mercedes, que para salir a la calle, se ponía hasta tacones. Esa costumbre también la tiene de siempre mi tía María Sorroche y su hermana Isabel, mi madre, a las que nunca las hemos visto salir a la calle con ropa de casa. Concluye que eso está dentro de tu crianza, de tu enseñanza, de tu cultura, y por eso lo que hemos visto a lo largo de toda nuestra vida, es lo que seguimos haciendo.

El día 25 de abril de 2019, había quedado a las 12 horas con ella, me dijo previamente que estaría en La Caixa resolviendo unos asuntos. Cuando llego la encuentro en la oficina hablando con el director Manolo García, me percato de que es ella, porque le veo los pies, pies que mueve y se le nota en las posiciones que adopta (lenguaje corporal), que está debatiendo y proponiendo sus razones.  Espero unos 20 minutos y como observo que va para largo, decido tocar en la puerta y anunciarle mi presencia. Lo hago, se alegra mucho de verme y me invita a sentarme a su lado, accedo y comienzo a observar la soltura con la que da sus razones. El Director le ofrece “Productos”, y ella le dice que los únicos productos que, en adelante, ella va a comprar son los que le ofrecen en las tiendas y supermercados, que ya adquirió uno y le ha costado más de 400 euros, que ella quiere su dinero en la cartilla para así disponer de él cuando lo desee. Vuelve Manolo y el citado dinero que tenía invertido, se lo ha ingresado ya en una de las dos cartillas que muestra, y le aconseja que se lo gaste en viajes y comidas.

Finaliza ofertándole por 50 euros el servicio de Protección Senior de Seguritas Direct, que consta de un reloj y una unidad central, que avisa en caso de emergencias. Le da explicaciones de la cuota, experiencias de otras personas, el plazo hasta finales del mes, etc., ella tiene claro que se lo tiene que pensar, pues argumenta que: “Si estoy en casa estoy guardada y si me voy por ahí, también estoy guardada”. En toda la negociación, firma de seguro, subvenciones, etc., noto el admirable tacto, la educación, buen humor y astucia que ha mostrado, así como su claridad en ideas y objetivos.

Me cuenta que en el encuentro anterior con Manolo García, le emplazó a otra fecha porque me estaba esperando porque teníamos un encuentro para seguir escribiendo su biografía, donde estaba recogiendo sus recuerdos, y continuó: “Ya ves, de tu bisabuelo también me acuerdo”,  le dijo que su bisabuelo era Manuel Primaco, que tenía una hija Mercedes, otra Concha, otra que murió en Barcelona, Manuel (su abuelo) y otro que estaba en Camas, que en la mili se hizo Practicante (enfermero o A,T.S.). Con este último se fue su tío Antonio, hermano de su padre, y allí se casó con una pariente de Curro Romero. Añadió, que su abuelo vivía en casa de nuestra tía Carmen hasta que se vino del campo, y cuando se vinieron del campo, se fue a vivir a la casa donde está ahora el Bonsái, que era la casa de la abuela de nuestra querida tía. También le dijo que Primaco era viuda y se casó con la hermana de un cura, Isabel, que fue la madrina de confirmación suya y de su prima María. Continuó diciéndole que su abuelo tenía un abuelo de padre que era militar que se casó con Consuelo, la hermana de Dña. Isabel la Brigada (madre de Joaquín y Dolores Molina), y tuvieron cuatro niñas, otro tío suyo se casó con una sobrina de esta última y Adoración (sobrina de Isabel y nieta de Primaco) que se casó con Juan José Silva; cuando venían al pueblo iban a casa de su abuelo. Guarda buenos recuerdos y fotos de cuando iban de gira al Huerto del Moro: Consuelo la Brigada, su prima hermana Rocío, Adoración, Juana, Rosita “La Guillerma”, Sacramentos (cuatro años mayor que ella) y su hermana Mercedes.  Cerró el tema apostillando: “Tu bisabuelo se llamaba Manuel, tu abuelo Manuel, tu padre Manuel, tú Manuel y tu hijo también Manuel”. `Podéis imaginar la cara de estupefacción del director al comprobar que sabía mucho más de su familia que él mismo.   

         IX).- CONCIENCIA DE LAS LIMITACIONES DE SU EDAD Y VETUSTAS CANCIONES.

