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DIONISIO: No, no veo nada.
DON PEDRO: ¿Tiene corregida bien la vista o es usted tonto?
DIONISIO: Ni una cosa ni otra, pero ¿Por qué me dice usted eso, caramba?
DON PEDRO: Porque no ve usted las tres lucecitas. ¡Mire bien!
DIONISIO: (Mirando atentamente) ¡Ah! Ahora parece que veo algo. ¿Son tres lucecitas que hay allá a lo lejos?
DON PEDRO: Sí. ¡Eso! ¡Eso!
DIONISIO: ¡Es precioso! Una es roja, ¿verdad?
DON PEDRO: No, las tres son blancas. No hay ninguna roja.
DIONISIO: Pues yo creo que una de ellas es roja. La de la izquierda.
DON PEDRO: No, no puede ser roja, llevo quince años enseñándosela a todos los huéspedes y nadie me ha dicho nunca que hubiese ninguna roja.
DIONISIO: Pero ¿usted no las ve?
DON PEDRO: No, yo no las veo. Yo , a causa de mi vista débil, no las he visto nunca. Pero eso me dejó dicho mi padre. Al morir me dijo: “Oye, niño, desde la ventana de la habitación principal, se ven tres lucecitas blancas de un puerto lejano. Enséñaselas a los huéspedes y se pondrán todos muy contentos…” Y yo desde entonces, siempre las enseño.
DIONISIO: Pues hay una roja, yo se lo aseguro.
DON PEDRO: Entonces, desde mañana, les diré a los huéspedes que hay tres lucecitas, dos blancas y una roja… Y se pondrán más contentos todavía.
DIONISIO: Como de día no se ven lucecitas, ¿Qué atractivos tiene esta vista?
DON PEDRO: En lugar de las lucecitas se ve el mar, una montaña con una vaca encima muy gorda que, poquito a poco se está comiendo toda la montaña.
DIONISIO: ( Incrédulo y deshaciendo la maleta) ¡Es asombroso!
DON PEDRO: Sí, la naturaleza toda es asombrosa. Esta es la habitación más bonita y mejor de esta casa. El suelo es de madera de pino de Flandes. ¡Venga aquí…! ¡Fíjese…! Debajo de la cama está más conservado… ¿Tiene usted cerillas?
DIONISIO: Sí, llevo siempre cerillas aunque no fumo.
DON PEDRO: Encienda usted una cerilla.
DIONISIO: ¿Para qué?
DON PEDRO: Para que vea usted mejor la madera. Agáchese. Póngase de rodillas.
DIONISIO: Voy. (Se pone de rodillas y enciende la cerilla, miran debajo de la cama)
DON PEDRO: ¿Qué le parece a usted?
DIONISIO: Que es magnífica, aquí parece de cedro.
DON PEDRO: (Gritando) ¡Ay!
DIONISIO: ¿Qué le sucede?
DON PEDRO: ¡Allí hay una bota!
DIONISIO: De caballero o de señora.
DON PEDRO: No sé. Es una bota.
DIONISIO: Algún huésped se la debe de haber dejado olvidada.
DON PEDRO: ¡Y las limpiadoras ni siquiera la han visto al barrer! ¿Le parece bonito?
DIONISIO: A mi no me molesta, yo enseguida me voy a acostar, con bota o sin bota voy a dormir igual…
DON PEDRO: Yo no podría dormir tranquilo si supiese que debajo de la cama hay una bota… Por favor, ¿puede alcanzarme la bota? A mí me es imposible agacharme más, por causa de la cintura. Mejor llamaré ahora mismo a las limpiadoras. (Saca una campanilla del bolsillo y la toca)
DIONISIO: (Molesto por el ruido) No, no toque más. Yo iré por ella. (Se mete debajo de la cama) Ya está, la he cogido. (Sale con la bota) Pues es una bota muy bonita. Es de caballero…
DON PEDRO: ¿La quiere usted?
DIONISIO: No, muchas gracias. Déjelo usted. ¿Para qué la quiero…? ¿De llavero?
DON PEDRO: Para lo que sea, ¿Se la envuelvo?
DIONISIO: Bueno, como usted quiera. (Se la pone encima de la mesita de noche, mientras sale Dionisio de debajo de la cama, al salir se percata de un ordenador portátil) Pero, ¿qué veo? ¿Un portátil?
DON PEDRO: Sí, señor. Un portátil.
DIONISIO: Conectado a internet por red inalámbrica… con acceso directo a los bomberos, a los de Pompas Fúnebres, a la Asociación Protectora de Animales… ¡Pero esto es tirar la casa por la ventana! Hace siete años que vengo a este hotel y cada año encuentro alguna mejora. Primero quitó usted las moscas de la cocina y se las llevó al comedor. Después las quitó usted del comedor y se las llevó a la sala y por último, las sacó de la sala y se las llevó al campo y les dio esquinazo… ¡Fue magnífico! Luego puso el aire acondicionado… Seguidamente suprimió la carne membrillo que hacía su hija… Ahora el sistema ADSL… De una fonda de segundo orden ha hecho usted un hotel confortable… y los precios siguen siendo económicos… ¡Esto supone la ruina, Don Pedro!
DON PEDRO: Ya me conoce usted, no lo puedo remediar, todo me parece poco para los huéspedes de mi alma.
DIONISIO: Pero, sin embargo, exagera usted… No está bien que cuando hace frío nos meta usted botellas de agua caliente en la cama; ni que cuando estamos constipados se acueste usted con nosotros para darnos más calor y sudar; ni que nos dé usted besos cuando nos vamos de viaje. No está bien tampoco que, cuando un huésped está desvelado, entre usted en la habitación, con su cornetín de pistón, e interprete romanzas de su época , hasta conseguir que se quede dormidito… ¡Es ya demasiada bondad…! ¡Abusan de usted!
DON PEDRO: Pobrecillos… Déjalos… casi todos los que vienen aquí son viajantes, empleados, artistas… hombres solos, hombres sin madre… Y yo quiero ser un padre para todos, ya que no lo pude ser para mi propio hijo…¡Aquel niño mío que se ahogó en un pozo… (Se emociona) Usted ya conoce su historia, ¿no?