Al llegar a su casa, abre y muestra, con la diafanidad y limpieza acostumbrada, un ramo de flores en la mesa del comedor. Le propongo unas fotos, se resiste pero consigo convencerla, le hago dos, una junto a la mesa del comedor y otra en el patio. Cumpliendo su petición, se las envío a Angelita y José María, indicándole que la foto que aparece ella posando dentro del patio, será una de las que ilustrará su libro de memorias. Me recuerda que mi padre, ya de pequeño, llevaba plantas de flores a su madre y que- como ya he indicado con anterioridad en las páginas de este libro- era un amante de los jardines, cosa que yo también he heredado.

Sigue el problema de las golondrinas queriendo anidar en la antigua cuadra de la casa  de abuela Mercedes. Vidal (pareja de su sobrina Angelita), ha echado un líquido repelente, y parece que han desistido de  continuar construyendo su nido. El año pasado llegó hasta a saltar el automático eléctrico, debido a que el nido estaba construido en ese mismo lugar, que corresponde a la unión de cables con fichas eléctricas y la humedad del barro le afectaba. Este año no se le está permitiendo construir el nido y el problema del automático parecía que había quedado solucionado, aunque me comentó otro día que persistía, a lo que le propongo que me informaré de cuál es el líquido repelente que Pedro Jesús Silva lo impregnó en una pared de la casa de su cuñada, mi madre, y aborrecieron totalmente la construcción. Efectivamente es “líquido hidrófugo”, me comprometo a proporcionárselo, si ella no consigue darle solución por otros cauces.

En este momento se coloca el audífono, y me habla de la gente que no se adapta “a lo que le va tocando vivir”, ella me asegura, que se adapta. Le da pena ver gente que siempre se queja de la actitud de familiares y amigos, ella cree que con la edad hay que renunciar a eventos de jóvenes, y que debemos conformarnos en estas nuevas etapas. Yo le digo que lamento ver que personas que se han esforzado mucho por otros, cuando llegan a mayores no los tengan en consideración, ella me reitera con muchísimo sentido común, que hay que adaptarse a las nuevas situaciones. Me habla de una conocida mayor que se ha disgustado porque no la han invitado a una boda de un sobrino, ella comprende que no los inviten y le recrimina que se disguste por eso. Concluye como al principio de este párrafo: “Hay que adaptarse al momento que nos ha tocado vivir” y que lo que hay que hacer es: “Ver, oír y callar”

Le pregunto que si puede cantar la canción de: Pollito pi, pi, pi. Se la enseñó Felisa la de Afrosa, que era una señora que estuvo guardando cerdos en El Esparragal durante 5 ó 6 años. Sabía cantar y recordaba muchas canciones, se sentaba y comenzaba a cantarle a nuestra querida tía, y con el desparpajo que la caracteriza, las memorizaba rápido y cantaban a dúo, cuando no, cantaban el cuarteto las dos anteriores, junto a su hermana Mercedes y a su hija Antonia. Esta tuvo dos hijos, Juan (se fue a Barcelona) y Antonia, que se casó con el de La Pana, al que le dieron una parcela en el Priorato, y tuvo tres hijas y un hijo, una nieta está casada con Rafael, el que le coge la aceituna a la familia de tito Juan, su hermano. La reconoció por la cara, un día al subir al autobús, le preguntó que si era de Antonia y de José, a lo que ella le contestó afirmativamente. Felipa –hermana, por parte de madre, del abuelo de Zalamea (Salas) actual Hermano Mayor de la Hermandad de la Santa Vera Cruz- le enseñó el trabalenguas de los tontos, es como sigue:

“Hay tontos que tontos nacen, y hay tontos que tontos son, y hay tontos que tontos ponen, a los que tontos no son” 

Animada, accede a cantarme la canción: “ Pollito pi, pi, pi”.  esta es la letra:

Pollito pi, pi ,pi, yo me quería casar,

Pero hombre de mi gusto no lo he podido encontrar,

ninguna rastra se acerca y viene a decirme buenos ojos tienes,

si son gordos son costales, que no se pueden doblar,

si son jóvenes potritos que ni el demonio los puede aguantar,

ayer hizo treinta días que cumplí los treinta años,

desde ayer en adelante solo sufro desengaño,

aunque me lavo y me peino, y me hago bien los nenes,

ninguna rastra se acerca y viene a decirme buenos ojos tienes,

si son gordos son costales, que no se pueden doblar,

si son jóvenes potritos que ni el demonio los puede aguantar,

viendo que el tiempo pasaba y que negocio no hacía,

y a otro pueblo me marché, por ver si podía pescar,

diciendo que era muy rica yo encontré un gran novio me pude casar,

de que supo mi marido que era falso todo aquello,

me ha dado una gran paliza y me arrastró de los cabellos,

y al otro día otra soba, que me dejó medio muerta,

y por último hija mía un golpe en un ojo que me dejó tuerta,

y te aconsejo niña que no te valgas del engaño,

que si no andéis muy listas no dejar pasar los años,

que yo anduve con tonteras, uno suelto y otro cojo,

y por casarme tan vieja, hasta el casamiento me ha costado un ojo.

Después de cantarla, muestra una gran alegría y se emociona porque ese recuerdo le traslada a esa infancia feliz por ella vivida, y de la que ya hemos hecho mención. Al escuchar la letra escrita anterior, me dice que me canta otra llamada: “Provincia de Badajoz”, cuya letra es la siguiente:

Provincia de Badajoz, en el pueblo Marmolejo,

habita una chica guapa con su novio salamero,

él se llama Manuel, ella se llama Consuelo,

y Manuel la conseguía porque era dura Consuelo,

un día se fue “pa” su casa, que bailaba de contento,

al ver que ella iba a entrar en el tercer mandamiento,

vamos a comer hermano, vamos a comer corriendo,

que a las doce de la noche, se celebra un casamiento,

que se casa nuestra abuela con mi novio salamero,

subí mis nietos subí, subí que no se que tengo,

que se han metido aquí, los demonios del infierno,

se tiró por el balcón, se ha roto los cuatro remos,

entré a por un gorrión, me soltaron un mochuelo,

quien te aconsejó niño, que no entres en los huertos,

yo entré a por un gorrión, me soltaron un mochuelo.

Ha disfrutado tanto cantándola, que ha tenido que hacer varios descansos entre risas. No he podido evitar acompañarla por la gracia e ironía de la letra. Cuando finaliza me comienza a cantar otra que también le trae buenos recuerdos: “La flor de la Camelia”.

En la calle La Camelia, un novio mató a su novia,

un novio mató a su novia, por la flor de la camelia,

la convidaron a un baile, a un baile de admiración,

sin permiso de sus padres, la niña en el baile entró,

le tiraban los sombreros, de lo bonita que era,

el novio le tiró el suyo y no quiso recogerlo,

a la salida del baile, me la tienes que pagar,

te he de cortar la cabeza y la mano principal,

a la salida del baile, se ha echado mano a un puñal,

le ha cortado la cabeza y la mano principal,

el padre que estaba enfrente, se echó el sombrero a la cara,

adiós, hija mía, adiós,

te vas de este mundo al otro, sin decirme ni palabra,

se la llevaron a la autopsia,

 llamaron al criminal, por ver si la conocía,

no la voy a conocer, si ha sido la novia mía,

no quiero que otro la quiera, mujer que yo quiero tanto,

mujer que yo quiero tanto, no quiero que otro la quiera…

Ahora: Una quinta de mujeres.

Una quinta de mujeres, dicen que van a formar

“Pa” rechazar a las tropas que dicen que van a entrar

De la entidad en las marías a retaguardia las juanas

Detrás irán las irenes y detrás irán las anas

Aclaman al cielo las lolas y las marías porque tienen mucho miedo.

  Estas canciones las aprendió cuando tenía 7 u 8 años (imaginemos si le pedimos que nos cante todas las canciones que conoce… son cientos y… !además tiene buena voz, aún hoy canta bien¡), pues con 9 años se vinieron al pueblo a vivir, porque su hermano Manuel se fue a la mili y venía con necesidades de ropa, etc. que en el pueblo eran más fáciles de solucionar. Un detonante que favoreció el traslado fue que precisó mi abuela hilo color caqui para arreglos del uniforme, y tuvo que venir andando para estar en el pueblo antes de que abriera la tienda, y luego volver de nuevo para enfrentarse a sus labores en la casa del campo.

Recuerda un año que se vinieron para las candelas, su hermana Mercedes, Felisa, su marido, Antonia y ella. Al marido le gustaban los lagartos verdes y traía uno pelado en un puchero para comerlo en el pueblo, el olor no le gustaba a nuestra querida tía: “Uy qué asco” exclama.

X).- LA ROMERÍA Y LA ORACIÓN QUE  SALUDA AL NUEVO DÍA DE SU MADRE.