DIONISIO: Sí, la sé, su niño se asomó a un pozo para coger una rana… Y el niño se cayó. Hizo “¡pin”!, y acabó todo.
DON PEDRO: Esa es la historia, Don Dionisio. Hizo ¡“pin”!, y acabó todo. (Pausa dolorosa) ¿Va usted a acostarse?
DIONISIO: Sí, me siento en mi propia casa después de siete años pasando aquí un mes todos los años, ver a mi novia y bañarme en el mar, comer coquinas y silbar por la Alameda.
DON PEDRO: ¡Pero mañana empieza para usted una nueva vida!
DIONISIO: Desde mañana ya todo serán veranos para mí. ¡Mañana me caso! Esta es la última noche que pasaré sólo. Ya siempre estaré con mi adorable mujer. Es la única novia que he tenido y también la última. Ella es una santa. Esta mañana la he visto , comí con ella y sus padres, que me quieren también mucho. ¡Son tan buenos!
DON PEDRO: Son unas bellísimas personas… y su novia , a pesar de ser de una familia de dinero, no es nada orgullosa…Porque ella tiene dinerito, Don Dionisio.
DIONISIO: Sí, ella tiene dinerito, y es una maestra a la que adoran los niños, y hace unas riquísimas tartas de manzana. ¡Mira los tres sombreros que tengo preparados!… Aunque no me siente bien ninguno… Este me está chico… Este me hace la cabeza muy grande… y este dice mi novia que me hace cara de salamandra.
DON PEDRO: Pero, ¿de salamandra española o extranjera?
DIONISIO: Ella sólo me ha dicho que de salamandra. Por cierto… que , con ese motivo la dejé enfadada… La llamaré a ver si se le ha pasado el enfado, se llevará una alegría. ( Coge el teléfono, marca el número) ¡Bichito mío! Soy yo, te llamo desde el hotel…Sí.. Caperucita encantada…No ..Para que veas que me acuerdo de ti… Oye, no voy a llevar el sombrero que me hace cara de Mister Bin. Fue una broma…Haré lo que tú me mandes… Sí, mi bomboncito… Sí, amor mío…( De repente, encoge una pierna, tapa con la mano el micrófono y da un pequeño grito.) Don Pedro… ¡En esta habitación hay pulgas?
DON PEDRO: No sé, hijo mío.
DIONISIO: (Al teléfono) Sí, amor mío. (Vuelve a tapar el micrófono) ¿Su padre cuando murió, no le dijo nada de que en esta habitación hubiese pulgas? (Al aparato) Sí, amor mío…
DON PEDRO: Creo que dejó dicho que había una….
DIONISIO: Pues me está devorando…Haga el favor, rásqueme usted… (Al aparato) Sí, amor mío.
(A Don Pedro) -¡Más abajo! … ¡Más arriba!… Espere…Tenga esto. (Don Pedro se pone al oído mientras se busca la pulga, la novia sigue hablando y Don Pedro pone cara de tierno)
DON PEDRO: Sí, mi amor… Sí amor mío.
DIONISIO: (Que por fin mató la pulga) Sí, y dormiré con tu retrato debajo de la almohada… Si te desvelas, llámame después. Adiós, bichito mío. (Cuelga) ¡Es un Ángel!
DON PEDRO: Déjeme que me despida con un beso, el beso que no pude dar a mi hijo, que se cayó a un pozo e hizo ¡”pin”!
DIONISIO: Considere que me lo ha dado.
DON PEDRO: ¿Quiere que le traiga un vasito de leche, o mojama, o que le toque con el cornetín “El carnaval de Venecia”?
DIONISIO: No, muchas gracias, y no se levante temprano para despedirme, y los levante a todos para decirles que me voy a casar, no quiero que lo sepa nadie. Me da mucha vergüenza.
DON PEDRO: De acuerdo. Lo dejo pensando en esa señorita. (Ambos) ¡Hasta mañana! Se queda Dionisio solo probándose los sombreros. De pronto se escucha ruido y voces, se abre la puerta y entra una preciosa muchacha.
PAULA: ¡Idiota!
BUBY: ¡Abre!
PAULA: ¡No!
BUBY: ¡Que abras!
PAULA: ¡Que no!
BUBY: ¡Imbécil!
PAULA: ¡Majadero!
BUBY: ¡Cretina!
PAULA:¡Estúpido!
BUBY: ¡Abre!
PAULA: ¡Que no! Mira atrás y ve a Dionisio. ¡Oh, perdón! Creí que no había nadie.
DIONISIO: Sí…
PAULA: Me apoyé en la puerta y se abrió, debía estar sin encajar del todo… y sin llave.
DIONISIO: Sí…
PAULA: Estaba riñendo con mi novio, es un idiota.
DIONISIO: Sí…
PAULA: Por eso entré.
DIONISIO: Sí…
PAULA: ¿Acaso le han molestado nuestros gritos?
DIONISIO: No…
BUBY: ¡Abre!
PAULA: ¡No! A Dionisio. Es muy feo y tonto…No le quiero… Le estoy haciendo rabiar…. Me gusta mucho hacerle rabiar…Y no le pienso abrir…que se fastidie allí dentro… Para la puerta. ¡Anda, anda, fastídiate!
BUBY: ¡Abre!
PAULA: Claro que, ahora que me fijo, le he asaltado a usted su habitación. Perdóneme. Me voy. Adiós.
DIONISIO: Adiós, buenas noches.
PAULA: Al verle la actitud con los sombreros. ¿Es usted también artista?
DIONISIO: Mucho.
PAULA: Como nosotros. Yo soy bailarina y trabajo en el ballet de Buby Barton. Debutamos mañana en el nuevo Music-Hall. ¿Usted debuta también?
DIONISIO: Sí … Hago malabares con los sombreros.
PAULA: ¿Hace sólo el número?
DIONISIO: Sí, como mis padres murieron, y mi padre era militar, y eso… se tragaba el sable…
BUBY: ¡Abre de una vez!