Romerías de La Puebla ha vivido muchas y con mucha intensidad, debido a que su marido fue Hermano Mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de las Huertas muchos años.

Me muestra en ese momento su preocupación por la inestabilidad que le produce el hecho de, que desea ir recta a un objetivo y se desvía del recorrido hacia un lado, esa sensación no sabe qué se la produce. Yo le indico que el equilibrio está en el oído interno, en el líquido amniótico del caracol, y que de ahí puede estar el origen. Le indico que debe consultarlo al Dr. Tallón, para la próxima cita que tiene para el mes de junio. También me comenta que el otorrino le dijo que su falta de audición no es del oído, que es de la circulación, y le ha prescrito unas pastillas que las toma dos meses si y otro de descanso, para evitar las contraindicaciones que tienen para la arritmia, etc. Recuerda que hace cuatro veranos iba a la altura del Bar “El Rocío” y comenzó a desviarse hacia un lado y después hacia el contrario, la vieron los matrimonios de José Liñán y la prima Mari, Antonio Bravo y Mari Ángeles, pensó: “Quien me esté viendo piensa que llevo una “pea”… que no puedo con ella” A la doctora Lucía se lo ha dicho en varias ocasiones, pero no le ha dado importancia. Últimamente EL Dr. D. Rodrigo Tallón le ha diagnosticado que es de la cervical y ella observa que cuando está inquieta por algo, se le agrava.

Actualmente realiza viajes cortos con la Escuela de Adultos, con las hermandades, la Asociación de Mujeres “El Alerce”con Isabel Calderón, del Inserso, etc. Yo he tenido ocasión de acompañarla a varios de ellos, unas veces con una y otras con dos o varias de sus amigas: su también cuñada María Sorroche Silva, nacida el 27 de abril  (también mi querida tía), Carmelita Castro Rastrojo, Rosa Barco, su cuñada Adela Fernández (fallecida el 9 de febrero del 20) etc.  Son ejemplos: Santiponce, Itálica y el Monasterio de San Isidoro del Campo; Feria de la gamba, la chirla y el boquerón de Punta Umbría, Hornachuelos, Jaen…

Me habla del sentido religioso con el que se ha educado a toda nuestra familia, su abuela Flora llevaba a su madre desde muy pequeña a misa y era tan pequeña que no quería ponerse al lado de San Sebastián porque le daba miedo. Había veces que iban a comprar leche a la casa de Cecilia Martínez (abuela de mi amigo Cristóbal Román Martínez) y le decía: ¡Niña vamos a soltar la lechera y vamos a ir a misa y luego lo recogemos!

 Me recuerda cómo Cecilia, al ver que éramos muy amigos de pequeños Cristóbal y yo, le decía que le daba mucha alegría que fuéramos amigos igual que su madre y ella lo habían sido desde edad escolar.  Me dice que Cecilia estuvo en el velatorio de su amiga Mercedes toda la mañana, a pesar de que era ya bastante mayor.

En ese momento me recuerda que cuando su madre los despertaba por la mañana, les abría la ventana y les decía: ¡Venga! ¡Levantarse ya!

¡Ya es de día, Virgen María! ¡El  Rey de los Cielos aquí nos envía un hermoso día!

¡Quién ha visto cosa tan milagrosa! ¡De un pino verde salir una rosa!

 ¡De la rosa salir un fruto para remediar a todito el mundo!

Su padre sentenciaba lo siguiente: ¡A los 20 valiente (para tener novia), a los 30 prudente (para casarse), a los 40 rico (ha tenido que “agenciar todo”)  y el que no lo es, a los 50, ya es un borrico!

         XI).- CONOCER MORADORES ACTUALES Y PASADOS DE LAS CASAS.

Para colmar ya nuestra admiración por nuestra querida tía María Josefa, podemos preguntarle los moradores de las distintas casas del pueblo a lo largo de la vida que ella ha tenido, nos dejará anonadados al comprobar que de cada casa recuerda a todos los que han vivido allí y a sus residentes actuales. De ello hemos dado muestras en este libro, por ejemplo en la conversación con Manolo García en La Caixa.

En la Avenida de Andalucía, los números pares, comienza la enumeración por la esquina de Doña Fermina o casa de Vallejo, hoy local comercial; Fillita; María la de Daniel; Aurora; Pedro García; la casa de nuestros abuelos; Francisca cuyo marido era Lorenzo; María la Constantina, la tía Ángeles o La Zújar, después la casa de La Justa; Joaquín, José y Alegría la gitana (en la casa de Carmen Becerra, que luego se fueron a Constantina);  Vale; Dolores La Vinagrilla, Dolores la hermana del padre, no la de Lucía y tito Amador. En la otra acera, su tío Antonio; Gracia; Rosa, la madre de Manolito Carrasco Torres; Valentín el zapatero; Los Mamertos con su madre (hermana de la abuela de Rosario la de nuestro primo José María) o casa de Valentín “El Cabo” ; Teresa Gallego y Antoñita La Cordobesa; la abuela de Rosarito la de los coches, casa de Martín y Rosario Jaén; madre de Carmelita “La Trabá” o casa de Felipe; Fernando la de Saltacharcos, Domingo “El Zapatero”, Casa de “Los Cantos”, una hermana de los abuelos de Los Cascorras, allí había cabras que salían a diario para pastar en el pradillo; Cabello; Rosario; el médico D. Rafael Acuña, Mariquita la de Sixto -allí vivió y murió Cristóbal Martínez, el padre de mi amigo Sixto Martínez Barco- el también médico D. Rafael Barrera; Araceli; Paco; mi abuela Isabel; Las Antoñitas y Manolo Carranza.

Sigue hacia arriba y seguiría tita Ana Silva Tierno; Pepa Silva Tierno, María Tierno; El “Pescaero”; “La Clavija”; etc, etc.

Como también he indicado con anterioridad, así es capaz de hacer un recorrido nombrando los residentes de todas las casas del pueblo, con la única excepción de los barrios nuevos, zonas por donde ella no ha transitado, ni transita.

Enumera los molinos de aceite previos a la fundación del Grupo Sindical de Colonización Nuestra Señora de las Huertas, actual Cooperativa de aceites: Los Gregorios  y La Salvaora, que ocupaban desde el final de Los Postigos hasta Los Remedios (final de la calle Cristóbal Román Sánchez; la de Los Leones, al suroeste de la Ermita de Santa Ana y pozo de La Meina; el de Los Hinojosas, al oeste de la calle Llana y norte del Puente de Triana; la de La Clavija y Casa de los Celedonios, ubicada en las viviendas que hay al norte de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de las Huertas; el de Los Fernández o Él Cordobés, en La Calleja, actual Antonio Machado; el de Becerril, a la izquierda de la salida de la carretera de  La Puebla a Peñaflor ( carretera de abajo). Quedaron independientes La Salvaora y el Molino de Becerril, el resto se unificó en la cooperativa enunciada al principio de este párrafo.  

           XII).-DISPONIBILIDAD Y ACTITUD ANTE LOS NUEVOS TIEMPOS.

La disponibilidad que ha tenido con todos nosotros, los miembros de su familia ha sido modélica. Atender a sus hermanos en sus enfermedades y necesidades, apoyar y ayudar a sus sobrinos ha sido una constante, su aliento y ánimo no ha faltado nunca.

No falta, si se le cita, a ningún acto importante de su familia, como los actos de toma de posesión de alcalde de su sobrino José María Rodríguez Fernández (realizando observaciones como que la  concejal de Izquierda Unida, hija de Serrano, no aplaudió en todo el acto), el pregón de Semana Santa del que tiene el honor de estar escribiendo su biografía, etc. En estas ocasiones recuerda a sus hermanos. La diferencia de carácter de los dos, su hermano Manuel, al igual que su padre, se subía ante problemas irremediable (como la sequía); y su hermano Juan todo se lo tomaba con tranquilidad, ante adversidades, no se inmutaba nunca… me dice que igual le pasaba a su abuelo Juan.  

Prueba de ello es la atención que recibió su hermana Mercedes en todos los años de su larga enfermedad, ayudando a sus cuidadoras y a sus hijos en todo momento. A veces descuidó su propia salud, como cuando le diagnosticó una tendinitis la doctora Lucía, se le hubiera quitado con reposo, y ella no pudo cumplirlo por tener que ayudar a la cuidadora Rosa, pues esta no podía realizar sola tareas fundamentales con su hermana; luego Doina si comenzó a ser autosuficiente y ella pudo practicar el reposo prescrito, lo que le permitió la curación total de la tendinitis.