PAULA: Nosotras somos cinco “girls”, trabajamos para mi novio. A mi novio le gusta mucho beber y cuando bebe discute y grita.
DIONISIO: Y es malo para el hígado. Creo que debe abrir, está bastante enfadado.
PAULA: Que se fastidie.
BUBY: ¡Abre, abre y abre! Con un tono horrible.
PAULA: Voy a abrirle que está ya demasiado enfadado.
DIONISIO: Oiga, yo creo que no debería usted abrir.
PAULA: Sí, le voy a abrir. (Abre)
BUBY: ¡Ya está! Mira a Dionisio. ¿Quién eres?
PAULA: Es un malabarista.
BUBY: ¿Puedes hacer una demostración de tu número?
DIONISIO: Ahora mismo, mirad. Tira los sombreros y se caen. Mañana seguiré ensayando, estoy cansado.
BUBY: ¡Ah , bueno! Dirigiéndose a Paula. ¡Nosotros vámonos! (Llaman por teléfono.)
DIONISIO: ¡Vaya! ¡Llaman por teléfono!
PAULA: Debe ser algo urgente a esta hora.
DIONISIO: Debe ser algún niño que se ha desvelado y juega con el teléfono.
BUBY: Ande, cójalo.
DIONISIO: No, vamos a hacerle rabiar.
PAULA: ¿Quiere usted que conteste yo?
DIONISIO: No, no se moleste, contesto yo. Coge el teléfono y contesta –No…no. Cuelga.
BUBY: ¿Quién era?
DIONISIO: Era un viajante, y quería que le diese cinco euros para coger el tren, le he dicho que no.
BUBY: Paula, vámonos a nuestro cuarto.
PAULA: ¿Por qué?
BUBY: Porque lo digo yo.
PAULA: ¿Y quién eres tú?
BUBY: Soy quien tiene derecho a decirte eso. Entra dentro de una vez. Esto no puede seguir así por más tiempo.
PAULA: En medio está Dionisio sin saber qué hacer. ¡Y es verdad, estoy harta de tolerarte groserías, eres un ser insoportable… Te aborrezco…No te puedo ver… No te puedo aguantar!
BUBY: Yo, en cambio, a ti te adoro, Paula… Tú sabes que te adoro y que conmigo no vas a jugar… ¡Tú sabes que te adoro flor de la chirimoya!
PAULA: ¡Y qué! ¿Tú crees que yo puedo enamorarme de un ser tan horrible? No, he sido tu novia por lástima, porque me contabas lo mal que te lo pasaste de pequeño cuando te comían los mosquitos cuando perdiste a tus padres… Pero a ti no te quiero y nunca te podré querer. Para eso querría a este caballero, que es más guapo, más educado, que no me busca con una botella de licor en la mano.
BUBY: Deja de decir tonterías y entra dentro.
PAULA: ¡Verdad que de este personaje no se puede enamorar nadie?
DIONISIO: Si es honrado y trabajador.
BUBY: ¡Entra dentro!
PAULA: ¡No entro! Se sienta. ¡No entro! y ¡No entro!
BUBY: Bueno esperaré a que te canses de hablar con el malabarista. Entra Fanny.
FANNY: ¿Dónde estáis?… ¿Pero ya os habéis peleado otra vez? ¿Y este señor quién es?
PAULA: No sé.
BUBY: Yo tampoco.
DIONISIO: Soy un malabarista y mi padre era tragasables.
FANNY: ¡Cuénteme lo que ha pasado!
DIONISIO: Yo es que cuento las cosas muy mal.
FANNY: Da igual, yo las entenderé bien.
DIONISIO: Pues nada…Es que están un poco disgustadillos… Porque este señor tiene geniecillo y aquí están…
FANNY: Total, que siempre estáis lo mismo. Tú eres tonta, Paula.
PAULA: ¡Pues si soy tonta, mejor!, se va.
FANNY: Tú eres un grosero, Buby.
BUBY: ¡Pues si soy grosero, mejor!, se va.
FANNY: Pues entonces, yo también me voy a marchar…
DIONISIO: Pues si se va usted a marchar, mejor…
FANNY: Cambia de idea y saca un cigarrillo de su bolso. ¿Tiene usted una cerilla?
DIONISIO: ¿Pero usted fuma?
FANNY: Sí, las bailarinas quedamos mejor en las fotos con cigarrillos.
Va a coger la caja de cerillas y distraído le da la bota.
FANNY: ¿Qué es esto?
DIONISIO: ¡Ah! Perdone. Esto es para encender. Las cerillas las tengo aquí. (Enciende una cerilla en la suela de la bota) ¿Ve usted? Se hace así, es más práctico, yo siempre la llevo… ¡Donde esté una bota que se quiten los encendedores!
FANNY: Siéntese aquí.
DIONISIO: ¿También echa usted el humo por la nariz?
FANNY: Sí.
DIONISIO: ¡Qué tía!
FANNY: ¿Qué le parecen a usted esos dos?
DIONISIO: Podrán llegar a ser buena pareja.
FANNY: Le explico, ella no le quiere, pero él sí, ella le ha dado un sitio y con Buby no se puede andar jugando, ahora le va a costar salir de esto. Se fija en un pañuelo que lleva Dionisio en el bolsillo. Es bonito este pañuelo. Lo coge. Para mí. ¿Verdad?
DIONISIO: ¿Está usted acatarrada?
FANNY: No, es que me gusta. Le da un empujón en un sillón y lo sienta. Se incorpora. Oye, tienes unos ojos muy bonitos…
DIONISIO: ¿En dónde?
FANNY: ¡En tu cara, “salao”! Le da otro empujón y lo sienta de nuevo en el sillón.
DIONISIO: Reacciona rabioso. ¡Como me vuelva usted a dar otro empujón, maldita sea, le voy a dar a usted una bofetada, maldita sea, que se va usted a acordar de mí, maldita sea!…
FANNY: ¡Ay hijo!¡Qué genio!, oye ¿y estos sombreros?
DIONISIO: Soy malabarista y trabajo con ellos.
FANNY: Voy a probar. ¡Hoop! Los tira y caen al suelo, los vuelve a tirar entre risas y vuelven a caer al suelo… Dionisio la observa con perplejidad. Toca de nuevo el teléfono. Fanny mira a Dionisio. ¿Quién es? ¿Por qué no contestas?
DIONISIO: Es uno del gobierno y siempre llama para hacer encuestas.
FANNY: Qué pesados, siempre diciendo lo bien que va todo y haciendo preguntas para que le demos la razón ¿verdad?
DIONISIO: Sí, por lo menos… tenemos que decir que son muy pesados.
FANNY: Bueno, ¡Adiós!
DIONISIO: ¡Adiós! ¡Adiós! Con ganas de que se vaya. Pasan por el escenario Beckan (con conejos colgados en la cintura) y Ronaldo, como si fuera la habitación un pasillo y saludan.
BECKAN, RONALDO: ¡Adiós!
DIONISIO: ¡Adiós!
MADAME OLGA: Entra majestuosa. Yo soy Madame Olga…
DIONISIO: ¡Ah!
MADAME OLGA: Ya sé que es usted artista.
DIONISIO: Sí…
MADAME OLGA: Vaya, pues me alegro. Si quiere podemos hablar de un contrato.
DIONISIO: Ya hablaremos mañana, pero prefiero ir por mi cuenta.
MADAME OLGA: Bueno, hasta otro ratito. Sale. Queda dormido Dionisio. Al rato.
FEDE: Don Pedro me ha dejado encargado que vele por su sueño. Se ha dormido a pesar del ajetreo.
BECKAN: Entra hablando con Ronaldo. Si, señor. Hace quince días que los pesqué… pero como estoy siempre tan ocupado… no consigo tener ni cinco minutos libres para comérmelos… Siempre que pesco conejos, me pasa igual.
FEDE: Por favor, silencio. Esta es la habitación de este señor, mañana se va a casar y necesita dormir.
RONALDO: Con una pelota bajo el brazo. ¡Vale!, hablaremos despacio. Pues… una vecina mía tiene un vestido parecido al suyo. Solamente que en lugar de llevar colgados esos bichos, lleva plátanos. Hace más bonito…
BECKAN: Yo no consigo pescar nunca plátanos. Sólo consigo pescar estos mamíferos peludos.
RONALDO: Pero, esos animales… ¿Se cazan o se pescan?
BECKAN: Eso depende de si coges el arpón o la escopeta.
RONALDO: ¡Ah! ¿Y no le molestan a usted para ir por ahí?
BECKAN: Atrozmente, amigo, Con su permiso, voy a tirar uno al suelo… Así se dispone a hacerlo pero…
FEDE: Déjemelo a mí, lo llevaré a la cocina.
BECKAN: Y usted, ¿Dónde va con ese balón?
RONALDO: Lo llevo porque cuando sale el tema del fútbol, y discutimos sobre alguna jugada, cojo la pelota y demuestro jugando lo que digo.
BECKAN: ¡Tiene que jugar con mucha frecuencia!
RONALDO: A diario. Si no me sacan el tema del fútbol, lo saco yo.
BECKAN: De paso jugará ya un partido completo. ¿No…?
RONALDO: Depende de si hay una placita adecuada cerca.
BECKAN: ¿Y si llueve?
RONALDO: La demostración la hago en un pasillo del piso en el que hablemos.
BECKAN: Si me acompaña en mi próxima salida cinegética a la Plaza de Abastos más cercana, podemos ahora hablar del penalti no pitado en el último encuentro de la Copa del Mundo.
RONALDO: Le demostraré al instante que fue penalti…Salen y hace un movimiento con la pelota como imitando la jugada. Entra Madame Olga.
MADAME OLGA: Buenas noches o buenos días tengan los señores.
FEDE: Siéntese señora. Está en su casa. Se sienta.
MADAME OLGA: Me encanta el trato tan educado de esta casa. Sepan ustedes que yo soy una gran artista. Me he exhibido en todos los circos de todas las ciudades … Junto al viejo oso… Junto a los niños descoyuntados… Junto a malabaristas temerarios… Junto a la cabra triste… Junto al mono alegre…¡Yo soy una gran artista…!
FEDE: Sí, señora… Pero ¿por qué no lleva usted ropas más modernas?
MADAME OLGA: Mi marido, monsieur Durand, no me lo hubiese consentido nunca… Mi marido era un hombre muy bueno, pero con unas ideas muy antiguas… ¡Él no pudo resistir nunca a esas mujeres que se visten, a diario, con ropas atrevidas y colores metálicos. Siempre me decía el pobre: ¡Esas mujeres trasladan el circo a la calle! Y como usted comprenderá, la vida nunca debería ser un circo.
FEDE: Lleva razón, pero algunos se encargan de que lo parezca, si no, vea cómo vemos por la calle a dos o tres en una moto…, cómo algunos niños saltan las vayas de los colegios para jugar dentro…, cómo otros llevan las caras y el cuerpo llenos de tatuajes, pink y otros adornos destellantes…, Aunque, cambiando de tema. Su marido ¿también era artista?
MADAME OLGA: ¡Oh, él tuvo la gran suerte de tener cabeza de vaca y cola de cocodrilo…! Ganó una fortuna… Ahora la disfruto yo y por eso le tengo estas consideraciones. ¡Es bien nacido, el que es agradecido!
FEDE: Bueno, vayamos fuera que vamos a despertar a Dionisio. Salen todos. Entra Paula.
PAULA: ¡Dionisio! ¿Qué hace usted?
DIONISIO: Restregándose los ojos. Estaba ahí hablando con uno del gobierno, ya sabe lo de las encuestas. ¡Adiós, buenas noches!
PAULA: ¡Venga usted, Dionisio! Entra Buby.
BUBY: Ven, tengo que decirte algo.
DIONISIO: Bien, aprovecho para ir a afeitarme. Sale.
PAULA: ¿Algo?
BUBY: Asegurándose de que no lo oyen. Mira, debemos todo y necesitamos dinero esta misma noche, si no conseguimos ese dinero, todo está perdido…
PAULA: Pero él es un compañero… él trabajará con nosotros.