Una mañana de la Navidad del 18/19, quiso realizar una tarea en un naranjo de su cochera- almacén-cortinal de la Avenida de Constantina, y al estirarse le provocó un ligero tirón muscular. A la mañana siguiente, un golpe involuntario le agravó la distensión y la llevó a Sevilla. Estuvo en casa de su sobrino José María y allí cumplió la prescripción de un tratamiento que la tuvo alrededor de un mes sin realizar su vida normal. Siempre decía que se notaba como “un perro siempre allí cogido” y el dolor le llegaba a la ingle, y no la dejaba andar. También el reposo ha sido parte clave de la solución.

La salud y agilidad que disfruta nuestra querida tía, considera que se la debe a:

- Su actividad física realizada en el cuidado y atención de su casa, la casa de la Avenida de Andalucía y a cochera de la Avenida de Constantina.  

- La actividad mental  atendiendo la gestión de sus propiedades agrarias y urbanas, pues ella trata con asesores, banco, agentes,  trabajadores, etc. sorprendiendo a todos cómo recuerda decisiones, normas y cifras de campañas y años anteriores. Muestra de ello es que sabe exactamente las 90 jornadas de tala de olivar que hay en la finca de Los Cerros; las 28 horas (4 días a 7 horas la jornada) de gradeo de tractor; que para ser rentable una cosecha de cualquier cereal, precisa tener  38 granos por espiga…etc. etc. y así innumerables datos.  

- Mantener una dieta equilibrada y mantener un peso de alrededor de los 63 ó 64 kilos, si alguien le dice que está más gruesa o más delgada, a ella no le afecta. Mantiene su tratamiento para la circulación y aunque ella siempre había sido de tensión baja, con la retirada de la regla (55 ó 56 años) se le subió un poco, pero nada peligroso. Concluye diciendo que lo que ella quiere es cuidarse para no darle trabajo a nadie cuando le vaya llegando la hora.

Ante los cambios espectaculares que se están produciendo en tipos de familias y relaciones de pareja, opina que: “Los mayores tenemos que saber vivir, lo que nos ha tocado vivir” “Nunca llegar cambiando y transformando costumbres de nadie” Aconseja que si alguien tiene que estar en casa ajena, no debe meterse en nada,  aunque nos digan en una conversación ¡ Tú no dices nada¡ debemos responder: “Como sois vosotros los que estáis hablando, seguir, que yo me entero y con prudencia callo” y piensa que :“Lo que te guste más lo disfrutas, y lo que no, pues se aguanta una”  

El Virus Chino, la pandemia o el Covid-19, ha transformado su vida cotidiana y consciente de su peligrosidad, ha cumplido y cumple minuciosamente las orientaciones sanitarias  impuestas por la ley; aparte tiene precauciones como tomar aperitivos en las terrazas de los bares (nunca dentro), cambiarse de acera cuando vienen en dirección opuesta personas, ir a comprar en horarios que sabe que los establecimientos están vacíos, etc.

Piensa que el Virus Chino ha sido intencionado para aprovecharse más de todos. Sospecha de los chinos porque la gente que está cerca de ellos no lo padece, y ellos están haciendo un gran negocio y a los demás los han arruinado. Considera que es una barbaridad lo que han hecho, porque la gente se muere y eso es imperdonable.

Finalizo expresando un deseo reiterado  por nuestra querida tía, en todos los encuentros  que hemos tenido, que el libro permanezca en la familia y no se divulgue por el pueblo.                    

                                          En La Puebla de los Infantes a 7 de julio de 2021.   

 

 

                                                A MODO DE EPÍLOGO.

Nuestra familia se ha caracterizado a lo largo de su historia, por transmitir y fomentar entre ellos el espíritu religioso, pido que lo sigamos practicando.

Propongo que en adelante,  la oración matinal que les rezaba “abuela  Mercedes” (enseñada a su vez por la bisabuela Flora),  sea el nexo que nos una en adelante a todos sus descendientes.  

Les abría la ventana y les decía:

 ¡Venga! ¡Levantarse ya!

¡Ya es de día, Virgen María!    ¡El  Rey de los Cielos aquí nos envía un hermoso día!

¡Quién ha visto cosa tan milagrosa!    ¡De un pino verde salir una rosa!

 ¡De la rosa salir un fruto para remediar a todito el mundo!

Pido a todos  que lo enseñéis a vuestros hijos, nietos, biznietos… y así con el transcurso de los años sea muestra de nuestra identidad.