BUBY: ¡Y qué importa eso! Hay que conseguir el dinero. Comprendo que ha sido mala suerte , después de lo bien preparado que estaba… ¡Encontrarnos con un malabarista sin lastre, en lugar de ser un viajero gordo con dinero en la cartera!
PAULA: Esto que hacemos no es nada divertido.
BUBY: No, francamente, no es del todo divertido. ¿Verdad? ¡Pero qué vamos a hacer! Pero ni yo bailo bien, ni vosotras sois buenas bailarinas. Pero no queréis trabajar en otra cosa. El teatro y el circo son lindos, hay libertad para todo, los padres se han quedado en casa, no hay que estudiar ni que hacer exámenes, ni levantarse temprano para ir a trabajar, pero se necesita ser un número uno para ganar dinero en esto, hay que ser de lo mejor. Sin embargo queréis vivir muy bien, por eso para vivir con joyas, vestidos, y restaurantes de primera hay que hacer esto.
PAULA: ¡Pero él no es un gordo señor! Y ya estoy cansada de ir engañando a todos fingiendo que me persigues y favoreciendo que se compadezcan de mí, y así me den unos billetes, y que después no se atrevan a pedirlos por temor a que hablemos y se enteren todos sus amigos y familiares.
BUBY: Mirando hacia la puerta. ¡Calla! Sale y entra Dionisio.
DIONISIO:¿Está usted llorando?
PAULA: No lloro.
DIONISIO: ¿Está triste por lo que le ha dicho ese señor? ¿Ha reñido otra vez con él? ¿Le ha pegado? Si ha sido así ahora lo denunciamos y no se le ocurrirá hacerlo más.
PAULA: Es preciso que seamos buenos amigos… ¡Si supiese lo contenta que estoy desde que le conozco! Me encontraba tan sola… Pero usted no es como los demás…Con los demás tengo muchas veces miedo. Con usted no. La gente es mala… los compañeros no son como deberían ser, pero tengo que vivir con esta gente para poder seguir llevando la vida a la que me he acostumbrado, pulseras, viajes, ropas de marca… Es preciso que seamos buenos amigos.
DIONISIO: Bueno, pero un ratito nada más.
PAULA: No, siempre, yo no quiero tener que separarme de ti. Quiero ser tu “partenaire” para tu número… ¡Oh! Así podríamos estar más tiempo juntos. Yo aprendería a hacer malabarismos, a jugar también con los tres sombreros de copa.
DIONISIO: Pero, yo no necesito “partenaire”
PAULA: ¡No importa! Mira…Por la mañana iremos a la playa, daremos paseos ¡Los dos solos! ¡Hasta la noche no hay función! Almorzaremos juntos cangrejos. Te enseñaré a mondar bien las patas de cangrejo. Jugaremos con la arena ¡Sería maravilloso! Yo sé hacer castillitos y un puente con un ojo en el centro por donde pasa el agua… ¡Y sé hacer un volcán! Se meten papeles dentro de una montaña de arena y se queman, ¡y sale humo!
DIONISIO: Pues yo sé hacer castillos con jardín. Les pongo árboles, una fuente en medio y una escalera con peldaños.
PAULA: ¿Una escalera de arena? ¡Oh, eres maravilloso! Yo no la sé hacer.
DIONISIO: Yo sí, también sé hacer un barco y un tren…¡Y figuras! También sé hacer un león…
PAULA: ¡Qué bien! Sabía que eras distinto, ninguno de esos señores que se ven por ahí, ni Buby, saben hacer con arena ni volcanes, ni leones…¡Ellos no saben jugar! ¿Iremos mañana?
DIONISIO: ¿Mañana?
PAULA: ¡Mañana!
DIONISIO: No.
PAULA: ¿Por qué?
DIONISIO: Porque no puedo.
PAULA: ¿Tienes que ensayar?
DIONISIO: No.
PAULA: Entonces, entonces, ¿Qué tienes que hacer? ¡Lo dejas para otro día!
DIONISIO: No. Es muy importante lo que tengo que hacer… tengo que hacer, tengo que hacer…
PAULA: ¿Negocios?
DIONISIO: Negocios, sí…, eso…, negocios.
PAULA: Novia no tendrás tú ¿Verdad…?
DIONISIO: No; novia, no.
PAULA: Es mejor no tener novia, sólo una amiga. Una amiga como yo. Casarse es ridículo. ¡Tan tiesos! ¡Tan pálidos! ¿Tú piensas casarte alguna vez?
DIONISIO: Regular.
PAULA: No te cases nunca…Es mejor así… así estás más guapo… Si te casas, engordas y ya no podremos ser amigos e ir a la playa también a bañarnos. ¿Sabes nadar?
DIONISIO: Sí, sé nadar muy bien, hacer el muerto y bucear.
PAULA: Yo hago la carpa y en el trampolín sé hacer el ángel…
DIONISIO: Y yo cojo del fondo un céntimo con la boca. Entran Madame Olga, Buby, Fanny, Fede, Bekcan y Ronaldo.
FANNY: ¡Paula! ¡Paula! ¡Hemos decidido irnos todos los del hotel al puerto! Salen. Buby queda espiando.
PAULA: Alegre. ¡Vámonos Dionisio!
DIONISIO: ¿Qué hora es?
PAULA: Cerca de las ocho…
DIONISIO: ¿Cerca de las ocho? … No puede ser… ¡Las ocho, son cerca de las ocho!
PAULA: Pero ¿Qué tienes, Dionisio? ¿ Por qué estás así? ¡Vamos con ellos!
DIONISIO. No. No voy.
PAULA: ¿Por qué?
DIONISIO: Porque estoy enfermo, me duele mucho la cabeza, he dormido poco, esto es absurdo, quiero estar sólo… Necesito estar sólo.
PAULA: Se acerca a Dionisio. Yo no voy si no es contigo, me quedo también yo, aquí…, junto a ti… Se acerca como para darle un beso y…Se acerca Buby y le da un empujón y tumba a Paula. Queda inconsciente en el suelo y Buby huye. Dionisio va de un lado a otro sin saber qué hacer, toca el teléfono.
DIONISIO: ¿Qué es esto? ¿Qué es esto? ¡Dios mío, no es posible! Toma el auricular y habla. ¿Quién? Sí… Soy yo… No… No me ha pasado nada… ¿Te has asustado porque no contestaba…? Es que me dolía la cabeza y salí a dar un paseo… ¿Qué viene tu padre?… ¿Para qué?… Si no pasa nada, no ocurre nada… Llaman a la puerta… Sí… Debe ser tu padre… Sí…. Va nerviosamente a la puerta y rompe el cordón. Intenta arreglarlo. No puede. Se desconcierta aún más.
DON CUSTODIO: ¡Dionisio! ¡Dionisio! Dionisio corre hacia la puerta, vuelve hacia Paula, la oculta tras la cama, se arrodilla junto a ella. Pone el oído en el pecho de Paula. ¡Dionisio! ¡Dionisio! ¡Abra! ¡Soy yo Don Custodio! ¡Soy yo Don Custodio! ¡Soy yo Don Custodio!
DIONISIO: Ya voy… Sí… Ya voy… Abre.
DON CUSTODIO: Visiblemente alterado. ¡Dionisio! ¡Mi niña está triste! ¡Mi niña, llamó por teléfono! ¡Mi niña llora! ¡Mi niña pensó que se había muerto! ¡Mi niña está pálida…! ¿Por qué martiriza usted a mi pobre niña?
DIONISIO: Salí a la calle, me dolía mucho la cabeza y salí a la calle. No podía dormir…. Di dos o tres vueltas… Por eso no la he oído… ¡Pobre Carlota!… ¡Cómo habrá sufrido!
DON CUSTODIO: Las personas decentes no salen de noche para pasear por las calles.
DIONISIO: ¡Pero es que me dolía mucho la cabeza!
DON CUSTODIO: Las personas decentes buscan otras soluciones para el dolor de cabeza. Desde tomarse unos comprimidos de la farmacia hasta colocarse dos patatas en las sienes.
DIONISIO: Pero yo no disponía de nada de ello.
DON CUSTODIO: Las personas decentes deben procurar ir prevenidas y no faltarles un botiquín con los primeros auxilios. ¿Tiene usted botiquín?
DIONISIO: No, señor.
DON CUSTODIO: ¿Lo está usted viendo? … Cuando usted se case con mi niña, no podrá ser tan desordenado en el vivir. ¿Por qué está así este cuarto? ¿ Por qué hay lana por el suelo, y papeles, y latas de sardinas vacías? ¿Qué hace aquí esta flauta? Se queda con ella distraído y la hará sonar de vez en cuando.
DIONISIO: Los cuartos de los hoteles modestos son así.
DON CUSTODIO: Yo no he estado nunca en ningún hotel. Lo único que hay en los hoteles son turistas, estafadores, traficantes y vampiresas. Las personas decentes van a los hoteles sólo en vacaciones, el resto del tiempo están en sus casas rodeadas de retratos de su familia. ¿Dónde están los retratos de su familia?
DIONISIO: No los he traído, sólo pensaba estar aquí una noche.
DON CUSTODIO: Usted debía haber traído retratos de sus abuelos, de sus padres, de sus bodas, de la mili, del colegio, de bautizos, de comuniones, de cumpleaños.
DIONISIO: Pero, pero es que no quería que se me perdieran.
DON CUSTODIO: Pero al menos tenía que haber traído alguna lámina del cuadro de las lanzas, o del entierro del Conde Orgaz o al menos de Napoleón. Qué gran hombre Napoleón. ¿Verdad?
DIONISIO: Sí, era muy belicoso… ¿ Era ese que siempre llevaba la mano así?
DON CUSTODIO: Imitando la postura. Efectivamente, llevaba siempre así la mano.
DIONISIO: Debía ser difícil. ¿Verdad?
DON CUSTODIO: ¡Sólo un hombre como él podía llevar la mano así!
DIONISIO: Y la otra la llevaba así…
DON CUSTODIO: ¡Qué hombre! Pausa admirativa, haciendo los dos de Napoleón.
Usted tendrá que ser ordenado. Usted no podrá salir por las noches porque le duela la cabeza. Usted tendrá que levantarse a las seis de la mañana y tomar de desayuno huevos fritos con chorizo.
DIONISIO: Pero es que a mí me gustan más pasados por agua. ¿Podrían hacer la excepción conmigo?
DON CUSTODIO: No sé, no sé. Lo tendremos que consultar a mi señora. Si ella lo permite, yo no tendré inconveniente alguno. ¡Pero mi señora no admite caprichos!
DIONISIO: ¡Pero que voy a hacer yo si no me gustan los huevos fritos!
DON CUSTODIO: Y después de la cena, nada de tele, ni de teatros, ni de cines, ni de salidas nocturnas. Bueno, después de la cena, los jueves y los sábados haremos una pequeña juerga. No le funciona la flauta y queda muy preocupado. Dionisio se la coge y se la arregla.
DIONISIO: Es así. Se la vuelve a dar y la sigue tocando de vez en cuando.
DON CUSTODIO: Pues sí, la niña tocará en el piano los jueves y los sábados. Tendremos algunas veces visitas, como la del señor Alfonso… Usted se hará muy pronto su amigo… Es una persona muy conocida. Su foto ha aparecido en todos los periódicos y televisiones… Es el centenario más famoso de la localidad. Acaba de cumplir cien años y todavía come con sus propios dientes. Usted se pasará hablando con él toda la noche. También irá su señora.
DIONISIO: ¿Y cuántos dientes tiene su señora?
DON CUSTODIO: Ella no tiene ninguno. Los perdió todos cuando se cayó de aquella escalera y quedó paralítica sin poder levantarse de una silla de ruedas… ¡Usted pasará unos ratos magníficoas con este matrimonio encantador!
DIONISIO: Pero ¿y si se mueren cuando esté hablando con ellos? ¿Qué haremos?
DON CUSTODIO: Los centenarios no se mueren nunca. Pero…¿a qué huele este cuarto?
DIONISIO: Se habrán dejado abierta la puerta de la cocina.
DON CUSTODIO: No, es como si un cuerpo humano se estuviera descomponiendo.
DIONISIO: Aparte. Aterrado. ¡Dios mío, ella se ha muerto!
DON CUSTODIO: ¡En este cuarto hay un cadáver! ¿Tiene usted algún cadáver?
DIONISIO: En los hoteles modestos puede haber cadáveres.
DON CUSTODIO: Mira debajo de la sábana. ¡Mira, aquí están los cadáveres de dos conejos!… En mi casa no podrá tener cadáveres de animales en la cama, ni muertos ni vivos.
DIONISIO: Eso no son conejos, son ratones.
DON CUSTODIO: ¡Vaya qué ratones más grandes hay en estos hoteles!
DIONISIO: Cuando llegamos al hotel, nos dan una escopeta para que los tengamos controlados.
DON CUSTODIO: Y esta etiqueta donde pone 3.5 ¿para qué se la ponen?
DIONISIO: No es 3.5. Es 350. Como hay tantos, el dueño los tiene numerados y hace concursos. Si matas 12, te da una plancha; si matas 3, te da un llavero…
DON CUSTODIO: ¿Y qué piensa hacer con estos ratones? Si no los quiere me los puedo llevar.
DIONISIO: Se los envuelvo. Los envuelve y se los da
DON CUSTODIO: Muchas gracias. Se los daré a mis sobrinos. Ahora me voy a consolar a mi hija que aún estará desmayada. Dentro de un rato vendrá el coche a buscarlo para ir a la iglesia. Tendrá que esperar a la novia. Esté preparado. ¡Qué ilusión! ¡Dentro de unas horas usted será esposo de mi Carlota!
DIONISIO: ¿Y la flauta? ¿Se la lleva también a sus sobrinitos?
DON CUSTODIO: No, la flauta es para mí. Se va. Dionisio lo acompaña hasta la puerta.Cuando vuelve la cara ve a Paula que se incorpora.
PAULA: ¡Oh! ¿Por qué me ocultaste que te casabas? No eres ni siquiera un malabarista. Me voy a mi habitación.
DIONISIO: Pero tú estabas herida… ¿Qué te hizo Buby?
PAULA: Me dio un empujón brutal, y perdí el conocimiento unos momentos al darme con el suelo. Me voy a mi habitación.
DIONISIO: No.
PAULA: ¿Por qué?
DIONISIO: Esta es más amplia y tiene mejores vistas.
PAULA: ¿Por qué no me dijiste que te casabas?
DIONISIO: Tenía el presentimiento que no me debía casar tan joven. Ahora veo que no estaba equivocado… Me casaba por aburrimiento de estar en un pueblo pequeñito… Ahora veo que mi alegría es comer cangrejos en la playa y hacer volcanes en el mar. Ella no sabe nadar, sólo toca el piano y hacer tartas de manzana. Yo no sabía que había mujeres como tú, que le palpitan los labios al sonreír. Ya no me caso. Yo no puedo tomar huevos fritos por la mañana…
PAULA: Ya te ha dicho que los tomarás pasados por agua. Y tú eres un chico maravilloso que merece casarse.
DIONISIO: No, no quiero casarme. Quiero irme contigo muy lejos. Nos iremos a un pueblo cerca de Londres. La gente de Londres habla inglés porque tienen mucho dinero para aprender inglés. Pero la gente de los pueblos de Londres son como las de todos los pueblos y hablan como nosotros.
PAULA: Eso es imposible. Tendríamos que vivir de algo y sería la vida muy dura. Oye ¿tienes alguna foto de tu novia?
DIONISIO: Sí, aquí la tienes.
PAULA: ¡Tiene demasiados lunares, y los ojos son tristes!
DIONISIO: Doce lunares, esto de aquí es otro. En otra foto está vestida de sevillana y ha salido mejor. Está de perfil y sólo se le ven seis lunares.
PAULA: ¡Qué alegría, casarse! Tuve una amiga que también se casó, y cuando paso por su pueblo la visito y me mido en la pared de su comedor. ¡Dionisio, aún estoy creciendo…! ¡Es encantador estar creciendo todavía…! Porque cuando ya no crezca más, esto indicará que soy vieja y qué hacen las chicas como yo cuando son viejas……… Entra Don Pedro.
DON PEDRO: ¡Son las diez, Don Dionisio! ¡Ya es hora de que se arregle! ¡El coche no tardará!
Dionisio no se inmuta.
PAULA: Son ya las diez, Dionisio. Ya te tienes que vestir.
DIONISIO: No quiero. Estoy cansado.
DON PEDRO: Te prepararemos todo, agua… toallas… colonia… ¡Venga a prepararte, Dionisio!
DIONISIO: Me voy a constipar. Tengo mucho frío.
PAULA: ¡Vamos, rápido! ¡Mójate la cabeza y entrarás en reacción! Se lava y se viste detrás del biombo. Voy a por un sombrero que esté mejor que los que hay aquí.
DON PEDRO: ¡Dése prisa en terminar! ¡Tengo todo preparado! ¡Está el pasillo adornado de flores y cadenetas! ¡El personal tiene preparado arroz y confetti!
DIONISIO: Pero ¿Por qué ha dispuesto usted todo esto…?
DON PEDRO: No se apure Don Dionisio. Lo mismo hubiera hecho con aquel niño mío que se ahogó en un pozo… He invitado a todo el barrio y todos esperan en el portal. ¡Jóvenes y viejos! ¡Mujeres y niños! ¡Todos esperan! ¡Dése prisa!
Entran todos y despiden a Dionisio tirándole arroz y pétalos mientras gritan…
TODOS: ¡¡Viva el novio!! ¡¡Viva el novio!! ¡¡Viva el novio!! ¡¡Viva el novio!! ¡¡Viva el novio!!

Cuando la gente esté aplaudiendo, nos ponemos todos en fila y decimos a la vez: GRACIAS. GRACIAS. GRACIAS.

En Lora del Río a 21 de Octubre de 2.005

El coordinador: José María Rodríguez Sorroche.

PROYECTO DEL TALLER DE TEATRO:
“EL MERCEDARIO”
NIVELES EDUCATIVOS DEL ELENCO: 2º y 6º de Primaria, y 1º y 2º de la ESO.
OBJETIVOS: Comprensión y expresión oral y escrita.
Desarrollar la atención.
Vencer el miedo a enfrentarse al público.
Aumentar la autoestima.
Cultivar la capacidad de control.
Favorecer el afianzamiento de los valores de la disciplina y el esfuerzo.
ACTIVIDAD: Representación de la siguiente obra de teatro.
Título de la obra de teatro: “TRES SOMBREROS DE COPA”
Autor: El padre de alumno José María Rodríguez Sorroche, adapta la comedia de Miguel Mihura del mismo nombre.
Argumento:
Un joven de provincias se hospeda en su hotel habitual la noche anterior a su boda. Se convierte en objetivo de la estafa de un grupo de artistas. Las vivencias de esa noche le permiten adquirir unos puntos de vista que acaban perturbando sus convicciones.
Las peculiaridades de cada personaje, en contraste con la timidez del protagonista, nos hacen participar de sentimientos muy diversos, en medio del tono general cómico y absurdo de la obra.
Fecha del inicio y periodicidad de los ensayos: Una hora semanal desde el miércoles, 26 de octubre de 2.005 hasta la fecha del estreno, de 17 a 18 horas.
Fecha del Estreno: Día: Viernes, 23 de Junio, a las 10:45 horas, después de la Eucaristía. Escenario: Patio del Centro.
Fecha del Reestreno: Día: Lunes 26 de Junio a las 22:00 horas. Escenario: Auditorio Municipal (Escuelas Nuevas de Ramón y Cajal)
Elenco: Manuel Rodríguez Rodríguez………BECKAN………… 2º de Primaria.
Nacho Valverde Ortiz …………….RONALDO………. “ “ “
Angela Bermúdez Lahoz…………..FEDE…………….. 6º “ “
Ángela García Hernández…………MADAME OLGA.. “ “ “
Ana María Rodríguez Rodríguez…PAULA…….…….. 1º de ESO.
Setefilla Rodríguez Martín.………..FANNY………….. 5º de Primaria
Antonio Lira Garcés………………..D. PEDRO……….. 2º de ESO.
José María Rodríguez Rodríguez…DIONISIO……….. “ “ “
Francisco José Baena Liñán……….DON CUSTODIO.. “ “ “
y BUBY.
Maquillaje y vestuario (figurinistas): Las madres respectivas.
Atrezzo o utillería: Aportada por cada personaje: (biombo, cama, sillas, sillón, mesita de noche, teléfono, campanita, flauta, mesa, balón, conejos de peluche, arroz, pétalos…)
Equipo de Escenografía y Decorado: Todo el elenco.
Coordinador y apuntador: El padre de alumno José María Rodríguez Sorroche.
Lora del Río a 21 de Junio de 2.006.

Colegio Nuestra Señora de las Mercedes.
Lora del Río (Sevilla)
MEMORIA DEL TALLER DE TEATRO:
“EL MERCEDARIO”
Hemos representado la obra prevista, cumpliendo los objetivos programados. Resumimos los aspectos fundamentales del taller.
NIVELES EDUCATIVOS DEL ELENCO:
Alumnos de 2º, 5º, 6º de Primaria, 1º y 2º ESO
Título de la obra de teatro: “TRES SOMBREROS DE COPA”
Autor: El padre de alumno José María Rodríguez Sorroche, adapta la comedia de Miguel Mihura del mismo nombre.
Argumento:
Un joven de provincias se hospeda en su hotel habitual la noche anterior a su boda. Se convierte en objetivo de la estafa de un grupo de artistas. Las vivencias de esa noche le permiten adquirir unos puntos de vista que acaban perturbando sus convicciones.
Las peculiaridades de cada personaje, en contraste con la timidez del protagonista, nos hacen participar de sentimientos muy diversos, en medio del tono general cómico y absurdo de la obra.
Fecha del inicio y periodicidad de los ensayos: Una hora semanal desde el miércoles, 26 de octubre de 2.005 hasta el 21 de junio de 2.006, de 17 a 18 horas.
Fecha del Estreno: Día: Viernes, 23 de Junio, a las 10:45 horas, después de la Eucaristía. Escenario: Patio del Centro.
Fecha del Reestreno: Día: Lunes 26 de Junio a las 22:00 horas. Escenario: Auditorio Municipal (Escuelas Nuevas de Ramón y Cajal)
Elenco: Manuel Rodríguez Rodríguez………BECKAN………… 2º de Primaria.
Nacho Valverde Ortiz …………….RONALDO………. “ “ “
Angela Bermúdez Lahoz…………..FEDE…………….. 6º “ “
Ángela García Hernández…………MADAME OLGA.. “ “ “
Ana María Rodríguez Rodríguez…PAULA…….…….. 1º de ESO.
Setefilla Rodríguez Martín.………..FANNY………….. 5º de Primaria
Antonio Lira Garcés………………..D. PEDRO……….. 2º de ESO.
José María Rodríguez Rodríguez…DIONISIO……….. “ “ “
Francisco José Baena Liñán……….DON CUSTODIO.. “ “ “
José María Rodríguez Sorroche……BUBY……………. Padre alumno
Maquillaje y vestuario (figurinistas): Las madres respectivas.
Atrezzo o utillería: Cama, silla, sillón, mesita, teclado, teléfono, campanita, flauta, conejos de peluche, papelillos, serpentinas, sombrerero, sombreros de copa, botella de licor, balón, sábanas, marco con foto, cerillas…
Equipo de Escenografía y Decorado: Todo el elenco.
Coordinador y apuntador: El padre de alumno José María Rodríguez Sorroche.
Continuación de la actividad: Mayoritariamente, nuestro deseo es continuar el curso próximo con el taller.
Lora del Río a 27 de Junio de 2.006.